Que recorten ellos

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
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¿RECUERDAN la fábula? Todos los ratones estaban de acuerdo en que había que poner un cascabel al gato. El problema surgió al decidir quién se lo ponía. Discutiendo sobre ello, llegó el gato y se los zampó. También doña Elena Salgado y los consejeros de Economía de las distintas Comunidades están de acuerdo en que hay que recortar el gasto para atajar la crisis. Pero al no haber acuerdo sobre quién, cómo ni cuánto se recorta, se ha dejado la decisión a cada uno. Puede suponerse lo que decidirán: que sean los demás quienes recorten. El primero en hacerlo ha sido el que hubiera tenido que dar ejemplo, el Gobierno, que advierte que los gastos sociales se mantendrán. No sólo se mantendrán, sino que aumentarán, al aumentar el paro. El año pasado, los subsidios por desempleo se llevaron 31.000 millones de euros. Este año la suma será mayor al haber más parados. Mientras los ingresos del Estado seguirán disminuyendo debido a la desaceleración de la actividad económica. ¿Cómo va a recortarse el déficit del 11,2 por ciento del PIB al 3 por ciento de aquí al 2013, como pretende el Gobierno? Nada de extraño que Bruselas califique esas cuentas de excesivamente optimistas y los sindicatos, sencillamente, de imposibles.

Pero no es sólo en «gasto social» por donde se le va el dinero al Gobierno. Se le va también en reuniones de alto copete aprovechando que somos presidentes de turno de la Comunidad Europea, en las ONGs más diversas, con tal de que sean de izquierdas, en pagos millonarios de rescates a piratas y terroristas, en la reconstrucción de Haití, en ayudas a Chile, en subvenciones a Andalucía y otros damnificados, etc., etc. Lo que está muy bien. Pero así ni se reduce el gasto ni se da ejemplo. ¿Quién va a reducirlo, sobre todo si es el PP, viendo al Gobierno seguir gastando en faustos viajes, amigos dentro y fuera de casa? «¿Por qué voy a ser yo? ¡Que recorten ellos!», se dirán, como los ratones ante el gato. El fin de la fábula ya lo conocen. El fin de la crisis en España puede vaticinarse que no será muy distinto.

No sé lo que pensarán ustedes, pero yo no creeré los planes económicos del Gobierno hasta que no le vea anunciar un corte draconiano de sueldos, viajes, ministerios, direcciones generales, consejeros áulicos, asesorías externas y demás extras, a las Autonomías hacer otro tanto y los ayuntamientos recortar sus presupuestos de fiestas. Tal vez entonces los españoles podríamos empezar a creer que los sacrificios que exige salir de la crisis no iban a caer sólo sobre nuestras espaldas y bolsillos. Pero no lo veo por ninguna parte. Lo que veo son planes tras planes, comisiones tras comisiones, acuerdos tras acuerdos sin el menor contenido. Mientras el gatazo de la crisis se relame los bigotes. Ni los ratones se lo habían puesto tan fácil.