Dos sospechosos de la matanza de Nueva Zelanda, en libertad al descartarse que sean cómplices

El hallazgo de un nuevo cadáver eleva a 50 el número de muertos

Christchurch (Nueva Zelanda) Actualizado: Guardar
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Entre la conmoción, los homenajes y la psicosis terrorista, en Nueva Zelanda sigue la investigación por el brutal atentado contra dos mezquitas de Christchurch. Tras la imputación por asesinato de Brenton Tarrant, el autor de la masacre, ayer fueron liberados los otros dos sospechosos detenidos el pasado viernes. Así lo informó el jefe de la Policía, Mike Bush, quien descartó que fueran cómplices de Tarrant.

En concreto, se trata de una mujer que fue puesta en libertad sin cargos y un hombre acusado de un delito relacionado con armas de fuego, pero no implicado en el tiroteo de las mezquitas. Todo indica que estaban haciendo algún trapicheo ilegal en el lugar equivocado y en el momento más inoportuno, y que cayeron detenidos cuando la Policía iba a la caza de Tarrant.

Además, el hallazgo de un nuevo cadáver en la mezquita de Al Noor elevó a 50 el número de fallecidos en el doble atentado. Solo en dicha mezquita, la primera en ser asaltada, fueron asesinadas 42 personas, mientras que otras siete murieron en el centro islámico de Linwood y un herido más falleció luego en el hospital de Christchurch. De los 48 heridos que había, allí siguen hospitalizados 34, doce en estado crítico. Entre la vida y la muerte, una niña de cuatro años ha sido trasladada al hospital infantil de Auckland, en la isla norte de Nueva Zelanda.

En un país en estado de «shock» por este atentado, que ha roto su idílica convivencia social y religiosa, Tarrant, de 28 años, fue acusado formalmente de asesinato el sábado. Al comparecer ante el juez, hizo el gesto de los supremacistas blancos, visiblemente orgulloso de haber matado a medio centenar de inmigrantes musulmanes, a los que tilda de amenaza invasora en un manifiesto racista colgado en las redes sociales.

Envió antes el manifiesto

La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, confirmó ayer que nueve minutos antes del atentado su oficina recibió el escrito por correo electrónico. Fue enviado también a otros 30 destinatarios, entre ellos políticos, instituciones y medios de comunicación.

Para homenajear a las víctimas, Ardern depositó un ramo de flores en la mezquita de Kilbirnie, en Wellington, en un acto donde las emociones estaban a flor de piel. Entre lágrimas, se abrazó con varios miembros de la comunidad musulmana para expresarles su solidaridad y la de toda la sociedad neozelandesa, que se está volcando en vigilias multitudinarias.

En medio de la tensión que ha desatado esta psicosis terrorista, la Policía neozelandesa cerró anoche el aeropuerto de Dunedin, la ciudad a 330 kilómetros de Christchurch donde vivía Brenton Tarrant hasta cometer el ataque. Según el periódico local «Otago Daily Press», la detección de una «bolsa sospechosa» en uno de sus edificios obligó a las autoridades a llamar a los artificieros y al Ejército, que evacuaron el aeropuerto. Cuando todavía no se ha recuperado de la tragedia, un nuevo susto volvía a sacudir a Nueva Zelanda.