¿Cómo entender un análisis de sangre?

En la mayoría de las ocasiones entender un análisis clínico se convierte en una de las tareas más complicadas con las que nos podemos enfrentar. desvelar el significado

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En la mayoría de las ocasiones entender un análisis clínico se convierte en una de las tareas más complicadas con las que nos podemos enfrentar. Desvelar el significado de términos y parámetros que nos son totalmente desconocidos como colesterol, glucosa, albúmina, ácido úrico, triglicéridos, etc. requiere unos conomientos bioquímicos que la mayoría de las personas no tienen.

Sin embargo, como reconoce José Luis Marín, de la Sociedad Española Bioquímica Clínica y Patología Molecular (SEQC), «los resultados de los análisis clínicos sólo podemos interpretarlos cuando conocemos bien la historia clínica del paciente». Por ejemplo, señala, para valorar el resultado de una de las magnitudes más habituales, la glucosa, hay que tener en cuenta el estado metabólico del paciente. «Es decir, saber si ha comido recientemente, si ha ingerido bebidas edulcoradas, si toma algún fármaco para regular la cantidad de glucosa en sangre, si padece alguna enfermedad que altere su metabolismo, etc. Todo eso ha de tenerse en cuenta para interpretar el resultado de la concentración de glucosa obtenido en el laboratorio».

Además, hay que tener en cuenta dos aspectos: los valores de las determinaciones no siempre se expresan en las mismas unidades y las cifras de «normalidad» pueden tener pequeñas variaciones, ya que dependen del laboratorio que analice la muestra. Por eso, no hay dos analíticas iguales, ni siquiera de la misma persona, porque las variables que intervienen en su valoración son múltiples. En una analítica normal se piden los datos hematológicos (serie blanca y serie roja) y bioquímicos más generales (glucosa, colesterol, triglicéridos, etc.). Los datos hematológicos o hemograma se emplean como un procedimiento de screening y ofrecen una visión general del estado de salud del paciente. Valora parámetros como hematíes, hemoglobina, hematocrito e índices eritrocitarios (serie roja), y leucocitos -una cifra anómala puede ser indicativa de infección-, neutrófilos, linfocitos, eosinófilos y basófilos (serie blanca). También contempla el número de plaquetas -el recuento de plaquetas es de vital importancia para el diagnóstico de los trastornos hemorrágicos y eritrocitos:

Los análisis clínicos resultan muchas veces un verdadero jeroglífico. Para tratar de comprender un poco mejor la información que nos ofrecen los análisis clínicos, Marín, ofrece algunos datos de algunos de los parámetros más frecuentes que nos miden en los laboratorios de Análisis Clínicos cuando nos sometemos a una extracción de sangre.

Glucosa: Es un hidrato de carbono simple y la principal fuente de energía que utilizan las células. Se puede alterar por dietas, ayuno, entrenamiento intensivo, hipotiroidismo, diabetes, etc. Los valores normales deben ser 70-110 mg/dl.

Albúmina: La determinación de albúmina puede solicitarse juntamente a muchas otras pruebas cuando una persona presenta síntomas de alteración hepática, como ictericia (coloración amarillenta de la piel), fatiga o pérdida de peso, o signos de mal funcionamiento renal, como hinchazón de las cuencas orbitarias, de las piernas. Se considera normal valores entre 3-5 g/dl.

Colesterol: El análisis de colesterol no suele utilizarse para diagnosticar una enfermedad sino que su utilidad es mayor para hacer prevención, ya que una concentración elevada de colesterol en la sangre se ha asociado con el endurecimiento de las arterias (aterosclerosis), la enfermedad cardíaca y un elevado riesgo de padecer un infarto agudo de miocardio. Las cifras de colesterol total (HDL y LDL) deben ser 140-220mg/dl. Aquí hay que valorar también el colesterol bueno (HDL) y el malo (LDL).

Ácido úrico: Las personas con niveles elevados de ácido úrico suelen padecer de gota, una enfermedad que se caracteriza por sufrir de dolores articulares, principalmente en los dedos gordos de los pies, aunque también en otras articulaciones. También se eleva cuando el riñón no funciona bien, ya que se elimina por él, o cuando hay una gran destrucción de células en alguien que está haciendo un tratamiento contra el cáncer. Sus valores deben oscilar entre los 3-7 mg/dl.

Triglicéridos: Corresponde a la grasa que ingerimos en la dieta y sirve de transporte y almacén de energía. Sus valores varían con la dieta y riesgo cardiovascular y oscilan entre 40-170 mg/dl.

Marcadores tumorales: Sus nombres son una verdadera sopa de letras: CEA, CA19.9; CA15.3; BRCA; PSA, etc. Suelen ser proteínas que se encuentres en las células cancerosas y que son liberadas a la sangre cuando existe un tumor que las produce. Su mayor utilidad suele ser para comprobar si el tratamiento que se administra a un enfermo funciona bien y para diagnosticar posibles recidivas del mismo tumor. Para el diagnóstico de un cáncer tiene menor utilidad.

Gasometría y Equilibrio Acido-base: El oxígeno que respiramos es transportado por la sangre hasta las células y el CO2 hace el recorrido inverso desde las células hasta el aire de la atmósfera. Se solicita su medición al laboratorio cuando el paciente presenta síntomas de desequilibrio entre los componentes «ácidos» y «alcalinos» en la sangre, ya que estos elementos han de estar «equilibrados» para que las células puedan vivir, o cuando existe dificultad respiratoria y por tanto falta de oxigeno en la sangre.

Marcadores cardiacos: Troponina, CK-MB, BNP, mioglobina son los nombres de los más importantes marcadores. Son sustancias liberadas hacia la sangre cuando se produce un daño al corazón. La medida de estos marcadores es útil para diagnosticar, evaluar y monitorizar a pacientes con sospecha de síndrome coronario agudo (SCA). Entre los síntomas de SCA se incluye dolor y opresión torácicos.

Estudio de la coagulación: Fibrinógeno, Tiempo de Protrombina (TP), INR, Tiempo de Tromboplastina Parcial (TTP) son las pruebas que se solicitan más frecuentemente. Esto se hace para comprobar si hay alguno alterado (disminuido o ausente). Estas alteraciones pueden provocar la aparición de coágulos o por el contrario que se produzca un sangrado sin explicación aparente. Por ejemplo, se consideran valores normales para el fibrinógeno 200-450 mg/dl.

Monitorización de fármacos: Los medicamentos que tomamos deben mantenerse en unas determinadas concentraciones en la sangre para que sean efectivos. Así cuando la persona que los toma cambia como consecuencia de algunas enfermedades o de su envejecimiento las concentraciones del medicamento también cambian y hay que adaptarlo a la nueva situación de la persona. Algunas enfermedades que necesitan medicación crónica y por tanto «medir» los fármacos cada cierto tiempo son: renales, tiroideas, hepáticas, etc.

Transaminasas (GOT, GPT), que son enzimas del metabolismo de los aminoácidos presentes en el hígado principalmente y en el músculo, corazón, páncreas y cerebro. Al aumentar refleja destrucción de estos tejidos (hepatitis, infarto de miocardio, miopatías, etc.).