En esta foto de archivo tomada el 4 de abril, 2018 pasajeros caminan en la plataforma de la estación de trenes Gare du Nord en París el segundo día de tres meses de huelgas
En esta foto de archivo tomada el 4 de abril, 2018 pasajeros caminan en la plataforma de la estación de trenes Gare du Nord en París el segundo día de tres meses de huelgas - AFP

Emmanuel Macron está ganando la guerra del ferrocarril

La huelga de los ferroviarios comenzó los días 3 y 4 de este mismo mes de abril, y debe prolongarse hasta finales de junio, en principio, al ritmo de dos días por semana

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Emmanuel Macron parece estar ganando la «guerra del ferrocarril», que los sindicatos habían presentado como una prueba de fuerza que debía comenzar por «paralizar» Francia.

La huelga de los ferroviarios comenzó los días 3 y 4 de este mismo mes de abril, y debe prolongarse hasta finales de junio, en principio, al ritmo de dos días por semana.

Los sindicatos se oponen de manera radical a la reforma del estatuto muy privilegiado de los ferroviarios y la reforma global de la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses, semejante a la Renfe española).

La huelga provoca muchos trastornos, pero no ha paralizado Francia, en ningún momento, sin conseguir ninguno de sus objetivos, por ahora.

El proyecto de reforma global de la SNCF fue aprobado la tarde / noche del martes en la Asamblea Nacional (AN) con el apoyo masivo de la derecha: 454 votos a favor y 80 votos en contra (extrema izquierda y extrema derecha).

Los sindicatos se dicen dispuestos a prolongar «indefinidamente» su protesta. Pero será muy complicado, quizá imposible, «revocar» una reforma votada en la AN con un apoyo tan masivo.

Por su parte, los usuarios del ferrocarril comienzan a dar señales de «cansancio» e «impaciencia». Se han creado una treintena de asociaciones consagradas a reclamar daños y perjuicios a la SNCF, comenzando por el reembolso de los billetes que no pudieron utilizarse, como consecuencia de la huelga a repetición.

Formalmente, las asociaciones de usuarios no critican a los sindicatos, y hacen reclamaciones a la compañía nacional de ferrocarriles. En la práctica, esa “equidistancia” es poco favorable a la huelga de los ferroviarios: pone en evidencia una escasa simpatía hacia un movimiento sindical que se percibe muy alejado de los problemas de vida cotidiana de una inmensa mayoría de franceses.

Sin duda, Macron todavía está lejos de haber ganado la guerra del ferrocarril, condenada a prolongarse durante varias semanas o meses. Pero está ganando las primeras batallas: la huelga no paraliza el país; y la reforma de la SNCF ha conseguido un espaldarazo masivo en la Asamblea Nacional.