Malí se acerca más al precipicio
Asaltantes en el interior del palacio presidencial de Bamako, donde fue herido el presidente interino - reuters

Malí se acerca más al precipicio

El asalto al palacio presidencial por seguidores de los militares golpistas siembra nuevas incertidumbres y refuerza a los tuaregs y los yihadistas que mandan en el norte

madrid Actualizado:

Miles de personas se echaron a la calle en Bamako este lunes para protestar por el acuerdo que concede un año de mandato al presidente interino, Dionkounda Traoré, para que lidere la transición. Cientos de esos manifestantes acabaron asaltando el palacio presidencial y agrediendo a Traoré, que pasó varias horas en un hospital.

El palacio presenta todavía las heridas del asalto al que fue sometido por el golpe militar del pasado 22 de marzo. Entonces, el presidente electo Amadou Toumani Touré, acogido ahora en Senegal, fue apeado del poder en un país que presenta serios problemas de seguridad en el norte pero cuyo gobierno era visto como democrático y estable. Es más, los bandazos del poder en la capital no hacen más que reforzar la potencia de los grupos armados que se han hecho fuertes en esa región del país.

Dos meses después, el edificio presidencial, levantado en la vecina colina de Kouluba, ha vuelto a ser tomado, esta vez por civiles, para impedir que Traoré comande la transición. Los manifestantes piden que el capitán Amadou Sanogo, que lideró la asonada de marzo, sea quien lleve las riendas del país.

Sanogo está respaldado por los asaltantes del palacio, pero no cuenta con ningún tipo de apoyo ni entre los países africanos ni entre las Embajadas con sede en Bamako. El propio capitán acabó aceptando este fin de semana a regañadientes el periodo de un año de mandato para Traoré. A cambio, ha obtenido inmunidad para él y sus hombres y conseguir el estatus de ex jefe del Estado, lo que le permitirá disponer de un sueldo, una casa y seguridad, todo por cuenta de las arcas públicas.

Los países vecinos de Malí, de la mano de la Comunidad Económica de Países del África Occidental (Cédéao, según sus siglas en francés), llevan semanas tratando de parar la carrera sin frenos de este país hacia un precipicio desconocido. Sus negociadores intentan cerrar la crisis a varias bandas, en Bamako y en el norte. Las autoridades malíes han rechazado la presencia de tropas de pacificación de la Cédéao. En caso de que las hubieran aceptado no parece que esos 3.000 hombres fueran suficientes para desplegarse en el norte y hacer frente a tuaregs, yihadistas y terroristas.

La situación degeneró en Malí cuando a mediados de enero la rebelión independentista tuareg volvió a alzarse en armas en el norte del país contra las autoridades de Bamako. Algunos de los integrantes del grupo que combatió y venció al Ejército habían retornado al país bien armados tras haber trabajado durante años para Muamar Gadafi en Libia. A primeros de mayo los tuareg autoproclamaron la independencia del que consideran su territorio, al que llaman Azawad, en el inmenso e inhóspito norte del país. Esa declaración no cuenta con reconocimiento alguno.

Paralelamente grupos yihadistas aprovecharon la ocasión para hacerse también fuertes en los núcleos urbanos principales, sobre todo las tres capitales de provincia: Tombuctú, Gao y Kidal, donde tratan de imponer la «sharía» (ley islámica).

Españoles secuestrados

Todo en una zona sacudida por la hambruna y convertida desde hace años en santuario del Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI) y grupos afines, donde sus células retienen a varios extranjeros secuestrados, entre ellos los cooperantes españoles Ainhoa Fernández y Enric Gonyalons.

Esa inestabilidad ha empujado ya a más de 300.000 personas fuera de sus lugares de residencia, muchos de ellos han escapado de la violencia más allá de las fronteras nacionales y se encuentran refugiados en países vecinos.

Para supuestamente tratar de poner freno a esta situación de caos y violencia en el norte, el capitán Sanogo organizó el golpe de Estado el 22 de marzo. Las consecuencias saltan a la vista. Todo ha ido a peor. Y si alguien albergaba un ápice de optimismo probablemente lo habrá perdido con el asalto al palacio persidencial por los seguidores de este militar.