Una fila de tráilers durante el ensayo en Dover para un Brexit sin acuerdo - Reuters | Vídeo: Las consecuencias económicas para Reino Unido de un Brexit sin acuerdo

Londres comienza los ensayos para el temido Brexit sin acuerdo

Decenas de camiones realizan en Dover un ensayo de la congestión en el tráfico de mercancías prevista el día que Reino Unido abandone la UE

Corresponsal en AlonsoActualizado:

Al sur de Inglaterra, cerca de Dover (la principal conexión de Reino Unido con Francia por mar), se pudo ver este lunes un adelanto de lo que pueden ser los días posteriores al 29 de marzo de este año. El Brexit se encamina hacia un final abrupto, sin acuerdo entre Londres y Bruselas y, por eso, el Ejecutivo británico ya se prepara a conciencia para este escenario en el que, economistas, expertos e instituciones como el Banco de Inglaterra coinciden: sería algo catastrófico para el país.

Una interminable hilera de 89 camiones, que recorrían casi 30 kilómetros, servía para comprobar la capacidad británica ante la llegada al Brexit de la peor forma posible. Una prueba, la más importante y significativa hasta ahora, que el Ejecutivo organizaba para prevenir una posible congestión viaria. El test forma parte de un plan que pretende poder gestionar el tráfico, en especial el de vehículos de transporte de mercancías que suministran provisiones por vía terrestre al Reino Unido, en caso de que los pasos fronterizos puedan quedar colapsados ante la complejidad y ralentización de los nuevos controles que se impondrían.

Ante esta puesta en marcha de los planes de contingencia, 209 diputados de todos los partidos pidieron ayer a la primera ministra, Theresa May, que descarte esta posibilidad por completo. Algo que la «premier» no puede hacer y que cada vez parece más cerca ante la dificultad de conseguir sacar adelante su acuerdo con Bruselas.

Votación el próximo martes

Es una obviedad que el Brexit ha sido el protagonista de las sobremesas británicas estas pasadas fiestas navideñas. Y parece que las cosas, lejos de cambiar a menos de 80 días para que se consume la salida de Reino Unido de la UE, siguen tal y como quedaron en 2018. A finales del año pasado May no tuvo más remedio que aplazar la votación sobre su acuerdo en el Parlamento ante la falta de apoyos y el ridículo al que abocaba a su Gobierno con una derrota sin paliativos que la habría desestabilizado de forma casi definitiva. Lo tuvo que posponer y, ante las presiones de que fuera antes de Navidad por parte de la oposición, May fijó la semana del 14 de enero como fecha probable para que tuviera lugar. Según la BBC, será el próximo día 15. Lo peor para la primera ministra es que a siete días de que el pacto se vote en la Cámara de los Comunes, nada ha cambiado.

El panorama que se le presenta es tan oscuro como el que tenía cuando un tercio de sus propios compañeros de partido intentaron tumbarla hace un mes. Ningún apoyo ha conseguido desde entonces para su acuerdo. Ni siquiera un gesto de complicidad por parte de sus socios de gobierno, el Partido Unionista de Irlanda del Norte (DUP), cuyos diputados resultan claves para conseguir aprobarlo.

La primera ministra trata a marchas forzadas de conseguir aún concesiones por parte de Bruselas sobre la «salvaguarda» que habría que activar si no se consiguiera llegar a un acuerdo sobre una frontera sin fricciones entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte. Esto lo han descartado hasta la saciedad las autoridades comunitarias, pero May lo necesita para vender el pacto en casa como «el mejor posible».

Algo, que este sea el acuerdo más beneficioso para Reino Unido, que no se creen ni la mayoría de sus ciudadanos. Las últimas encuestas apuntan a que solamente una cuarta parte de los británicos (un 22%) apoya el texto que ha conseguido firmar con Bruselas.

Mañana se reanuda el debate

Lo único que la avala hasta ahora son las cifras económicas que presentan casi como una apocalipsis la situación en caso de que Gran Bretaña abandone de la peor forma posible la UE. Sin embargo, la mano que le echó el Banco de Inglaterra en diciembre, asegurando que el desenlace económico de suceder esto sería peor que el de la crisis de 2008, tampoco ha ayudado a May a recabar más apoyos.

Mañana, cuando se retome el debate sobre su acuerdo en el Parlamento, se volverá a poner de manifiesto que no tiene los votos suficientes a no ser que aparezca ante la Cámara de los Comunes con soluciones milagrosas que hagan cambiar de parecer a sus correligionarios más críticos.

Será entonces el 15 de enero cuando su futuro político volverá a estar en riesgo. Todo hace indicar que tratará de continuar la senda del Brexit, ahora por el camino del no-acuerdo, pero desde la oposición se frotan las manos y buscarán unas elecciones anticipadas para hacerla caer y tratar de renegociar el acuerdo a su manera.

Lo que parece claro es que no habría tiempo para hacerlo antes de la fecha prevista y que hasta hace poco parecía intocable, el 29 de marzo. Por tanto, la votación de la semana que viene deja la puerta abierta una vez más a la incertidumbre que ha rodeado este proceso desde su inicio y a Theresa May, una vez más, contra las cuerdas.