Semana Santa 2013: La Pasión de Cristo, bajo la lupa de la historia
Un hombre pasa junto a un mural de la crucifixión de Cristo en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en 2010 - efe

Semana Santa 2013: La Pasión de Cristo, bajo la lupa de la historia

La muerte en la cruz es el hecho mejor atestiguado de la biografía de Jesús de Nazareth

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«Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado». Ningún historiador serio duda hoy de la veracidad de la muerte de Jesucristo que recogen los cuatro evangelios y mencionan textos de autores no cristianos como el historiador judío Flavio Josefo que afirmó en sus escritos a finales del siglo I que Pilato «lo condenó en la cruz» (Antigüedades Judías 18,63) o el romano Tácito que informa poco después en sus Anales que «había sido condenado a la pena capital por orden de Poncio Pilato durante el principado de Tiberio».

«La muerte en cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús», señala Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca. También el Talmud se encuentran noticias más tardías sobre la crucifixión, aunque en la obra sobre leyes, tradiciones, costumbres, historias y leyendas judías se perciba una cierta vacilación sobre el modo en murió Jesús «pues se dice que fue "colgado" después de que un heraldo anunciara que iba a ser "apedreado" (bSanh.43ª-b)», añade el biblista.

El catedrático de Filología griega de la Universidad Complutense Antonio Piñero secunda esta opinión en el libro «La verdadera historia de la Pasión, según la Investigación y el Estudio Histórico» (Edaf): «No conozco comentarista serio alguno que niegue la historicidad de la crucifixión de Jesús, puesto que fue algo terrible para los seguidores de Jesús, a los que planteó innúmeras dificultades teológicas». La crucifixión era la muerte más denigrante, un tormento especialmente cruel del que no estaba bien visto ni hablar. No podía haber sido una invención de los primeros cristianos por ser un hecho «humillante» del que los primeros apóstoles no salían bien parados por haber abandonado a Jesús.

¿Qué ocurrió para que los seguidores de Jesús que habían emprendido el camino de vuelta a sus hogares volvieran a Jerusalén a dar testimonio de lo visto y vivido y los que se habían ocultado durante el proceso y la ejecución de su maestro perdieran el temor a hablar? La Resurrección no pertenece al ámbito de la historia, pero sí hubo un cambio de actitud en sus discípulos, una transformación que «no se puede explicar fácilmente desde el punto de vista histórico si no es desde un acontecimiento verdaderamente extraordinario» destaca Guijarro a ABC. Según ellos dijeron, Jesús había resucitado. A la luz de quienes creyeron en la Resurrección se escribieron los primeros relatos sobre la Pasión de Cristo.

«Durante el periodo inicial los discípulos de Jesús no sintieron la necesidad de poner por escrito lo que estaban viviendo (...) Solo cuando habían desaparecido aquellos que habían sido testigos de la vida de Jesús o cuando las comunidades sintieron la necesidad de conocer sus orígenes comenzaron los discípulos a escribir sus recuerdos», explica Guijarro. Los historiadores coinciden en señalar que existió una narración previa al primero de los evangelios, el de Marcos, que de confirmarse su existencia sería junto con el denominado Documento Q la narración más antigua. Marcos incorporó este relato en sus escritos hacia el año 70 d.C. y en él se inspirarían después Mateo y Lucas. También Juan se habría basado en este relato previo que recordaba los últimos días de Jesús puesto que coincide esencialmente en esta parte de su evangelio con los otros tres, los llamados sinópticos. La visión teológica de cada uno impregna su narración, empedrando el texto con alusiones a las Escrituras y añadiendo simbología para explicar el mensaje que querían transmitir.

«Para empezar, todo el proceso del arresto, juicio, condena y ejecución de Jesús tuvo que haber durado varios días. Es imposible meter en 12 horas todos los acontecimientos narrados en los evangelios. Los relatos han sintetizado en pocas horas un proceso mucho más complejo», según señala el profesor jesuita Juan Manuel Martín-Moreno en un curso impartido en la Universidad Comillas de Madrid para la licenciatura en teología bíblica. De la misma opinión es el profesor Antonio Piñero, que sitúa como más verosímil que la entrada de Jesús en Jerusalén se produjera en septiembre durante la Fiesta de los Tabernáculos donde eran típicas las palmas y el relato condense lo sucedido en varios meses.

Guijarro difiere: «Precisamente el problema que plantean los relatos de la pasión es que se alargue tanto lo que, desde un punto de vista histórico, podría haber sido una condena mucho más rápida y mucho menos formal».

Coherencias con la historia

Para el catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, «la mayoría de los detalles que aparecen en el relato de la pasión son coherentes con las noticias más seguras», como por ejemplo la tablilla de la cruz con el cargo contra Jesús. «Parece histórico a todas luces», coincide Martín-Moreno, porque «"Rey de los judíos" no es un título que los cristianos dieran nunca a Jesús y por eso los cristianos nunca lo habrían inventado».

También parece «muy verosímil» para Guijarro la oposición de las autoridades del templo, «pues el motivo de la condena fue una palabra suya en contra del templo (Mc 14,58)» o la comparecencia ante Pilato, necesaria para ejecutar la pena capital. Resulta a su juicio «muy probable» que «Jesús previera un desenlace violento y quisiera despedirse de sus discípulos dejándoles su testamento espiritual en el rito de la entrega del pan y del vino». ¿Por qué no existe mención en la Última Cena del cordero pascual? «Los evangelios dicen explícitamente que esta última comida de Jesús con sus discípulos coincidió con la cena pascual, pero no están interesados en describir el ritual de dicha cena. Su interés se centra en los gestos nuevos que Jesús realiza en ellos: la entrega del pan y del vino en los evangelios sinópticos y el gesto de lavar los pies a los discípulos en el Evangelio según Juan», responde Guijarro.

El beso de Judas «era el primer episodio del primitivo relato de la pasión», destaca el catedrático de NT, para quien la negación de Pedro también tiene visos de ser histórica «pues va en contra del papel y la valoración que acompañó a la figura de Pedro en la iglesia antigua», algo en lo que coincide con Piñero. El exdirector de la Casa de la Biblia de Madrid aprecia, sin embargo, «otro tipo de valor histórico» en la oración en Getsemaní porque representa la forma habitual de rezar de Jesús, que se dirigía a Dios como su «abbá» (papá). El relato «recoge estas diversas oraciones y la actitud de Jesús ante su muerte», considera.

Algunos autores encuentran diferencias de procedimiento entre el juicio judío que se describe en los evangelios y las prescripciones de la Misná, aunque el teólogo de la Universidad Pontificia de Salamanca subraya que ésta «es muy posterior a Jesús (comienzos del siglo III)». «En tiempos de Jesús los procedimientos procesales eran muy cambiantes, de modo que resulta muy difícil saber cómo eran exactamente los "juicios" del Sanedrín». En todo caso, añade, la acusación de haber hablado en contra del templo habría sido percibida por la clase sacerdotal como una amenaza.

Detalles legendarios

Guijarro admite, sin embargo, que «al relato de la Pasión se le fueron añadiendo detalles que encajan muy bien en la historia, pero tienen un tono legendario, como el sueño de la mujer de Pilato o el gesto de lavarse las manos que él realiza». Solo aparecen en el evangelio según Mateo y pretenden expresar plásticamente que Jesús era inocente y fue condenado injustamente.

La liberación de Barrabás constituye un punto de discusión. Es muy probable que el personaje fuera histórico. «Las revueltas en tiempos de Jesús eran comunes y el recuerdo de algunos de los sediciosos permanecía en el pueblo», apunta Guijarro. Se duda, sin embargo, de si existía la costumbre de liberar a un preso por Pascua como testimonian Marcos, Mateo y Juan. Según R.E. Brown, autor de «La muerte del Mesías», «la falta de otros testimonios contemporáneos hace que no podamos estar seguros de si existía esa costumbre».

Simón de Cirene, el hombre que ayuda a Jesús a llevar la cruz camino del Gólgota, «y sus hijos Alejandro y Rufo eran bien conocidos en los grupos de discípulos de la primera generación (Mc 15,21)», recuerda Santiago Guijarro.

Existen diferencias sobre si fue histórica la escena de las mujeres junto al discípulo amado a los pies de la cruz porque apenas ha llegado a nuestros días información sobre este tipo de detalles. Flavio Josefo habría identificado a un pariente suyo entre los miles de crucificados judíos que Tito mandó matar tras la destrucción de Jerusalén y pidió al emperador que lo bajaran de la cruz, por lo que podría ser verosímil que algunos parientes de Jesús, entre ellos su madre, estuvieran cerca durante su agonía.

Los detalles sobre que «echaron a suerte su túnica...», que aluden al cumplimiento de las Escrituras habrían sido añadidos al relato, así como los acontecimientos telúricos tras la muerte de Jesús («se rasgó el velo del templo», «la tierra tembló»...).

«Es muy importante tener presente que los relatos de la Pasión no pretenden hacer solo una crónica de lo sucedido, sino que también intentan explicar su significado», advierte Guijarro.

Benedicto XVI se refirió en «Jesús de Nazareth. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección» (Ediciones Encuentro) a las discrepancias entre los historiadores en algunos puntos recordando que «una investigación histórica siempre puede llegar solo a un alto grado de probabilidad, no a una certeza definitiva y absoluta sobre todos los detalles».

Para el ahora Papa emérito, «solo un acontecimiento con una fuerza sobrecogedora» podía haber suscitado el cambio del sábado por el domingo como día principal de la semana a los seguidores de Jesús. «Para mí, la celebración del Día del Señor, que distingue a la comunidad cristiana desde el principio, es una de las pruebas más fuertes de que ha sucedido una cosa extraordinaria en ese día: el descubrimiento del sepulcro vacío y el encuentro con el resucitado», confesó en el libro.