De Montesquieu a Gibraltar

Gibraltar es más importante que una poltrona de ministro

José María Carrascal
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Me perdonarán que vuelva a Gibraltar, en vez de ocuparme del plantón de un juez a los dos grandes partidos, que se reparten cínicamente el poder judicial desde la Transición. Tiempo habrá de analizarlo, pues el rechazo de Manuel Marchena a presidir el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo es un cartucho de dinamita. El fallo viene de haber dejado a los partidos nombrar el órgano superior de los jueces. Eso destruía el equilibro de poderes en el Estado de Derecho, con el responso de Alfonso Guerra: «Montesquieu está enterrado hace mucho tiempo». Un juez le ha contestado 26 años más tarde: «Pero no muerto». Muertos pueden estar sus enterradores.

Lo de Gibraltar, en cambio, es no

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