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Figuras ocultas (****): La cara oculta de la Luna

La película cuenta su proeza, construida con inteligencia, bondad y coraje, tres virtudes que juntas obran milagros

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Ahora que está tan de moda el cine de ciencia ficción, no viene mal mirar al pasado y estudiar a los pioneros del futuro. «Figuras ocultas» nos enseña que para culminar la carrera espacial hizo falta el concurso de un puñado de mujeres negras, matemáticas cuyo talento se filtró entre las rendijas de la ominosa segregación racial. Unas pocas heroínas superaron todos los obstáculos y ayudaron al hombre blanco a pisar la Luna.

La película cuenta su proeza, construida con inteligencia, bondad y coraje, tres virtudes que juntas obran milagros. También fue necesaria la colaboración de alguna mente preclara dentro de la cadena de mando, papel que desempeña con ejemplar eficacia Kevin Costner. El actor da vida a una especie de jefe en peligro de extinción: práctico, brillante y trabajador a la vez, capaz de romper las convenciones y primar al que sabe sin prejuicios.

«Figuras ocultas» será un bombazo en taquilla similar o superior al que supuso «Criadas y señoras». Algún crítico censurará su «excesiva» corrección formal. No hay nada innovador en ella. Para eso están los personajes. Theodore Melfi y la guionista Allison Schroeder adaptan una novela que pedía a gritos difusión. Su eficacia narrativa es impecable. Emocionan cuando tienen que hacerlo, entretienen siempre y cuentan una parte de la historia ignorada en la versión oficial. Incluso incluyen una escena romántica preciosa. A veces se dejan llevar y se les ven los hilos. Hay ramalazos peliculeros, en el mal sentido, pero haría falta un genio para contenerse. Pese a su comprensible vocación generalista, la cinta tiene un aire clásico innegable. Cabría recordar lo mal que ha tratado cada época a sus maestros, cuando tienen éxito.

Si nos centramos en lo bueno, las interpretaciones son impecable, incluido Jim Parsons («Big bang»), dentro de una brillante reivindicación de lo justo. Es una denuncia sin espasmos ni revanchismos, una película sobre gente muy grande. Solo con (ad)mirarlos somos un poquito mejores.