Donald Trump da un discurso en la celabración de la Herencia Hispana en EE.UU.
Donald Trump da un discurso en la celabración de la Herencia Hispana en EE.UU. - Reuters

El «hackeo» amenaza de nuevo las elecciones de EE.UU.

Trump firma un decreto contra las injerencias extranjeras y una juez alerta de las vulnerabilidades del voto electrónico

David Alandete
WashingtonActualizado:

A pesar del presidente, hay verdadero miedo en Washington a que, de nuevo, unas elecciones, en este casolas legislativasque se celebrarán el seis de noviembre, sean vulnerables a injerencias extranjeras, especialmente procedentes de Rusia. Por ese motivo, Donald Trump se ha visto obligado a firmar un decreto mediante el cual aplicará sanciones automáticas contra cualquier «persona, entidad extranjera o país que autorice, conduzca o apoye cualquier injerencia extranjera en unas elecciones de EE.UU.». No se trata de un problema menor, porque 30 millones de estadounidenses residen en Estados que disponen de forma mayoritaria de sistemas de votación electrónicos que no dejan rastro alguno en papel y por tanto son extremadamente vulnerables a operaciones de «hackeo».

Trump, reticente a aceptar cualquier prueba de interferencia extranjera en las presidenciales de 2016, emitió el decreto el 12 de septiembre sin pompa ni ruido. No hizo mención a él en Twitter y dejó que fuera el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, quien diera los detalles. Este explicó en una conversación con periodistas que el decreto es «sólo un esfuerzo más de los muchos que ha hecho esta Administración en contra de las injerencias extranjeras en las elecciones y en cualquier proceso de decisión política». Por lo demás, Bolton se negó a aclarar si la orden partía directamente del presidente o era obra de los jefes de las agencias de inteligencia, que tendrán un periodo de 45 días después de las elecciones de noviembre para analizar e informar a la Casa Blanca de posibles manipulaciones de la votación.

La principal preocupación del Gobierno norteamericano es asegurar los centros donde se permite la votación por vías exclusivamente electrónicas, algo que en total afecta a 35.000 urnas de las 350.000 que funcionan en todo el país. Aunque en 31 de los 50 Estados se puede votar de forma digital, este método ha sido adoptado de forma generalizada y sin que deje rastro de papel en Georgia, Nueva Jersey, Carolina del Sur, Luisiana y Delaware, que suman una población de 30,7 millones de habitantes y deciden 40 de los 435 escaños de la Cámara de Representantes, en la que las encuestas prevén una ventaja de los demócratas de sólo 16 votos.

El sistema de votación electrónica

Tal es la inquietud en estas elecciones que a apenas cuatro semanas de que comience el voto por adelantado, una juez federal ha alertado de que Georgia, con 10 millones de habitantes y 14 escaños, es vulnerable a injerencias durante el voto. Un grupo de activistas demandó a las autoridades de Georgia tras detectar fallos de seguridad en sus servidores electorales. Le pedían a la juez que anulara el voto electrónico y obligara a usar papeletas físicas, algo que rechazó el lunes por la cercanía de la jornada electoral.

En 2017 el Gobierno federal notificó a 21 Estados de que habían sido objeto de intentos de «hackeo» procedentes de Rusia en 2016. En julio, el fiscal especial Robert Mueller presentó cargos contra 12 funcionarios rusos por infiltración en los sistemas electorales de varios condados en Georgia, Florida e Iowa.

La implantación de sistemas de votación electrónica en EE.UU. comenzó después del agónico recuento de las presidenciales de 2001 en Florida, donde la perforación de las papeletas físicas demoró 36 días la proclamación de George W. Bush como ganador. En teoría esas modernas urnas electrónicas, que no tienen conexión a Internet, están diseñadas a prueba de injerencias. Pero son vulnerables por su método de transmisión de datos: las máquinas contienen unos módems que se conectan a líneas telefónicas para transmitir los resultados electorales a la junta electoral.

Esas conexiones se producen con «routers» que pueden ser y de hecho han sido «hackeados» en el pasado. Según Andrew Appel, profesor de ingeniería informática en la universidad de Princeton y experto en procesos de votación, «si la seguridad de quien ofrece esa conexión telefónica no es perfecta —y no existen las conexiones perfectas— hay un riesgo de vulnerabilidad en esa transmisión».

La supuesta manipulación de las elecciones de 2016 por parte de Rusia, que investiga el fiscal Mueller, ha creado dos bandos enfrentados: el presidente y los republicanos que le apoyan creen que no es necesario alterar el sistema de votación, mientras los demócratas demandan una vuelta a las papeletas tradicionales que les costaron la presidencia en 2001. Los críticos con el presidente creen que el decreto firmado la semana pasada, que no menciona a Rusia, es completamente insuficiente. «Debemos asegurarnos de que Vladimir Putin, Rusia y otros agentes extranjeros entienden que responderemos de forma decisiva, con duras consecuencias, a los que interfieran en nuestras elecciones», dijeron el senador demócrata Chris Van Hollen y republicano Marco Rubio en un comunicado crítico con Trump.

La preocupación de estos senadores y de una gran cantidad de legisladores, sobre todo demócratas, es que una serie de medidas quirúrgicas, como la inutilización de las máquinas o la anulación de votos, acaben sembrando el caos la jornada electoral o, peor, decanten el resultado a favor de los candidatos más extremistas.