Un aumento de 1 grado en la temperatura del agua de mar y una disminución del 20 por ciento en las emisiones de mercurio dan como resultado aumentos en los niveles de metilmercurio del 10 por ciento en el bacalao y del 20 por ciento en el pez espinoso.
Un aumento de 1 grado en la temperatura del agua de mar y una disminución del 20 por ciento en las emisiones de mercurio dan como resultado aumentos en los niveles de metilmercurio del 10 por ciento en el bacalao y del 20 por ciento en el pez espinoso. - HARVARD SEAS

El cambio climático aumenta la exposición humana mercurio del pescado

El consumo de este metal por encima de los niveles recomendados por las autoridades alimentarias suele afectar al sistema nervioso.

MadridActualizado:

A los muchos efectos que el cambio climático o calentamiento global, llámelo como prefiera, está teniendo en la vida del ser humano agréguele ahora uno nuevo: el calentamiento de los océanos está provocando un aumento del metilmercurio neurotóxico nocivo en algunos de los pescados más ingeridos, como el bacalao, el atún rojo del Atlántico y el pez espada. Lo acaba de ver una investigación que se publica en «Nature» dirigida por Harvard John A. Paulson, de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (EE.UU.)

A través de un innovador modelo integral, los investigadores han simulado cómo los factores ambientales, incluido el aumento de la temperatura del mar y la sobrepesca, afectan los niveles de mercurio en los peces. Así, encontraron que, si bien la regulación de las emisiones de mercurio ha reducido con éxito los niveles de metilmercurio en los peces en los últimos años, las altas temperaturas están haciendo que dichos niveles vuelvan a subir y desempeñarán un papel importante en los niveles de metilmercurio de la vida marina en el futuro.

El pescado es un componente fundamental de toda alimentación saludable; sin embargo, hay un problema: el pescado, muy especialmente los grandes peces como el atún o el emperador, también es fuente de mercurio, altamente tóxico para el organismo.

Desde hace años se está percibiendo que niveles de contaminación del pescado a nivel mundial y la presencia de metilmercurio superan los niveles seguros fijados por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA). Informes del Grupo de Trabajo Mercurio Cero (ZMWG) y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (BRI), si la contaminación actual sigue al mismo ritmo, para 2050 el nivel de mercurio se habrá incrementado en un 50% en el océano Pacífico.

«Esta investigación supone un importante avance importante en la comprensión de cómo y por qué los depredadores oceánicos, como el atún y el pez espada, están acumulando cada vez más cantidades de mercurio en su organismo», afirma Elsie Sunderland, autora principal del artículo.

«Poder predecir el futuro de los niveles de mercurio en los peces es el santo grial de la investigación sobre el mercurio», afirma Amina Schartup, autora del artículo. «Esa pregunta ha sido tan difícil de responder porque, hasta ahora, no teníamos una buena comprensión de por qué los niveles de metilmercurio eran tan altos en los peces grandes».

Una disminución del 20% en las emisiones, sin cambios en la temperatura del agua, disminuye los niveles de metilmercurio, tanto en el bacalao como en el emperador, de un 20%
Una disminución del 20% en las emisiones, sin cambios en la temperatura del agua, disminuye los niveles de metilmercurio, tanto en el bacalao como en el emperador, de un 20%

El pescado es un componente fundamental de toda alimentación saludable. Y es que, comparado frente a otras fuentes de proteínas, caso de la carne roja, el pescado no solo no incrementa el riesgo de enfermedades tan graves como las cardiovasculares, sino que lo reduce. Sin embargo, hay un problema: el pescado, muy especialmente los grandes peces como el atún o el emperador, también es fuente de mercurio, altamente tóxico para el organismo.

En general, estos metales suelen afectar al sistema nervioso, pero siempre y cuando se alcancen unos límites por encima de los valores considerados como normales. Para ello, las agencias de seguridad alimentaria nacional (AESAN) y europea (EFSA), americana (FDA) entre otras, establecen unos límites tolerables semanales por debajo de los cuales se considera segura la ingesta. El límite semanal tolerable establecido para el mercurio es de 96 microgramos por semana.

Sin embargo, algunos estudios epidemiológicos han demostrado que el consumo habitual de cierto tipo de pescado supone un riesgo para el desarrollo cerebral de fetos y niños, lo que indica que se debería revisar los niveles actualmente tolerados. También se ha relacionado el consumo de pescado o marisco con altos niveles de mercurio con un mayor riesgo de padecer esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o infarto.

Los peces hacen dos cosas: comer y nadar. Lo que comen, cuánto comen y cuánto nadan, afecta la cantidad de metilmercurio que se acumulará en la naturaleza

Desde hace tiempo se sabe que el metilmercurio, un tipo de mercurio orgánico, se acumula en las redes alimentarias, lo que significa que los organismos en la parte superior de la cadena alimentaria tienen niveles más altos de metilmercurio que los de la inferior. Pero para comprender todos los factores que influyen en el proceso, hay que entender cómo viven los peces.

Los peces hacen dos cosas: comer y nadar. Lo que comen, cuánto comen y cuánto nadan, afecta la cantidad de metilmercurio que se acumulará en la naturaleza.

¿Qué comen los peces?

Los investigadores recogieron y analizaron 30 años de datos del ecosistema del Golfo de Maine, incluido un análisis exhaustivo del contenido del estómago de dos depredadores marinos, el bacalao del Atlántico y la mielga, un tipo de pez espada, desde la década de 1970 hasta la de 2000.

De esta forma vieron que los niveles de mercurio en el bacalao eran de un 6% a un 20% más bajos en 1970 que en 2000. Sin embargo, el pez espinoso tenía niveles de un 33% a 61% más elevados en 1970 que en 2000 a pesar de vivir en el mismo ecosistema y ocupar un lugar similar en la cadena alimenticia. ¿Qué explica estas diferencias?

En la década de 1970, el Golfo de Maine estaba experimentando una pérdida dramática en la población de arenque debido a la sobrepesca. Tanto el bacalao como la mielga comen arenques. Sin ellos, cada uno recurrió a un sustituto diferente. El bacalao comió otros peces pequeños como sábalos y sardinas, que contienen niveles bajos de metilmercurio. Sin embargo, la mielga sustituyó el arenque por alimentos con mayor contenido de metilmercurio, como el calamar y otros cefalópodos.

Amina Schartup autora del artículo
Amina Schartup autora del artículo

Cuando la población de arenque se recuperó en 2000, el bacalao volvió a su una dieta alta en metilmercurio, mientras que la mielga retornó a una dieta baja en mercurio.

Un aumento de 1 grado Celsius en la temperatura del agua de mar en relación con el año 2000 conduciría a un aumento del 32% en los niveles de metilmercurio en el bacalao y un incremento del 70% en emperador

Pero hay otro factor que afecta lo que comen los peces: el tamaño de la boca. A diferencia de los humanos, los peces no pueden masticar, por lo que la mayoría de los peces solo pueden comer todo lo que les queda en la boca. Sin embargo, hay algunas excepciones. El pez espada o emperador, por ejemplo, usa sus ‘armas’ para derribar presas grandes para que comerlas sin resistencia, mientras que los cefalópodos atrapan presas con sus tentáculos y usan sus pinchos afilados para arrancar bocados.

«Siempre ha habido un problema al modelar los niveles de metilmercurio en organismos como los cefalópodos y el pez espada porque no siguen los patrones de bioacumulación típicos en función de su tamaño -afirma Sunderland-. Sus patrones de alimentación únicos significan que pueden comer presas más grandes, lo que significa que están comiendo cosas que han cumulado más metilmercurio».

Sin embargo, lo que comen los peces no es lo único que afecta a sus niveles de metilmercurio.

Cuando Schartup estaba desarrollando el modelo tenía problemas para explicar los niveles elevados de metilmercurio en el atún, que se encuentran entre los más altos de todos los peces marinos. Su lugar en la parte superior de la cadena alimentaria lo podía explicar, en parte, pero no por qué eran tan elevados. Para encontrar una respuesta recurrió a una fuente inesperada: el nadador Michael Phelps.

«Estaba viendo los Juegos Olímpicos y los comentaristas de televisión hablaban sobre cómo Michael Phelps consume 12.000 calorías al día durante la competición y pensé: eso es seis veces más calorías de las que consumo. Si fuéramos peces, estaría expuesto a seis veces más metilmercurio que yo». Y eso es lo que ocurre con los cazadores y los peces migratorios.

Y, por último, otro factor determinante es la temperatura del agua: a medida que las aguas se calientan, los peces usan más energía para nadar, lo que requiere más calorías. Es decir, más metilmercurio.

El cambio climático va a exacerbar la exposición humana al metilmercurio a través del consumo de pescado, por lo que, para proteger los ecosistemas y la salud humana, necesitamos regular tanto las emisiones de mercurio como los gases de efecto invernadero

Precisamente el Golfo de Maine es una de las zonas donde más rápidamente se está calentado el agua. Ello ha hecho que, por ejemplo, entre 2012 y 2017, los niveles de metilmercurio en el atún rojo del Atlántico aumentaran un 3,5 por ciento por año a pesar de la disminución de las emisiones de mercurio.

Según su modelo, un aumento de 1 grado Celsius en la temperatura del agua de mar en relación con el año 2000 conduciría a un aumento del 32% en los niveles de metilmercurio en el bacalao y un incremento del 70% en emperador.

Su modelo permite además simular diferentes escenarios a la vez: por ejemplo, un aumento de 1º en la temperatura del agua de mar y una disminución del 20% en las emisiones de mercurio dan como resultado incrementos en los niveles de metilmercurio del 10% en el bacalao y del 20% en el emperador, o una disminución del 20% en las emisiones, sin cambios en la temperatura del agua, disminuye los niveles de metilmercurio, tanto en el bacalao como en el emperador, de un 20%.

«Nuestro modelo nos permite ver todos estos parámetros diferentes al mismo tiempo, tal como sucede en el mundo real», apunta el investigador.

«Hemos demostrado que los beneficios de reducir las emisiones de mercurio se mantienen, independientemente de lo que esté sucediendo en el ecosistema. Pero si queremos continuar la tendencia de reducir la exposición al metilmercurio en el futuro, necesitamos un doble enfoque doble -asegura Sunderland-. El cambio climático va a exacerbar la exposición humana al metilmercurio a través del consumo de pescado, por lo que, para proteger los ecosistemas y la salud humana, necesitamos regular tanto las emisiones de mercurio como los gases de efecto invernadero», concluye.