Macron, abucheado en una empresa Amiens por trabajadores en huelga

Su rival, Marine Le Pen, protagonizó una astuta jugada visitando horas antes la fábrica de Whirpool para denunciar su proyecto de deslocalización

PARÍSActualizado:

Emmanuel Macron comienza la segunda vuelta de la elección presidencial con unos apoyos tan masivos y contradictorios que podrían diluir su fuerza aparente, en beneficio de su rival, Marine Le Pen, que lanza un mensaje simple, comprensible y temible: “El voto final será un referéndum a favor o en contra de la mundialización”.

El candidato social reformista ha comenzado una campaña “tranquila” y “responsable”. Y está recibiendo de su rival de extrema derecha una respuesta brutal e inquietante.

Tras una tranquila jornada de reflexión, Macron decidió relanzar su campaña en el Norte, en Amiens, su ciudad natal, visitando una compañía en crisis, Whirpool, donde se prolonga desde hace semanas un conflicto social muy tenso. Por parte de Macron se trataba de enviar un “mensaje social”. Antes de intentar dialogar con los sindicalistas que están al frente del conflicto social, visitó la Cámara de comercio de Amiens. Con una rapidez temible, Le Pen se presentó ante el comité de huelga de Whirpool, gritando: “¡Solo yo defiendo a los obreros de Francia!”. Mientras Macron era fotografiado con las fuerzas vivas y el poder económico-empresarial de Amiens, Le Pen se fotografiaba con los obreros en huelga…

Cuando, horas más tarde, Macron se presentó ante los trabajadores de Whirpool fue recibido con pitidos y abucheos. Y gritos de “¡Marine presidenta! ¡Marine presidenta!”. Difícil saber si se trataba de un griterío provocado por obreros o militantes de extrema derecha. De vuelta a París, Le Pen publicó un comunicado solemne anunciando que ella “salvará” Whirpool de una “deslocalización salvaje”.

Primera batalla ganada para Le Pen, con mucha metralla política de fondo. En París, un antiguo consejero íntimo de Mitterrand, Jacques Attali, firme defensor de Macron, se permitió afirmar que la batalla sindical de Whirpool es “insignificante”. El comentario cayó como una bomba en el cuartel general de Macron, donde un portavoz del candidato se apresuró a reaccionar: “¡Attali no pinta nada! ¡Que se calle!”. Pequeño matiz: el mismo Attali estaba el domingo entre los “happy few” a quienes Macron invitó a celebrar su primera victoria en un conocido restaurante en el corazón de Montparnasse.

Sin duda, la batalla de Whirpool no prejuzga la evolución de la campaña. Pero… sí deja al descubierto las contradicciones y riesgos del candidato social reformista, apoyado por corporaciones y personalidades tan diversas y antagónicas como la patronal, el presidente Hollande y el ex presidente Sarkozy.

Bernard Arnault, uno de los hombres más ricos del mundo, propietario del consorcio LVMH, declaró ayer su “simpatía” por el proyecto económico de Macron, como antes había hecho el Movimiento de las empresas de Francia (MEDEF, la patronal). En otra sociedad, cultura y situación, se trataría de apoyos capitales. En el caso francés, se trata de apoyos parcialmente envenenados. Del 30 al 40 % de los obreros franceses han votado a Marine Le Pen en la primera vuelta. La candidata de la extrema derecha aspira a conquistar a una parte significativa del voto anti sistema de la extrema izquierda populista, con un llamaradas verbales de este tipo: “El liberalismo salvaje está arruinando a Francia y a los franceses más pobres”.

El presidente Hollande, a la izquierda socialista, y el ex presidente Nicolas Sarkozy, a la derecha, han anunciado que votarán Macron. Dos votos envenenados. Hollande y Sarkozy son dos de los personajes más impopulares de Francia.

Algunos ex ministros de Hollande (Manuel Valls), de Sarkozy (Bruno Le Maire) y de Jacques Chirac (Dominique de Villepin) se dicen dispuestos a “colaborar” con Macron, si es elegido presidente. Se trata de “apoyos” tan interesados como problemáticos: nadie sabe ni es fácil comprender como podrían “cohabitar” en un mismo gobierno ex ministros socialistas y ex ministros conservadores. Marine Le Pen y su guardia pretoriana utilizan con temible eficacia esas contradicciones que algo tienen de esquizofrénicas.

David Rachline, director de la campaña de Marine Le Pen, resume de este modo la batalla en curso: “La segunda vuelta será un referéndum a favor o en contra de la mundialización capitalista. La izquierda y la derecha tradicionales comparten esa ideología ultra liberal. Se trata de una amenaza para la identidad de Francia, como bien saben las víctimas de la política de austeridad europea. Macron es el candidato de la oligarquía financiera. Solo Marine defiende los intereses supremos de la identidad de la nación, amenazada por el liberalismo salvaje”.