El primer ministro chino, Wen Jiabao (centro) en la Asamblea Popular - EFE

China promete más igualdad para evitar protestas a lo árabe

Wen Jiabao llama a la estabilidad en la reunión anual del Parlamento

CORRESPONSAL EN PEKÍN Actualizado:

Mientras las dictaduras de todo el mundo contemplan con preocupación las revoluciones que sacuden a los países musulmanes, otro régimen de partido único como el chino promete más igualdad y justicia para acabar con el riesgo de un estallido social. Ese el mensaje que lanzó ayer el primer ministro, Wen Jiabao, al inaugurar la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular, una especie de Parlamento orgánico que aprueba sin rechistar todas las leyes y propuestas del Partido Comunista.

«Debemos tomar la mejora de la vida de las personas como un eje básico que aúne reforma, desarrollo y estabilidad, y asegurarnos de que la gente está contenta con su existencia y sus trabajos, la sociedad está tranquila y ordenada y el país disfruta de paz y sosiego», propuso Wen ante los casi 3.000 diputados reunidos en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín.

Su llamamiento coincide con las recientes convocatorias a través de internet de protestas contra el Gobierno chino inspiradas en la «Revolución de los Jazmines», que derrocó primero al dictador tunecino Ben Alí y ha generado un tsunami político que se ha cobrado ya la cabeza del presidente egipcio, Hosni Mubarak, y amenaza al sátrapa libio, Muamar Gadafi, con una guerra civil.

Para que dichas revueltas no se contagien a China, el régimen no sólo ha censurado la información, sino que ha detenido o confinado bajo arresto domiciliario a numerosos disidentes y atajado de raíz cualquier conato de manifestación en las grandes ciudades. El «Diario de Pekín», altavoz del Partido Comunista, ha advertido contra tales revoluciones asegurando que «sólo han traído calamidades a la gente». «Dentro y fuera, algunas personas quieren trasladar ese caos a China usando internet para organizar reuniones ilegales», asegura.

Al contrario que en los países árabes, un levantamiento masivo resulta improbable en China por el progreso y la mejora del nivel de vida que ha traído su extraordinario crecimiento económico. Pero, con una población de 1.350 millones de habitantes y abismales diferencias sociales, el régimen está nervioso por la corrupción rampante y la inflación, que subió un 4,9% en enero, disparó los precios y agrandó la burbuja inmobiliaria.

«Aún no hemos solucionado adecuadamente algunos asuntos que preocupan a las masas, como la carestía de la vivienda, la salud alimentaria y las expropiaciones ilegales de tierras», reconoció Wen Jiabao, quien anunció una lluvia de millones en programas sociales, educativos y sanitarios al presentar el XII Plan Quinquenal (2011-2015).

Cambio de modelo

Al final del mismo, y con un crecimiento medio del 7%, el Producto Interior Bruto (PIB) deberá situarse en torno a los 6 billones de euros, confirmando así su ascenso como superpotencia destinada a rivalizar con EE.UU. por la hegemonía mundial. El reto de China consiste en cambiar su modelo de crecimiento, que hasta ahora se había basado en las exportaciones salidas de la «fábrica global» y aspira a madurar sustentándose en el consumo doméstico.