Ingenieros y directivos, entre las profesiones más proclives a padecer disfunción eréctil
Si se cree que se padece disfunción resulta fundamental ir rápido al médico - abc

Ingenieros y directivos, entre las profesiones más proclives a padecer disfunción eréctil

Analizamos, de la mano de dos especialistas, las causas de esta enfermedad

l.r.
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Este mes de diciembre un estudio llegaba a una contundente conclusión: James Bond, el espía británico más famoso de todos los tiempos, corría el riesgo de padecer «cirrosis, impotencia y otros problemas de salud» debido a su alcoholismo. La revista científica « British Medical Journal» puso así de manifiesto una realidad: el estilo de vida resulta determinante a la hora de influir, negativamente, en la vida sexual de un hombre.

En el estilo de vida se incluye la profesión que ejerza cada uno, factor que también resulta clave a la hora de entender las causas de esta enfermedad. «En consulta notamos una relación alta entre casos de disfunción eréctil y profesiones técnicas o muy cualificadas. Son habitualmente profesionales acostumbrados a tener el control de las situaciones, algo bueno en general pero que cuando se trata de la erección supone un problema porque la persona comienza a pensar demasiado antes y durante las relaciones», explica a ABC.es Héctor Galván, director del Instituto Madrid de Sexología.

«La anticipación de un posible fracaso eleva la ansiedad»Así, según este experto, «un camarero o un mecánico tienen menos dificultades con este tema que un ingeniero o un directivo, porque estos últimos están demasiado acostumbrados a calcular, a controlar las situaciones. Tienden a pensar antes en las cosas y a dar demasiadas vueltas cuando se trata de un problema que no depende directamente de la voluntad, sino de dejarse llevar por la situación. Les cuesta más centrarse en disfrutar».

La disfunción eréctil es una incapacidad reiterada para conseguir o mantener una erección lo suficiente como para mantener relaciones sexuales satisfactorias. Cabe destacar que la característica de «reiterada» es muy importante ya que si es muy puntual es normal. «El cuerpo no es una máquina, sino un organismo complejo al que afectan muchos factores a la hora de mantener una buena respuesta sexual. Ahora bien, si el problema se da de forma reiterada, es hora de consultar a un especialista», puntualiza Galván.

Superar el tabú

Factores ambientales, estrés, nutrición, enfermedades cardiovasculares, diabetes, empleo de fármacos y el estado psicológico como esa ansiedad «anticipatoria por el temor al rendimiento» son determinantes a la hora de padecer disfunción eréctil. «La anticipación de un posible fracaso eleva la ansiedad, lo cual inhibe el sistema parasimpático del sistema nervioso, que es en gran parte responsable de que se produzca la erección. Esto facilita un nuevo fracaso y genera nueva ansiedad de rendimiento para la siguiente ocasión. La profesión también puede influir en el sentido de que si se trata de una actividad de la que cuesta desconectar mentalmente, el deseo sexual puede estar en un segundo plano, facilitando la disfunción eréctil», explica el doctor Galván.

En lo que al número de personas que sufren esta enfermedad en España, los estudios arrojan datos que van desde el 10 al 52% del género masculino. Según el doctor Luis Rodríguez-Vela, director del Instituto de Urología y Medicina Sexual de Zaragoza, las probabilidades de desarrollarla aumentan con la edad, existiendo un «repunte» a partir de los 50 años.

Una vez se es consciente de que existe un problema, el momento en el que se acude al médico resulta fundamental. «El paciente tarda de media como mínimo seis meses en acudir a una consulta. Aunque es cierto que ya no es una enfermedad rodeada de tanto tabú como antes, el paciente la aborda con timidez, no lo comenta con amigos y se vive con cierto medio. Cuanto antes se acuda al médico, mejor», asegura Rodríguez-Vela, quien además alerta de lo fundamental de «atacar» a la disfunción, ya que es precursora de otras cardiovasculares.

Con todo, se trata de una enfermedad para la que hay cura y que se aborda con distintos tipos de tratamientos, dependiendo de que funcione o no con el que se empiece. Estos van desde la medicación a la vasectomía.