El 70% de los turistas que recibe España se concentra en áreas de riesgo: los archipiélagos, la costa mediterránea y Andalucía
El 70% de los turistas que recibe España se concentra en áreas de riesgo: los archipiélagos, la costa mediterránea y Andalucía - EFE
TRIBUNA

Lucidez en el desierto

Gonzalo de la Cámara, director académico del Foro de la Economía del Agua, reflexiona sobre cómo la presión sobre los recursos hídricos conduce a acentuar los problemas de pérdida de suelo en un contexto de cambio climático

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Escribía Emil Cioran (1911-1995) que «la lucidez es el único vicio que hace al hombre libre: libre en un desierto». Si uno aceptase que España es un país de mujeres y hombres libres y lúcidos, quizá tendría que asumir también la segunda parte de la afirmación de Cioran, por más que él la escribiese con un sentido menos literal.

En España nos hemos acostumbrado a récords, relacionados entre sí, que empiezan a tener algo de macabro. El año 2015 fue el más cálido a nivel mundial desde que comenzaron los registros. El anterior récord se había alcanzado en 2014 y hay motivos para pensar que 2016 podría volver a batirlo. De los 16 últimos valores anuales máximos, solo uno no corresponde a este siglo (1998).

Por otro lado, hay evidencias que muestran que España es el país europeo con mayor riesgo de desertificación. Este fenómeno afecta ya a más de dos tercios del territorio nacional. Valencia, Murcia, Canarias, la mitad de Andalucía, corren riesgo de convertirse en desiertos. Castilla-La Mancha, Cataluña, Madrid, Aragón, Baleares y el resto de Andalucía harían bien en no mirar hacia otro lado.

Delacámara es coordinador del Grupo de Economía del Agua de IMDEA Agua
Delacámara es coordinador del Grupo de Economía del Agua de IMDEA Agua- ABC

La erosión es el precursor de la desertificación. No sólo genera un problema in situ por la pérdida de nutrientes o ex situ por la acumulación de material, colmatando embalses, por ejemplo. Cuando el aire y el agua arrastran las partículas superficiales del suelo, éste pierde fertilidad y queda desprotegido, ralentizando la regeneración de la cubierta vegetal. Por otro lado, el suelo se forma a escala geológica, en miles de años. Y puede destruirse en pocas décadas, siendo irreversible en muchas áreas a escala humana. Se volverá a crear suelo, pero no estaremos aquí para verlo.

No faltará quien crea que la erosión y la desertificación son resultado de un clima semiárido, como el que predomina en amplias zonas del país. Una parte importante del territorio, efectivamente, se ve afectado por sequías estacionales, extrema variabilidad de las precipitaciones o lluvias súbitas e intensas. También explica la tendencia a la desertificación la prevalencia de suelos pobres. Otro factor no menor es la pérdida de cubierta forestal a causa de incendios. Este dato es paradójicamente compatible con el aumento neto de la superficie forestal (a veces en diferentes lugares, con distintas especies). Se suma a ello la crisis de la agricultura tradicional: abandono de tierras, deterioro del suelo y de estructuras de retención y conservación de agua.

«No se pueden obviar los efectos de la explotación insostenible de recursos hídricos subterráneos»

En muchos de esos factores condicionantes influyen nuestras decisiones. De hecho, no se pueden obviar los efectos de la explotación insostenible de recursos hídricos subterráneos, la contaminación química y la salinización de acuíferos; ésta en ocasiones como resultado de regar menos, otra paradoja cruel. También es crucial tener presente la concentración de la actividad humana en zonas costeras caracterizadas por la escasez estructural de agua.

En ese sentido, España ostenta récords inquietantes. Este año, según Exceltur, llegarán a España 74 millones de visitantes, un 9% más que en 2015. A ellos se suman turistas nacionales y segundas viviendas de no residentes. El 70% de esos visitantes se concentra en áreas de riesgo: los archipiélagos, la costa mediterránea y la Andalucía no mediterránea. El ritmo de crecimiento anual es vigoroso. Se prevé que la llegada de turistas internacionales crezca a un 3,3% anual durante el periodo 2010-2030.

En la cuenca del Segura, la de mayor de escasez de agua de Europa, el déficit se estimaba en el último Plan Hidrológico en 458 hm3/año, la inmensa mayoría por usos agrarios. Para el horizonte de 2021, ese mismo plan considera un déficit de 400 hm3/año, asumiendo una aportación del Trasvase Tajo-Segura equivalente a las aportaciones medias del periodo 1980/81-2011/12.

Hará falta mucha lucidez para evitar el desierto. La presión sobre los recursos hídricos conduce a acentuar los problemas de pérdida de suelo, mucho más en un contexto de cambio climático. Somos responsables de buena parte de estos problemas; la buena noticia es que también lo somos de adoptar la solución. Ahora bien, en una frase que se atribuye por error a A. Einstein, M. Twain o B. Franklin y parece más bien de Rita Mae Brown, «es una locura hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes».