El ministro británico para el Brexit, David Davis, y el negociador de la UE, Michel Barnier
El ministro británico para el Brexit, David Davis, y el negociador de la UE, Michel Barnier - AFP

Londres vuelve a marear la perdiz en la tercera ronda del Brexit

Davis llega tarde a la cita en Bruselas y se limita a pedir a la UE «flexibilidad»

CORRESPONSAL EN BRUSELASActualizado:

El Reino Unido y la UE iniciaron ayer una nueva ronda de negociaciones, la tercera, marcadas por una creciente desconfianza. Más de un año después del referéndum que decidió la salida de país de la UE, los representantes europeos siguen esperando que Londres acepte entrar en la sustancia de los temas básicos de la separación y hasta ahora la única respuesta ha sido una tímida petición de una mayor «flexibilidad».

«Para ser honesto, estoy preocupado, y el tiempo pasa rápido ... Debemos empezar a negociar seriamente», dijo ayer el negociador europeo Michel Barnier al recibir a su homólogo británico David Davis en la sede de la Comisión Europea.

En realidad, la situación es tan inaudita que el viernes pasado en Bruselas no sabían siquiera si la delegación británica vendría ayer, dado que era festivo en el Reino Unido. Al final Davis llegó a media tarde de modo que de hecho el día pudo darse por perdido.

El calendario acordado prevé sesiones de negociación de lunes a jueves una de cada cuatro semanas. Se había previsto que en octubre se evaluaría si había habido avances claros en la negociación sobre el divorcio como para poder empezar a hablar de las relaciones futuras, pero según fuentes europeas la falta de concreción de los negociadores británicos, que hasta ahora se han limitado a pedir «flexibilidad», hace prever que eso no se va a cumplir. «Cuanto antes acabemos con la ambigüedad antes estaremos en una posición de negociar nuestra futura relación», dijo Barnier en un reconocimiento implícito de que hasta ahora no hay avances en nada, a causa de la ausencia de posiciones por parte de Londres.

Los tres puntos más importantes de esta primera fase de la negociación son la situación de los ciudadanos británicos en la UE y de los europeos en el Reino Unido, la factura de los compromisos financieros pendientes y la frontera entre Irlanda e Irlanda del norte.

El «Brexodus»

En el aspecto más espinoso, el del dinero, todo lo más los británicos han llegado a admitir que existen compromisos que han suscrito y que, por supuesto, cumplirán con sus obligaciones. Pero por ahora no han aceptado ni hablar de cantidades ni de métodos para calcularlas. El ministro de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, un animador ruidoso del Brexit, ha sido el último en afirmar públicamente la tesis de que el Reino Unido «cumplirá con sus obligaciones» pero no las define ni explica cómo pretende hacerlo. Es un cambio respecto al mes pasado cuando dijo más o menos que en Bruselas «pueden esperar sentados», pero en un calendario tan cerrado la actitud de los británicos está empezando a ser exasperante.

Y mientras las negociaciones patinan, la prensa británica ha tenido que crear una nueva expresión para referirse a los efectos del Brexit en la población europea que reside en aquel país. En efecto, los medios hablan ya de «Brexodus» para referirse a los 120.000 comunitarios que ya se han ido del Reino Unido por la incertidumbre que plantea está extraña situación, y por la bajada de cotización de la libra respecto al euro y las demás monedas europeas, lo que hace que el mercado británico haya dejado de ser atractivo.

Esta tercera ronda terminará el jueves, cuando los dos jefes negociadores informarán públicamente del resultado.