Protesta de los chalecos amarillos en París el pasado diciembre
Protesta de los chalecos amarillos en París el pasado diciembre - Afp

Macron quiere acabar con un modelo que permite a los parados cobrar más que por trabajar

El presidente de Francia prevé lanzar esta primavera la reforma global del modelo de pensiones y seguro de desempleo

Corresponsal en ParísActualizado:

En Francia, un ejecutivo que haya cobrado sueldos altos puede cobrar un seguro de paro que puede ser diez veces superior a un salario bajo, y muchos parados pueden cobrar prestaciones más altas que cuando tenían un contrato de duración indeterminada.

El gobierno de Emmanuel Macron se propone lanzar esta primavera una reforma global de las pensiones y el seguro de desempleo, con dos principios básicos: subir las cotizaciones de las empresas y reformar los efectos perversos del sistema actual.

Solo hay dos pequeños «problemas»: los 10.000-15.000 millones de euros de concesiones a la franquicia de los chalecos amarillos han agravado los desequilibrios de los presupuestos del Estado; los déficits y la deuda pública continúan creciendo, confirmando que Francia no podrá cumplir los compromisos nacionales con la zona euro, instalada en el «pelotón de los torpes».

Intentando hacer pedagogía para lanzar la gran reforma pendiente de las pensiones y el seguro de desempleo, Édouard Philippe, primer ministro, ha utilizado la artillería pesada sobre el estado de ambas cuestiones.

Según Philippe, unos 800.000 franceses cobran seguros de desempleo más altos que los salarios que cobraban cuando tenían trabajo. Se trata de un efecto perverso, bien conocido, del modelo francés: muchos ejecutivos y cuadros medios tienen por contrato unos «bonos» que se hacen efectivos si son despedidos. El paro puede ser más «rentable» que un contrato más o menos fijo.

Ese y otros efectos perversos provocan distorsiones bien conocidas. Un ejecutivo en el paro puede llegar a cobrar prestaciones de 2.000 a 5.000 euros, muy superiores a la media europea y nacional, que puede caer a los 200 o 300 euros, según la categoría social.

Con el fin a afrontar tales problemas de fondo, Philippe ha dado a conocer las grandes líneas de la reforma que debiera presentarse oficialmente la primavera que viene: subirán las cotizaciones empresariales, pudieran pedirse prestaciones «cívicas» a los parados más favorecidos, se intentará «igualar» los muy distintos servicios de pensiones y seguro de desempleo.

En Francia, pensiones y desempleo son muy diferentes en el sector público (muy privilegiado, con jubilaciones a partir de los 55 años, con empleo fijo) y el sector privado (donde existen disparidades que pueden ir de 1 a 10, entre un parado de la Francia modesta y periférica y un parado de la alta administración del Estado).

Se trata de reformas «clásicas», contra las que se han estrellado todos los presidentes de Francia, desde hace décadas. Macron prometió que serían una de las prioridades de su presidencia.

Las reformas anunciadas por Philippe amenazan con ser un problema político y económico de fondo: todas las cuentas públicas se han deteriorado, tras las concesiones de 10.000 a 15.000 millones de euros a la franquicia de los chalecos amarillos.

Crecimiento muy inferior al previsto

Según las últimas estimaciones europeas, la economía francesa solo crecerá este año un 1,3%. Crecimiento endémico, inferior al crecimiento de España, muy inferior al previsto por Macron, cuando siguen creciendo los déficits públicos y la deuda.

Se teme que los déficits estatales asciendan este año al 3,2% del PIB, cuando la deuda pública estará rozando el 99/100% del PIB. Dos catástrofes estructurales.

Como sus antecesores, Macron paga el bienestar nacional con deuda pública y déficit, alejándose de los compromisos de Estado con la zona euro.

Angela Merkel le recordó a Emmanuel Macron esos problemas de fondo, en su último encuentro, la tarde del miércoles. Horas más tarde, la Comisión europea hizo públicas sus «reservas» e «inquietud»: Francia vuelve a correr el riesgo de incumplir todas las normas y compromisos de la zona euro, instalándose en el pelotón de los «torpes».