Payasada en Honduras

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EL presidente de Honduras, Manuel Zelaya, ha creado una crisis política gravísima de la que el país ha salido indemne hasta ahora, y sobre todo, gracias a la sensatez de la inmensa mayoría de los demás responsables institucionales, incluyendo las Fuerzas Armadas. El referéndum que pretende llevar a cabo hoy carece de sustento legal y lo mejor que podrían hacer todos los hondureños de bien, de todas las tendencias políticas, es ignorar esta iniciativa insensata de la que Zelaya ha hecho su bandera política. El objetivo inequívoco que hay detrás de esta maniobra del presidente es su intento de perpetuarse en el poder, siguiendo el mismo camino que otros líderes populistas han impuesto en sus respectivos países, pero seguramente este es el caso más patético de todos y tiene razón el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos que ha calificado la actuación del presidente como «payasada». Zelaya no solamente tiene en contra a la oposición, los tribunales y el Ejército, sino que ha perdido el apoyo de su propio partido y está actuando en abierta rebeldía frente a las leyes y la Constitución. Si no fuera bastante desafuero el intento de imponer una maniobra claramente ilegal para no tener que abandonar el poder al final de su mandato en enero de 2010, comete una deslealtad inaudita hacia sus propios votantes: probablemente sea el primer caso de un dirigente conservador (fue elegido con los votos del Partido Liberal) que enarbola la bandera de la izquierda revolucionaria populista para no tener que dejar el poder.

La agitación de Hugo Chávez denunciando supuestas conspiraciones contra la integridad de su nuevo acólito son la demostración más evidente de que no se trata de una cuestión puramente personal del presidente Zelaya, sino que el venezolano está tratando de procurarse un nuevo aliado para sus ambiciones hegemónicas. Por su parte, la Organización de Estados Americanos (OEA) hará un flaco favor a los ciudadanos de sus países miembros si continúa con su pragmatismo supuestamente neutral en el que caben todas las derivas. La organización tiene entre sus objetivos la defensa de la democracia y de las instituciones democráticas, sobre todo cuando están amenazadas, y este es un caso claro. Si Zelaya mantiene su apuesta y saca conclusiones legales de un referéndum ilegal, se producirá una situación en la que la OEA no tendrá más remedio que tomar partido y definir de qué lado está.