EE.UU. vio a Zapatero como un izquierdista trasnochado

Según WikiLeaks, la Embajada en Madrid cree que su política exterior «solo apunta a ganar puntos» en casa

CORRESPONSAL EN NUEVA YORK Actualizado:

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder, el Departamento de Estado de Estados Unidos, al frente del cual entonces aún estaba Condoleezza Rice, consideró que se había quedado sin interlocutor serio en España. Los cables diplomáticos masivamente desvelados por Wikileaks dan fe de unos primeros análisis demoledores: Zapatero es calificado de político «cortoplacista», con un discurso «izquierdista trasnochado» y sin ningún interés internacional más allá de utilizar la política exterior para «ganar puntos» en la política doméstica. Esa y no otra sería la clave de la retirada española de Irak.

Según el diario «El País», uno de los que ha tenido acceso a la selectiva filtración, ésta contiene 3.620 documentos originados en la embajada estadounidense en Madrid desde el año 2004, coincidiendo con el vuelco electoral en España, hasta la actualidad. De estos documentos, 103 están clasificados como secretos, 898 como confidenciales y 2.619 sin clasificar. Ninguno de ellos consta como alto secreto.

Como la mayor parte de los documentos que han trascendido esta vez, contienen un gran componente de análisis en caliente, opiniones y juicios a vuelapluma e incluso cotilleo puro y duro. Pero no dejan de ser la «photo finish» de un momento muy concreto de verdadero giro copernicano en la relación entre España y Estados Unidos.

Tres embajadores Es habitual que cada vez que se produce un suceso importante en un país el Departamento de Estado ordene una oleada de consultas y de análisis. En España lo hicieron a la muerte de Franco, cuando tuvo lugar el golpe de Estado del 23-F, etc. En este caso se siguió el procedimiento habitual de multiplicar los contactos y conversaciones con toda clase de interlocutores, que incluyen a Zapatero y a Aznar pero también a Mariano Rajoy, Felipe González y el Rey Juan Carlos.

Desde muchos años atrás, antes incluso de ser rey, Don Juan Carlos ha sido la figura política española más respetada en Estados Unidos. En un momento dado fue considerado por Washington casi la única garantía de éxito de la Transición española. Esta visión se consolidó y acrecentó con el protagonismo regio en la desarticulación del 23-F y vuelve a ponerse de manifiesto después del 11-M y de las agitadas elecciones generales españolas celebradas tres días después.

En informes de tres embajadores norteamericanos, de sus subordinados y a veces de la CIA se concluye entre otras cosas que el PP perdió esos comicios por su «torpe» gestión política de los atentados del 11-M, y que eso sirve el poder en bandeja a un presidente del que no esperan nada bueno.

La decepción es, pues, doble, pero en el caso de Zapatero va acompañada de una frialdad y un desprecio que provocarán que George W. Bush ni se ponga al teléfono cuando el presidente español le llama para felicitarle por su reelección. Ni por supuesto le devuelva la llamada.

Congraciarse en lo posible Empieza aquí una curiosa dinámica a través de la cual el gobierno Zapatero alterna públicas soflamas de independencia frente a Washington, o incluso de antiamericanismo, con incontables gestiones más discretas para volver a ganarse el favor de Estados Unidos. Muy lentamente se consigue cierto deshielo, aunque ni mucho menos el retorno a antiguas confianzas. En el Departamento de Estado han salido escaldados una vez, y no habrá segunda. Creen que con presidentes así la política exterior de España no puede ser firme, sino avanzar en un «errático zig-zag».

Otras cosa es que, con el paso del tiempo, el gobierno español no dudará en dar facilidades para por ejemplo trasladar a España presos de Guantánamo, todo ello para volver a congraciarse en la medida de lo posible con Estados Unidos.