Jardín del Edén del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid
Jardín del Edén del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid - MNCN
Curiosidades de Madrid

El «macabro» Jardín del Edén que se esconde junto al paseo de la Castellana

La capital esconde este curioso espacio, desconocido para la mayoría, en la que la representación de Adán y Eva no pasa desapercibida para nadie. Descubre aquí cómo llegar hasta él

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Presiden un espacio dedicado a la ciencia pese a representar la creación del hombre por Dios en el Génesis de la Biblia. Madrid tiene a sus particulares Adán y Eva, representados como dos esqueletos, en el Real Gabinete del Museo de Ciencias Naturales. Un lugar histórico que esconde espacios tan curiosos como éste. El Jardín del Edén es para este museo un «lugar metafórico para dar nombre a las cosas. A sus personajes no les falta detalle y Eva lleva en su mano la famosa «manzana del pecado».

Este acontecimiento bíblico es, según explican en la guía didáctica, el «primer modelo literario para el procedimiento taxonómico». Adán y Eva están representados por esqueletos como referencia histórica a los teatros anatómicos de los siglos XVI y XVII en los Países Bajos, en donde los esqueletos estaban dispuestos en las salas de disección como figuras alegóricas para expresar la «brevedad de toda existencia humana».

«Su drama no se ha producido todavía», aseguran desde el museo: «Aunque Eva tiene una manzana en la mano, Adán sonríe y la serpiente no está a la vista, pero el espectador puede mirar hacia arriba, sólo para cerciorarse...» Su fondo, el «jardín», está formado por minerales y fósiles, un gran ammonites, la mandíbula de un mastodonte y una enorme vértebra. «Están colocado juntos físicamente para dar una sensación de aglutinación histórica; aglutinación de muchos detalles de origen natural para ser observados, asimilados y admirados en un lugar pequeño y artificial», aseguran.

La escena, en la que también hay pájaros, busca un pretendido efecto cercano a «El Jardín de las Delicias» de El Bosco. «Aunque no hemos podido encontrar una lagartija de dos cabezas (pintada por El Bosco saliendo de la charca), este museo que fue rico en especímenes bien podría haber tenido una criatura semejante», presumen.