El Ramadán más dramático
Niños en las afueras del campament de Dadaab - eduardo s. molano

El Ramadán más dramático

Los refugiados del campo de Dadaab, en la frontera entre Kenia y Somalia, soportan el mes sagrado musulmán sin pedir comida y a la espera de que los trabajadores regresen al trabajo

enviado especial a dadaab Actualizado:

Apenas son las ocho de la mañana y en las entrañas de Dagahaley -uno de los tres centros que componen el campo de refugiados de Dadaab-, la estampa es uniforme: Labios secos, cuerpos azotados por el polvo y la arena, y en el camino, más de un millar de somalíes que esperan su turno para ser registrados. Tierra yerma carente, desde hace días, de agua. Aunque hasta el anochecer, “nadie” la demande.

Tras más de dos décadas de conflicto armado y con los posos humanitarios de la peor sequía en los 60 años, Somalia afronta desde este lunes un Ramadán -mes sagrado para los musulmanes- especialmente dramático para sus seguidores.

Ibrahim Awadh es fiel reflejo de esta situación. Desde hace dos días, este somalí de 30 años apenas ha probado bocado. Sin embargo, y pese a arribar esta mañana al considerado mayor campo de refugiados del mundo, ayunará hasta el anochecer.

“Si en condiciones normales, cumplir con los prefectos del Ramadán -abstinencia total de comida, bebida y relaciones sexuales desde el alba hasta la puesta de sol- ya de por sí es complicado, ahora lo es más aún, al estar nuestros cuerpos debilitados tras días de caminata”, asegura a ABC.

Al igual que Awadh, cerca de 1.300 personas llaman cada día a las puertas de Dadaab, en la frontera entre Kenia y Somalia. La mayoría, tras recorrer centenares de kilómetros desde sus lugares de origen.

Abdisalama Yunis es uno de ellos. En las últimas 72 horas, este joven de 20 años tan solo ha ingerido una taza de té. “En Ramadán, normalmente realizamos una comida opípara durante la noche, aunque -a día de hoy- no sé cuándo será la próxima”, asegura este somalí originario de Kismayo, al sur del país.

Sin embargo, en Dadaab, el drama de los recién llegados no se limita al actual ayuno forzado (del que permanecen exentos los menores de edad, ancianos, enfermos, mujeres embarazadas o con la menstruación).

Como señala Isaac Ndolo, coordinador del proyecto humanitario que el Consejo Nacional de Iglesias de Kenia mantiene en este campo de refugiados, “en estos días, la situación es especialmente dramática para los recién llegados, ya que gran parte de los trabajadores del centro (la mayoría de origen somalí) no comienzan su jornada laboral hasta el anochecer, reduciéndose así los servicios ofertados”, reconoce.

Mientras, en una crisis que no cesa, la comunidad internacional comienza a actuar. Aunque a cuentagotas.

Ayer, el vicepresidente de la Unión Africana, Erastus Mwencha, aseguró que su organización celebrará el próximo 10 de agosto una cumbre de donantes para comprometerse con la crisis humanitaria que actualmente padece el Cuerno de África.

A través de un comunicado, Mwencha pidió “a todo el continente africano, desde el cabo más al norte hasta el cabo más al sur, que decidan cómo pueden contribuir para aliviar el sufrimiento”.

Porque la miseria, no es solo alimenticia.