Marine Le Pen, en una sesión de la Asamblea Nacional
Marine Le Pen, en una sesión de la Asamblea Nacional - REUTERS

La «identidad sitiada», el ariete de Marine Le Pen

La crisis nacional de los chalecos amarillos ha permitido a la líder de AN «recentrar» su antiguo programa presidencial

Corresponsal en ParísActualizado:

La Agrupación Nacional (ex Frente Nacional, extrema derecha), el partido de Marine Le Pen, está en crisis de identidad y crecimiento, pero espera convertir Europa en su mejor aliada, presentándose como la «única» o «mejor» defensora de la patria amenazada por las turbas burocráticas europeas, mundialistas y cosmopolitas, que amenazan la identidad misma de una Francia sitiada por inmigrantes negros y capitalistas liberales.

La crisis nacional de los chalecos amarillos ha permitido a Marine Le Pen «recentrar» su antiguo programa presidencial.

Candidata a la presidencia de la República en 2017, Le Pen proponía el «Frexit», la salida de Francia de la UE. Aquel proyecto fracasó. Y Marine, como la llaman sus electores, propone un rosario de políticas paralelas.

Para resolver la crisis política inmediata, estima que la única solución es la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de elecciones legislativas anticipadas. Exigencia tan espectacular como improbable. Macron tiene una mayoría parlamentaria absoluta.

Montándose al carro de algunas de las exigencias de varias de las familias antagónicas de los chalecos amarillos, Le Pen exige un «nuevo modelo económico, más justo, en defensa de los intereses nacionales». Una variante suave de un modelo muy cosmopolita defendido por Trump, Italia y buena parte de los países del Este europeo.

Contra las «invasiones africanas»

Saliendo al paso del reciente Pacto Mundial sobre Migración (PMM), firmando en Marrakech la semana pasada, Le Pen se erige en primera defensora nacional contra las «invasiones africanas».

A caballo entre los temas tradicionales de la extrema derecha lepenista y las nuevas tendencias populistas, no solo francesas, Le Pen dice aspirar a defender el «pueblo central» de Francia. Un concepto de nuevo cuño. En el «pueblo central» lepenista pudieran cohabitar clases medias y populares amenazadas por la precariedad, nacionalistas y ultra nacionalistas tradicionales, pequeños empresarios y pensionistas decepcionados de Macron, «huérfanos» de Nicolas Sarkozy. Se trata de un recentraje táctico, que la aleja relativamente de los nuevos grupúsculos de ultra derecha más radical, que han participado activamente en las manifestaciones violentas de los chalecos amarillos.

Ese recentraje relativo de la presidenta de AN tendrá que afrontar dos problemas potenciales: las intervenciones siempre intempestivas de su padre, Jean-Marie Le Pen, fuera de juego, pero siempre temible; y la competición larvada con su sobrina, Marion Maréchal Le Pen, cultivando un proyecto político propio que lanzará cuando lo considere oportuno.

Históricamente, el recentraje de Marine Le Pen siempre irritó a su padre, que ha intentado torpedearlo en muchas ocasiones. La rivalidad y ambiciones de Marion Maréchal Le Pen son una incógnita de fondo. Tía y sobrina aspiran a encarnar el futuro de la extrema derecha francesa.