VACUNAS

Las personas mayores generan menos anticuerpos frente a la vacuna de la gripe

La producción de monocitos en lugar de linfocitos B explica por qué la vacuna es menos eficaz en los mayores

MADRIDActualizado:

Con la llegada del otoño, los países del hemisferio norte ponen en marcha sus campañas de vacunación frente al virus de la gripe. Unas campañas que se intensifican en invierno y que, si bien abiertas a todo el mundo, están especialmente dirigidas a los grupos de riesgo. Es el caso, entre otros, de las mujeres embarazadas, de los obesos mórbidos o de las personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias. Y asimismo, de los mayores de 65 años. Sin embargo, y según muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California en San Diego (EE.UU.), la respuesta inmune a la vacuna de las personas mayores es distinta a la de la población más joven, razón por la que su eficacia es inferior.

Como indica Shankar Subramaniam, co-autor de este estudio publicado en la revista « Cell», «nuestros resultados aportan nuevas evidencias sobre la respuesta reducida a la vacunación del sistema inmune de las personas mayores. Así, nuestro estudio ofrece una visión más completa de cómo el sistema inmune responde a la vacunación, lo que puede ayudar en el desarrollo de vacunas que ofrezcan una inmunidad más duradera y una mejor protección para todos los grupos de riesgo».

Más monocitos, menos anticuerpos

La vacuna de la gripe incluye proteínas del virus que, una vez inoculadas en el organismo, provocan que el sistema inmune genere anticuerpos. De esta manera, el vacunado adquiere protección –o ‘inmunidad’– frente al virus. Sin embargo, esta protección es menor en el caso de las personas mayores.

Concretamente, los investigadores evaluaron la respuesta a la vacuna de 212 personas a lo largo de cinco campañas de vacunación –desde 2007 a 2012–. Y asimismo, analizaron los datos publicados en un primer estudio llevado a cabo con otros 218 sujetos.

Transcurrida una semana desde la administración de la vacuna, los participantes más jóvenes mostraron altos niveles de linfocitos B, células del sistema inmune responsables de la producción de anticuerpos. Sin embargo, las personas mayores –definidas en este estudio como aquellas con una edad igual o superior a los 54 años– no tenían niveles altos de linfocitos B, sino de monocitos, células del sistema inmune responsables de la respuesta inflamatoria. Y esta diferencia entre linfocitos B y monocitos explica por qué a las tres semanas la respuesta inmune inducida por la vacuna puede fallar en las personas mayores.

Es más; según sugieren los autores, observar los niveles de los linfocitos B y de los monocitos antes de la vacunación debería bastar para predecir el nivel de eficacia de la vacuna a las cuatro semanas de su administración. Como indica el doctor Subramaniam, «el concepto es que la respuesta inflamatoria puede ser perjudicial para la inducción por la vacuna de la producción de anticuerpos».

Tal es así que, con objeto de aumentar la eficacia de la vacuna «una posibilidad sería disminuir la respuesta inflamatoria en las personas mayores una vez se hayan vacunado. Pero aún es pronto para asegurarlo».