Sturgeon, durante una rueda de prensa tras conocer los resultados de las elecciones en el Reino Unido
Sturgeon, durante una rueda de prensa tras conocer los resultados de las elecciones en el Reino Unido - AFP

Los escoceses castigan a los nacionalistas por su obsesión por la independencia

Nicola Sturgeon pierde 21 escaños con su demanda de un nuevo referéndum

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Isabel II al margen, las dos mujeres con más poder del Reino Unido son Theresa May y Nicola Sturgeon, la ministra principal de Escocia. Y aunque ambas se detestan educadamente, algo las ha unido en la noche electoral: fueron las grandes derrotadas de la jornada. May perdió la mayoría absoluta que le había legado Cameron y el SNP se ha dejado 21 de los 56 escaños que tenía en Westminster. Ahora obtiene 22, seguido por los tories, que han dado en Escocia un espectacular estirón: 13 diputados cuando venían de uno hace dos años. Los laboristas suman siete escaños y los liberales, trece.

El SNP parecía hasta ayer mismo intocable, con una hegemonía pasmosa a rebufo de la resaca del referéndum de independencia de 2014 (56 de 59 escaños en Westminster en 2014). Pero ayer en las urnas los partidos unionistas sumaron el 60% de los votos. La veleta política comienza a girar en el gran Norte.

Sturgeon había embarcado a Escocia en la demanda de un segundo referéndum de independencia, fruto de su obsesión personal por romper con el Reino Unido. Pero las encuestas y el pulso de la calle venían reflejando que no había apetito para tal consulta. En 2014, el unionismo se impuso por diez puntos, un resultado nítido. En vísperas de aquella votación, los nacionalistas habían asegurado que la cuestión de la independencia quedaría zanjada «al menos para una generación». Pero para el separatismo el único referéndum que sirve es el que ganan ellos y en menos de dos años ya estaban demandando otro.

Ruth Davidson

Al final Sturgeon sacó adelante su exigencia y logró que el Parlamento de Holyrood aprobase la solicitud formal del «Indyref2». May lo frenó, alegando que no lo concederá hasta que se complete el Brexit. Ayer Ruth Davidson, la sensacional líder tory en Escocia, la política de moda en el Reino Unido por su estilo directo, claro y jovial, le mandó este recado a Sturgeon: «El referéndum está muerto». Además pidió al SNP que «dé una tregua a los escoceses, que necesitan un descanso» tras la tensión separatista perenne.

Sturgeon tuvo la elemental honestidad de reconocer que su demanda de la segunda consulta fue un factor que «indudablemente influyó» en su pérdida de escaños. «Reflexionaré sobre lo sucedido», anunció, pero evitó decir si retira o aparca su demanda del «Indyref 2». La verdad es que la herida del jueves debe de haber escocido mucho en el SNP, porque entre los que se caen de su escaño londinense figuran Alex Salmond, el anterior ministro principal y mentor político de Sturgeon, y Angus Robertson, el número dos del partido, que ejercía además como su jefe de filas en el Parlamento de Westminster, donde destacaba por su competente dialéctica.

Los laboristas eran la formación tradicionalmente hegemónica en Escocia, pero sufrían una enorme crisis. Subir a siete escaños es un resultado que los deja satisfechos.

El milagro escocés se llama Ruth Davidson, de 38 años, una antigua periodista, creyente cristiana, europeísta y lesbiana con pareja reconocida. De porte pícnico y pelo corto, desparpajo y sonrisa fácil, va de frente y tiene clara cuál es su misión: «La gente quiere que hagamos un trabajo muy específico, que es mantener a raya al SNP». De los 20 escaños que han retornado a manos conservadoras en el conjunto del Reino Unido, doce son de la cosecha escocesa de Davidson.

Sin complejos

A diferencia de la estrategia que han seguido los laboristas, que los acabó hundiendo, ella ha entendido que no se puede derrotar al SNP jugando a ser filonacionalista, sino que hay que encararlos con un discurso alternativo. Con las reconversiones industriales y mineras del thacherismo muchas localidades escocesas se convirtieron en «no go areas» para los tories. Davidson ha roto con esos complejos: «Yo tenía seis meses cuando Thatcher llegó al poder y estaba en primaria cuando se fue. Hablar hoy de ella es como hablar de Gladstone o Disraeli».

Su nombre, junto con los de Boris Johnson y la ministra del Interior, Amber Rudd, se barajará para el liderazgo cuando se amortice a May.