Moon Jae-in y Kim Jong Un, durante su encuentro - AFP | Vídeo: EP

El presidente de Corea del Sur llega a Pyongyang para su tercera cumbre con Kim Jong-un

Moon Jae-in media entre el régimen comunista norcoreano y Estados Unidos para desatascar su desarme nuclear

Corresponsal en PekínActualizado:

En otro viaje para ser recordado en los libros de Historia, el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, ha llegado este martes a Pyongyang (durante la madrugada en España) para su tercera cumbre con Kim Jong-un. A pie de pista, allí le esperaba el joven dictador junto a su esposa, quien ha dado la bienvenida a la primera dama surcoreana. Su aterrizaje ha sido emitido en directo por televisión en Corea del Sur, la primera vez que el régimen comunista de Pyongyang permite algo así. Mientras tanto, y como suele ser habitual en estos casos, la televisión norcoreana sigue emitiendo su carta de ajuste, a la espera de que el departamento de censura y propaganda edite las imágenes del encuentro.

Procedente de la base aérea de Seongnam, cerca de Seúl, Moon y su equipo, formado por 110 personas, han aterrizado en Pyongyang al filo de las diez de la mañana (tres de la madrugada, hora peninsular española). Tras la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Sunan, donde un grupo de niños de los exploradores comunistas ha entregado un ramo de flores a la pareja visitante, un banquete oficial precede a la primera reunión de la tarde. En los tres días que Moon pasará en Pyongyang, Moon podría verse siete u ocho veces con Kim, quien le agasajará con una serie de banquetes y actividades como representaciones artísticas y conciertos, según informa la agencia Yonhap.

Tras sus cumbres de abril y mayo, se trata de su tercer encuentro, pero el primero que tiene lugar en la capital norcoreana porque los anteriores fueron en la frontera del Paralelo 38. En esta ocasión, Moon ha podido poner pie en Pyongyang, como ya hicieran sus antecesores Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun cuando se reunieron con el padre del actual dictador, el «Querido Líder» Kim Jong-il, en 2000 y 2007, respectivamente.

Con su visita, Moon Jae-in persigue desbloquear el desarme nuclear que Kim Jong-un le prometió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su histórica cumbre de junio en Singapur. Un proceso que parece estancado porque Trump canceló a finales del mes pasado el viaje que su secretario de Estado, Mike Pompeo, tenía previsto efectuar a Corea del Norte para empezar a avanzar hacia su desnuclearización. Mientras la Casa Blanca alega falta de progresos porque Pyongyang todavía no ha entregado un inventario de su material atómico, el régimen de Kim Jong pretende que antes se levanten algunas de las sanciones que asfixian su economía.

«Un objetivo es seguir desarrollando las relaciones intercoreanas y el otro es promover el diálogo del Norte con EE.UU. para la desnuclearización de la Península», anunció el presidente Moon la semana pasada. Para ello, y como ya hizo en sus dos anteriores encuentros con Kim Jong-un, recurrirá a toda su paciencia y habilidad con el fin de recuperar los contactos con Trump.

A pesar del actual punto muerto, en los últimos días se han sucedido los gestos por ambas partes. El más importante ha sido la carta que, solicitando una nueva cumbre, el propio Kim Jong-un ha enviado a Trump, que este ha calificado de «afectuosa» y «muy positiva». A tenor de los emisarios surcoreanos, el joven dictador quiere que la desnuclearización esté terminada antes de 2021, que es cuando acaba el primer mandato del presidente estadounidense. Ahora está por ver si el presidente surcoreano se vuelve a Seúl con la posible fecha para otro encuentro entre Kim y Trump, con quien se reunirá en los próximos días durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York.