Miles de moscovitas hicieron cola el 31 de enero de 1990, cuando McDonald's inauguró su primer restaurante en la plaza Pushkin / AP
Miles de moscovitas hicieron cola el 31 de enero de 1990, cuando McDonald's inauguró su primer restaurante en la plaza Pushkin / AP

La evolución rusa, desde el mostrador de McDonald´s

La cadena americana de hamburguesas cumple 20 años en Rusia; abrió su primer local en Moscú poco antes de la caída de la URSS

NOELIA SASTRE | MADRID
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Cualquier viaje a Moscú -y más si se hace junto a un moscovita- incluye una visita obligada al lugar donde hace 20 años se inauguró el primer McDonald's del país, en la plaza Pushkin. Aquello fue todo un acontecimiento y muchos todavía recuerdan las interminables colas que los rusos, hambrientos de sabores occidentales, aguantaron el 31 de enero de 1990, con unos cuantos grados bajo cero en el termómetro y en el cuerpo.

La cadena de los arcos dorados, reina planetaria de la comida rápida, celebra estos días sus dos décadas en la capital rusa recordando que en su inauguración atrajo a más de 30.000 curiosos. Fue pocos meses antes de la desaparición de la Unión Soviética y del fin de la Guerra Fría.

"En la víspera de la apertura tuve una pesadilla: soñé que nadie iba a venir", confiesa su fundador, George A. Cohon, ex director de McDonald's en Canadá, recordando también sus problemas con la burocracia soviética para inaugurar el restaurante.

Su aventura comenzó en 1976, cuando pensó abrir un establecimiento de cara a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980. Pero la invasión de Afganistán en 1979 y el boicot occidental de los Juegos torpedearon su sueño durante una década.

Veinte años después, Rusia es el mercado con más potencial para McDonald's en Europa, con 950.000 de los 12,9 millones de clientes diarios en el continente.

Tanto han cambiado las cosas, que cuando la compañía entró en el mercado soviético tenía que buscarse la vida para conseguir los ingredientes, contactando con agricultores como Viktor A. Semenov, que plantaba lechugas en una granja colectiva a las afueras de la capital cuando un representante de McDonald’s le preguntó si podía venderles unas cuantas cajas de lechuga cada semana. Su ayudante declinó la oferta, pero Semenov lo tuvo claro desde el minuto uno: "¿Cuántos McDonald’s hay en Occidente? Véndeles las lechugas a cualquier precio. Es nuestra nueva estrategia", ordenó el agricultor.

Tanto han cambiado las cosas, que la compañía ya no tiene que fabricar los productos que utiliza en sus restaurantes rusos, incluidos los que hasta hace sólo un mes producía en una factoría junto a Moscú llamada McComplex, construida antes de que la cadena abriera su primer restaurante. En casi todo el mundo McDonald’s compra sus ingredientes en lugar de producirlos ella misma. Pero en la Unión Soviética no había empresas privadas que pudieran suplir los 300 productos necesarios en sus establecimientos. Así que todo, desde las patatas fritas al relleno del pastel de manzana, tenía que hacerse en alguna de sus fábricas cercanas.

El rey del pepinillo; el magnate de la lechuga

McDonald’s es siempre un buen termómetro para saber cómo le va a los 118 países donde opera. En los últimos 20 año han florecido tantas empresas privadas en Rusia como para que la cadena pueda comprar casi cada uno de los productos sin tener que producirlos ella misma. Concretamente el 80% de los ingredientes que se mueven tras los mostradores de McDonald’s vienen de negocios privados, a diferencia de lo que ocurriía en 1990, cuando debían importar el 80%. Desde los pepinillos que ahora vienen de la granja de Anatoly M. Revyakin, todos los ingredientes han salido ya de la línea de producción de McComplex y vienen de diferentes empresas en varios puntos del país. Los pasteles siguen en McComplex, pero los hace una empresa externa.

“Nuestro objetivo es comprar a compañías independientes”, apunta Jim Skinner, uno de los reponsables de la compañía, al diario " The New York Times".

Y para muestra, la de Revyakin, que en 1990 trabajaba la tierra y hoy es el rey del pepinillo en Rusia tras hacerse cargo de una de las líneas de McComplex y vender su producto a tres cadenas de restaurantes. Veinte años después de la llegada de la empresa que le ha hecho rico, este agricultor factura dos millones de dólares anuales.

También las lechugas de Semenov florecieron. Ahora su empresa se llama Belaya Dacha y trabaja con cadenas extranjeras desde su primer contrato con McDonald’s, sobre todo desde que los supermercados al estilo occidental llegaron a Rusia en los 90, incluyendo las cámaras para el frío que guardan los 150 tipos de ensaladas empaquetadas de este magnate ruso de la lechuga.