Theresa May, durante una rueda de prensa delante del número 10 de Downing Street en Londres
Theresa May, durante una rueda de prensa delante del número 10 de Downing Street en Londres - Efe

May acusa a la UE de tratar de interferir en las elecciones británicas

La primera ministra lanza desde la calle del Número 10 un duro ataque contra «los burócratas europeos»

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Culpar al enemigo exterior de las propias tribulaciones es un clásico de la política, y no precisamente de la mejor. Theresa May lo ha desempolvado hoy con una inesperada y dura intervención contra la UE, a la que ha acusado de «actos deliberados para tratar de afectar al resultado de las elecciones del 8 de junio». May ha lanzado su andanada con el formato de las ocasiones solemnes: en un atril en la calle frente a la puerta del Número 10. La primera ministra ha convertido además un discurso de aspecto institucional, pues venía de comunicar a la Reina la disolución del Parlamento, en un auténtico mitin electoral.

La polémica comenzó este lunes, cuando un influyente periódico alemán «Frankfurter Allgemeine» filtró una versión de la cena que mantuvo la pasada semana en el Número 10 la primera ministra con Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, y Michel Barnier, jefe negociador del Brexit por parte comunitaria. El relato del diario venía a contar como Juncker le había bajado los humos a May con un baño de realidad. Además relataba que los enviados comunitarios la habían encontrado instala en las «fantasías» brexiteras y sin conocimientos de cómo funciona una compleja negociación europea.

Diez meses de incertidumbre

El lunes, al conocerse la filtración, May la desdeñó como «cotilleos de Bruselas», pero la bola ha seguido engordando y altos funcionarios comunitarios incluso habían comenzado a mofarse de la inconsistencia de la postura negociadora británica. La gota que pudo colmar el vaso para May es que esta mañana de miércoles Michel Barnier acusó al Gobierno británico de «causar diez meses de una incertidumbre que debe acabar ya». Recordó que los 28 comprometieron proyectos por toda Europa, con inversiones concretas, que no se pueden parar ahora al capricho inglés, por lo que habrán de abonar un multimillonario finiquito de saluda. «No es la factura del Brexit, es la factura de un dinero que se había comprometido«, explicó. Si el Reino Unido se resiste a abonar su factura de salida, Barnier advierte que habrá «consecuencias políticas y legales«, es decir, la UE litigaría.

La respuesta de May llegó a primera hora de la tarde y ha sorprendido por su dureza, arremetiendo hasta contra el periódico alemán: «En los últimos días hemos visto cosas que muestran lo duras que serán estas negociaciones. La posición negociadora británica ha sido malinterpretada por la prensa continental, la postura de la UE se ha endurecido, funcionarios y políticos europeos han lanzado amenazas contra Gran Bretaña. Todos estos actos han sido programados deliberadamente para afectar al resultado de las elecciones del 8 de junio».

May o el caos

May, que despreció a los políticos comunitarios llamándolos «los burócratas de Bruselas», señaló que «algunos allí no quieren que tengamos éxito, no quieren que Gran Bretaña prospere». Como repite cada día, utilizó el debate para apoyar su lema de campaña: «Ante esta situación necesitados un primer ministro y un Gobierno fuerte y estable». Explicó que solo dos personas pueden llegar al Número 10, ella o Corbyn, y con el líder laborista «llegaría un caos y un Parlamento ingobernable».

Con una cierta incongruencia, May repitió su frase brexitera de «es mejor ningún acuerdo que un mal acuerdo», al tiempo que reconocía que «el Brexit es el asunto central de esta campaña» y que si no se negocia bien «estarán en riesgo los buenos sueldos que queremos que tengan nuestros hijos y sus hijos». Es decir: por un lado amenaza con que está dispuesta a marcharse dando un portazo y sin acuerdo, pero al tiempo reconoce que no alcanzarlo resultaría absolutamente traumático para su país.

Las críticas de la oposición fueron inmediatas. «Está jugando con el Brexit para tratar de ganar ventaja electoral», le reprochó Corbyn, a 20 puntos en intención de voto y que está haciendo una campaña dispersa y más bien desapercibida. «Pese a todas las bravatas, la verdad es que la influencia del Reino Unido en estas negociaciones es extremadamente limitada», reconoció, señalando el hecho cierto de que Gran Bretaña está en situación de clara inferioridad en un pulso ante los 27. «Es un ataque gratuito e irresponsable. Utiliza a la UE como el coco para tapar la mala gestión tory en sanidad, bienestar, economía y austeridad».

Nicola Sturgeon, la separatista de izquierdas que gobierna en Escocia, tildó a May de «profundamente irresponsable» al «envenenar la atmósfera con la UE por razones partidarias». Los liberales se expresaron en términos similares: «Ha montado una pelea para sus propios fines políticos».