Los «grandes electores» del cónclave
El cardenal español Antonio María Rouco Varela es uno de los grandes electores - reuters
el relevo de benedicto xvi

Los «grandes electores» del cónclave

Su influencia puede ser decisiva en la elección del Papa

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Los cardenales no tienen prisa para celebrar el cónclave. Las frases que más han repetido estos días es que quieren conocerse mejor. Es probable que estemos ante una situación similar a la de 1978 cuando no había un claro favorito. Entonces un desconocido Karol Wojtyla se convirtió en Papa. Fue el arzobispo de Viena, el cardenal Franz König, quien presentó al joven arzobispo de Cracovia como posible sucesor de Juan Pablo I. Entonces y también ahora la influencia de los cardenales «grandes electores» puede ser decisiva para resolver partidas difíciles.

Uno de estos «kingmakers» —se los denomina así en referencia al papel determinante que tuvo el Conde de Warwick en la deposición del rey Enrique VI y su reemplazo por Eduardo IV durante la Guerra de las Dos Rosas en Inglaterra— es el exsecretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone. Muchos cardenales le deben la púrpura. Bertone lleva en la curia vaticana desde 1995 cuando Juan Pablo II lo nombró «número dos» de la Congregación de la Doctrina de la Fe, que estaba presidida por el cardenal Joseph Ratzinger. Tras su elección, Benedicto XVI le «repescó» para el Vaticano, de nuevo como su «número dos» en la Secretaría de Estado y en 2006 como camarlengo. Su influencia dentro de la curia le facilitó el camino para que en la hornada de cardenales de febrero de 2012, una abrumadora mayoría fueran italianos, funcionarios de la Curia y personas próximas a él.

El cardenal de Viena, Christoph Schonborn, también es muy conocido y muchos cardenales se fían de él. Filósofo, psicólogo, teólogo y predicador, fue un destacado discípulo de Ratzinger, además de presidente de los obispos austríacos. En el 2005 convenció a sus partidarios para que votasen a su maestro, Joseph Ratzinger. Su actitud sigue siendo la misma: orientar votos hacia el mejor.

El cardenal de Nueva York, en cambio, es nuevo en este terreno de juego. Desde que llegó hace un año a la Santa Sede no ha hecho más que deslumbrar. Deslumbró al colegio cardenalicio un día antes de recibir la birreta roja en febrero del año pasado. El Papa le había encargado hablar sobre la «nueva evangelización» a todos los cardenales del mundo y el presidente de los obispos americanos les fascinó por su profundidad evangélica y su optimismo. Dolan volvió a brillar en el Sínodo mundial de Obispos sobre la nueva evangelización. Tiene toda la capacidad de liderazgo y es muy lúcido. Sus colegas le han elegido como presidente de la Conferencia Episcopal Norteamericana.

El cardenal español Antonio María Rouco Varela es otro de los grandes electores. Su prestigio entre los cardenales iberoamericanos y alemanes le convierte en puente entre dos continentes muy decisivos en la elección del próximo Papa. En el Vaticano le conocen muy bien, ya que es miembro de varios discasterios, sobre todo el de la Congregación para los Obispos.