La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, asiste a un acto con profesores y estudiantes
La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, asiste a un acto con profesores y estudiantes - EFE

Rousseff llama «jefe de la conspiración» a su vicepresidente

Al aludir a una grabación divulgada erróneamente por Temer, en la que da por hecho que será el nuevo presidente de Brasil, la mandataria aseguró que «cayeron las máscaras de los golpistas»

Corresponsal en Sao PauloActualizado:

Con las calles y el Congreso de Brasil polarizados, la presidenta Dilma Rousseff señaló este martes a su vicepresidente, Michel Temer, como «uno de los jefes de la conspiración» que pretende reducir su mandato por medio de un juicio político con miras a su destitución. Rousseff se refería a una grabación divulgada el lunes sin querer por Temer en la que da por hecho la salida de la presidenta e insta a la formación de un gobierno de «salvación nacional». A finales de marzo, Temer lideró la salida del Gobierno de su formación, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), y parece que da por hecho que será el nuevo presidente. En un grupo de Whatsapp se le escapó el discurso que pronunciará tras la previsible derrota de Rousseff el domingo, lo que ha caído como una bomba en el Congreso. El oficialismo lo considera una prueba de la conspiración contra Rousseff, pero no parece que tendrá un gran impacto. «Cayeron las máscaras de los golpistas», subrayó Rousseff.

Una barrera de acero de un kilómetro divide ahora la Esplanada de los Ministerios en Brasilia, donde se encuentran las sedes de los tres poderes y todos los ministerios. El muro construido por presidiarios a cambio de la reducción de sus penas se ha convertido en el símbolo de cómo está Brasil en vísperas de una votación que puede terminar con el Gobierno de Dilma Rousseff.

Varias ciudades preparan operativos de seguridad para evitar enfrentamientos entre manifestantes divididos

Varias ciudades están preparando operativos de seguridad para evitar enfrentamientos entre manifestantes divididos entre la destitución y la permanencia de Rousseff. Las izquierdas y los movimientos sociales se han unido para afrontar lo que consideran un «golpe contra la democracia». Partidarios de ambos bandos ya están acampados en Brasilia y en otras capitales a la espera de la votación.

El clima de división y tensión se repite en el Congreso, donde la presidenta perdió el lunes la primera votación que puede conducir a su destitución. Por 38 votos frente a 27, la comisión parlamentaria creada para analizar la petición de juicio político recomendó la destitución de Rousseff. Ahora el plenario se prepara para la decisión final en la Cámara, prevista entre los próximos viernes y domingo.

La esperada derrota ha encendido las luces de alarma en el Palacio del Planalto y entre los militantes del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), que persiguen a los indecisos para alcanzar el tercio de votos que necesitan para la supervivencia de Rousseff.

El riesgo de la mandataria es alto. Según cálculos de diarios locales, ya hay 360 votos contrarios a Rousseff, 18 más de los 342 necesarios para destituirla durante seis meses, mientras espera en casa a que el Senado tome la decisión definitiva.

Campaña del PT para captar votos

Dirigentes del PT, entre ellos el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, se han embarcado en una carrera contra reloj para conseguir el tercio de votos que necesitan, y para ello se valen de acuerdos y promesas de cargos y recursos. Los petistas confían en que si la comisión no consiguió dos tercios de los votos el pasado lunes, eso mismo puede ocurrir en el plenario el próximo domingo.

Otra estrategia del PT es llenar las calles de manifestantes en un intendo de demostrar que Rousseff no está sola, al contrario de lo que le ocurrió al expresidente Fernando Collor, que salió por la puerta trasera del Palacio del Planalto en 1992 y fue destituido por corrupción.