La pasión árabe de Zapatero

El «plan Marshall» es otra ocurrencia de Zapatero sobre el mundo musulmán tan poco elaboraday solvente como su Alianza de Civilizaciones

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LA gira árabe del presidente del Gobierno está poniendo de manifiesto algunas de las reiteradas contradicciones y debilidades de su discurso sobre aspectos fundamentales de su mandato: la crisis económica o la política exterior. No cabe dudar de la conveniencia de que el jefe del Ejecutivo realice viajes al exterior para promocionar la economía española y procurar las máximas inversiones posibles, más ahora, cuando España necesita recuperar urgentemente la confianza de los mercados internacionales. Cuestión distinta son el contexto y el mensaje de estas giras, porque entonces entran en juego matices muy importantes. Por lo pronto, habrá que esperar a que se materialicen los compromisos de inversiones anunciados por el Gobierno tras los encuentros con las autoridades de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, porque no sería la primera vez que se vende humo a la opinión pública. Por otro lado, las inversiones que estos Estados árabes han anunciado en las cajas españolas —450 millones de euros en total— muestran un panorama nada optimista, cuando el capital que el Gobierno y el Banco de España han calculado para la viabilidad de las cajas está entre 25.000 y 50.000 millones de euros. Menos es nada, podrá decirse, pero no hay que olvidar que se trata de dos economías bien atesoradas. Las respuestas de otros Estados menos solventes no podrán ser mejores. Por otro lado, mal síntoma es que el presidente del Gobierno tenga que andar captando fondos para las cajas en sus viajes al extranjero, porque el mensaje que da a entender es que estas no serán capaces de captarlos por sí mismas, y que el mercado español o europeo no estará en condiciones de aportarlos.

Al mismo tiempo, la gira árabe de Zapatero hace inevitable su asociación a la cadena de revoluciones en el norte de África, para el que el presidente del Gobierno pidió, antes de iniciar su viaje, un «plan Marshall» como el que permitió la recuperación europea tras la II Guerra Mundial. Es otra ocurrencia de Zapatero sobre el mundo árabe y musulmán, tan poco elaborada y solvente como la de su Alianza de Civilizaciones, que si alguna ocasión tenía de demostrar su utilidad es, precisamente, este movimiento de liberación. No es extraño que de la tal Alianza nada se sepa porque nunca se planteó la democracia y la libertad de los pueblos árabes y musulmanes como sus objetivos, sino el diálogo inane con los mismos dictadores y teócratas que ahora están cayendo.