El voto de los pobres, clave en las elecciones en Argentina
Niños «cartoneros» en el barrio porteño de La Matanza - C. DE CARLOS

El voto de los pobres, clave en las elecciones en Argentina

Fenómenos como el de La Matanza explican el «tirón» de Cristina Fernández Kirchner

CARMEN DE CARLOS
CORRESPONSAL EN BUENOS AIRES Actualizado:

La Matanza suma más votos que toda La Patagonia junta. Poblado de viviendas paupérrimas, en la mayor parte de este territorio, de 323 kilómetros cuadrados, no hay servicio de gas o red de alcantarillado. Las «niñas-bebés», de 11 y hasta 12 años, pasean con sus criaturas en brazos. «El paco», primer filtro de la cocaína, se fuma en las calles y «las pastillas», como se refieren sus habitantes al éxtasis, se venden de una en una o por mitades.

La delincuencia se disfraza de juventud entre los casi dos millones de habitantes de este distrito. Los vecinos se protegen entre ellos y se han registrado casos de justicia por propia mano. La secuencia sucede aquí, en la zona de Villa Dorrego, pero la historia podría contarse en cualquiera de las otras 155 barriadas de chabolas que hay en el «Gran Buenos Aires», como se denomina al primer cordón de la provincia.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner convenció, en las primarias de agosto, al 65 por ciento de los votantes de La Matanza de que ella era su única opción. Los sondeos anticipan que este domingo el porcentaje que obtendrá en el escrutinio no variará sustancialmente y será reelecta. Históricamente los votos de La Matanza son claves para definir una elección reñida. Así fue con Néstor Kirchner en mayo del 2003. El escueto 22 por ciento con el que logró pasar a la segunda vuelta –nunca celebrada- contra Carlos Menem, que se retiró, tuvo su explicación quizás aquí. Feudo peronista, desde entonces está bajo control del kirchnerismo pero antes, durante una década, fue territorio del ex presidente y hoy candidato presidencial Eduardo Duhalde.

La Matanza, por su extensión, se la considera una especie de quinta provincia, mayor que Mendoza, Tucumán, Misiones o Entre Ríos. En algunos sectores de la denominada «zona roja» los técnicos de Telefónica y de las compañías de electricidad se niegan a entrar. «les roban el cobre», explica Alicia Trejo, de 50 años. La mujer tiene seis hijos y siete nietos, «no tenemos agua corriente, la sacamos del pozo. El estado está ausente», se lamenta. Lo mismo sucede con el transporte público, «por seguridad los colectivos (autobuses) de la línea 378, de la empresa particular Almafuerte, no entran al fondo del barrio. Por suerte los “remises solidarios” funcionan». Alicia se refiere a los coches taxi, en su mayoría Ford Falcon, de infausto recuerdo durante la dictadura (1976-83) pero salvavidas en esta localidad. Sin ellos estarían perdidos. Marcos Molina, parado de 27 años, ataja: «Vivimos de lo que podemos. Soy carpintero pero hago lo que haga falta».

En las puertas de Villa Dorrego –villa en Argentina es sinónimo de chabola- se suceden carteles que anuncia la compra de «plomo, aluminio y otros metales» «para reciclar». También de «cartón y botellón».

La Matanza está considerada la quinta provincia en población, «pero no te dan bola», comenta Ortiz Santos, parado de 38 años con diez hijos. La mayoría de los habitantes reciben diferentes subsidios del Gobierno de Cristina Kirchner. «La asignación universal por hijo nos salva», interviene una mujer con parte de la prole correteando. Se trata de un subsidio de unos 63 dólares mensuales que reciben los padres de tres millones y medio de chicos. Daiana Ludueña opina diferente: «Tengo planes (subsidios) pero no tengo futuro. El Gobierno los utiliza para presionarte. Lo mismo sucede con la tarjeta de leche», dice en referencia a los 18 dólares que recibe al mes para alimentación.

Las «ayudas sociales», entre ellas el aumento de las jubilaciones mínimas a 335 dólares, -de más de 360 por ciento durante el doble Gobierno de los Kirchner-, y el aumento del sueldo mínimo a 540 dólares, explican en buena medida el voto de los pobres y la clase media a Cristina Kirchner.