Leganitos, 19: la comisaría más grande de Europa se cae a pedazos
El aspecto de una sala de trabajo con el baño sin puerta, las paredes mugrientas y los muebles, desvencijados - isabel b. permuy
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Leganitos, 19: la comisaría más grande de Europa se cae a pedazos

Es la que más carga de trabajo y de denuncias soporta del país. Un espejo «tercermundista» para los que acuden a ella

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Vergonzoso, tercermundista, impresentable, e inseguro. Esos son los calificativos que les merece a los sindicatos de la Policía Nacional el estado de la comisaría más grande de Europa: la del distrito Centro, enclavada en el número 19 de la calle de Leganitos. Visitarla es como adentrarse en un edificio antiguo y abandonado.

Es la que mayor carga de trabajo soporta —35.000 infracciones penales al año, entre delitos y faltas y una media de entre 20 y 30 detenidos cada día—, y a la que acuden a diario más denunciantes, entre ellos turistas nacionales y extranjeros, con una media de denuncias de 40.000. «La imagen que se llevan del Cuerpo Nacional de Policía es lamentable, pero es lo que hay porque la sala de espera es vergonzosa».

Y eso que cuando se implantó la Oficina de Atención al Turista Extranjero (SATE) hace unos años, las dos habitaciones destinadas esa labor «sufrieron un lavado de cara». Así explican la situación los sindicatos del Cuerpo Nacional de Policía, que llevan años reivindicando al Ministerio del Interior y a la Delegación del Gobierno la necesidad del traslado de la comisaría a unas instalaciones adecuadas y dignas, sin ningún resultado.

Goteras amarillentas por el transcurso del tiempo; suelos levantados y abombados; cortes de luz cada dos por tres; aparatos que no funcionan y que hace que los 690 agentes que trabajan en esas deficitarias condiciones pasen calor en verano y frío en invierno y se vean expuestos a que les caiga encima, como poco, el revestimento del falso techo, el yeso o las losetas de la pared. La escalera es resbaladiza y la humedad campa a sus anchas por las plantas inferiores.

«La solución, derribarlo»

Baños «fuera de servicio» u otros sin puerta; ascensores que no funcionan; cables por todas partes y fuera de los cajetines con el consiguiente riesgo de electrocución o de que se produzca un cortocircuito; paredes que no han visto una brocha desde hace décadas; despachos, por llamarlos de alguna manera, con mobiliario viejo y desvencijado... La lista es enorme, pero las imágenes que ilustran este reportaje hablan por sí mismas. Los patios interiores están llenos de desconchones en las paredes por las que asoman los ladrillos con aparatos de aire acondicionado encajados de mala manera —protegidos por cinta o cartones— en ventanas de madera dilatada que cierran a duras penas, continúan.

Los pasillos hacen las veces de taquillas en las que se cambian los agentes, y de archivo, con documentación apilada sobre sillas, con el consiguiente riesgo de incendio. «Este edificio no tiene solución. La única plausible es tirarlo y construirlo de nuevo», recalcan, no sin razón. «No soporta ni el volumen de trabajo, de infracciones ni de las miles de personas que pasan por aquí», afirman.

Las deficiencias siguen: «No hay espacio para los coches oficiales y la estrechez de la calle no reúne las condiciones para el trasiego de detenidos, que son vistos por los vecinos sí o sí. Es un despropósito e impresentable tener así una comisaría», aseveran.

Los edificios colindantes a través del patio relucen en todo su esplendor al lado de éste. Están tan cerca que «los funcionarios tienen que correr las cortinas para que los residentes no vean la documentación que manejan, algo que podrían hacer con unos prismáticos. E, incluso, desde sus ventanas podrían lanzar cualquier objeto a la comisaría».

Ninguna de las cinco plantas de este vetusto y olvidado edificio de viviendas se salva. El inmueble no cumple ninguna normativa ni en cuanto a ascensores, escaleras, salidas de emergencias, instalaciones de suministros, calabozos... «Seguro que no pasaría una inspección rigurosa de riesgos laborales ni una auditoría», relatan.