El presidente de Estados Unidos y la primera dama conocen al bebé de Anchondo que sobrevivió al tiroteo
El presidente de Estados Unidos y la primera dama conocen al bebé de Anchondo que sobrevivió al tiroteo - EP

El héroe de El Paso que murió abrazado a su bebé

André Anchondo, de 23 años, arropó a su mujer y a su bebé a la vista del terrorista en el Walmart; su esposa falleció pero el hijo está sano y salvo

El PasoActualizado:

Lo más angustioso de los momentos inmediatamente posteriores a una masacre es no saber. El sábado 3 de agosto por la tarde Gilbert Anchondo, de 58 años, no sabía nada de su hijo André, de 23. Lo normal era que ambos hablaran por teléfono hasta 15 veces al día, pero Gilbert no había recibido ni una llamada de su hijo. Antes, a las nueve y cuarto de la mañana, de camino a su taller de chapa y pintura, había pasado con el coche al lado de la nueva casa que su hijo acababa de reformar y vio a este salir con su mujer, su hijastra mayor y su bebé de 10 semanas a los recados de los sábados: dejar a Skylin, de cinco años, en clase de gimnasia, ir al banco y hacer la compra en el supermercado. A Gilbert le atormenta ahora no haberse parado para charlar con André y darle un abrazo. Quién sabe, tal vez si lo hubiera entretenido y hubiera llegado diez minutos más tarde a Walmart hoy estaría vivo.

Pasadas las 15.30, Gilbert conducía por la autopista de camino al hospital Del Sol porque le habían dicho que allí estaban ingresados varios heridos del tiroteo. Su nuera Jordan, de 24 años, había llegado a otro hospital ya muerta, acompañada del bebé, que sólo tenía un dedo roto. Y a pesar de todo Gilbert se negaba a admitir que André pudiera estar muerto. En aquel momento, en la carretera, Gilbert dejó a su izquierda el Walmart del tiroteo y al ver los accesos cortados por los coches de policía y escuchar los helicópteros sobre su cabeza, se dio cuenta de la magnitud de la tragedia. «La esperanza comenzó a dar paso a la angustia», admite en el taller al que ha seguido yendo a trabajar a diario a pesar de todo, y en el que hoy ya no cabe ni una caja más de pañales, ropa y comida donados por los vecinos de El Paso.

Lo que no sabía Gilbert era que dentro de aquel Walmart estaba el cuerpo sin vida de André, que aquella mañana, cuando al asesino se le acercó con un fusil, saltó sobre su familia para protegerla. Gilbert tardaría más de 24 horas en conocer el destino de su hijo. Fue de hospital a hospital, habló con agentes del FBI y llamó a amigos jueces y policías. Nadie sabía nada. A las 18.00 le contaron que la hijastra mayor de su hijo había sido hallada en un parque cerca de Walmart con otros niños cuyos padres no los habían recogido de sus actividades extraescolares entre el caos posterior al tiroteo. Alguien, no recuerda quién, le mandó a descansar. Al llegar a casa, Gilbert recordó que su hijo había ido a Walmart a comprar algo de picar para una fiesta que había convocado aquella misma tarde para estrenar la nueva casa, celebrar el cumpleaños de Skylin y festejar su primer año de casado, que cayó el día antes de su muerte.

El tiroteo duró apenas unos minutos. Patrick Crusius, de 21 años, detuvo su coche en el Walmart del centro comercial Cielo Vista de El Paso y se apeó dispuesto a «cazar mexicanos», según confesó a la policía al entregarse. Armado con un fusil de asalto, comenzó las ejecuciones en el aparcamiento y se abrió paso entre cuerpos. En total, mató a 20 personas y dejó a otras 30 heridas. Dos fallecieron después en el hospital y otras cinco siguen en estado crítico.

La familia Anchondo es, como la mayoría de habitantes de El Paso, de origen mexicano. El padre habla un español perfecto y André pasaba sin darse cuenta del inglés al español. Le asesinaron por parecer mexicano, pero lo cierto es que, nacido en El Paso, era tan norteamericano como su ejecutor.

La llamada la recibió Gilbert precisamente cuando estaba reunido con el alcalde de El Paso, Dee Margo, intentando sacarle información. El domingo a las 13.30, un policía le contactó en su móvil y le pidió que se acercara al centro de atención a las víctimas improvisado al lado del Walmart. Gilbert dejó al alcalde con la palabra en la boca y cruzó la ciudad tan rápido como pudo, todavía con la idea de que su hijo podía estar ingresado o siendo interrogado como testigo de los hechos. Le hicieron pasar a una sala, donde cree que había una decena de agentes. Le preguntaron si tenía alguna idea de lo que le había pasado a su hijo y en ese momento Gilbert se dio cuenta de que lo había sabido todo el tiempo: «Creo que mi hijo estaba comprando en Walmart y al ver acercarse al asesino con el arma abrazó a su familia para proteger a su mujer y a su hijo, y así murió en la balacera». «Así es», le respondió un agente. «Eso exactamente es lo que sucedió. Su hijo, señor Anchondo, murió como un héroe».