Un tren regional TER repleto de pasajeros durante la huelga de trabajadores de la estatal Sociedad Nacional de Ferrocarriles francesa (SNCF), en la estación Saint-Lazare, en París (Francia)
Un tren regional TER repleto de pasajeros durante la huelga de trabajadores de la estatal Sociedad Nacional de Ferrocarriles francesa (SNCF), en la estación Saint-Lazare, en París (Francia) - EFE

El segundo día de huelga en Francia causa numerosos trastornos, aunque no logra paralizar el país

El gobierno de Macron asegura que no cederá ante las protestas y que mantendrá las reformas en marcha

Corresponsal en ParísActualizado:

Las primeras 50 horas de huelgas y manifestaciones de ferroviarias concluirán este miércoles con muchos trastornos, perturbaciones, atascos, retrasos y anulación de trenes. Pero no han paralizado Francia, como habían anunciado los sindicatos, que han convocado una «cumbre informal» para hacer un primer balance de la crisis entre el 16 y el 18 de este mismo mes de abril.

Este miércoles se repitió el escenario bien rodado de la tarde noche del lunes y todo el día del martes: la participación del 34% de los 140.000 ferroviarios consiguió reducir de manera drástica el tráfico nacional, complicando mucho las comunicaciones por tren con el resto de Europa.

Esos trastornos y perturbaciones multiplicaron las escenas muy aparatosas de multitudes esperando trenes que no llegaban, atascos importantes en las autopistas de circunvalación de las grandes ciudades. Sin embargo, fuera de las estaciones de ferrocarril, París y el resto de Francia volvieron a vivir jornadas de palmaria normalidad.

Las protestas del martes fueron un fracaso relativo: «millares de manifestantes» (según los sindicatos), «centenares» según el ministerio del interior, dejaron al descubierto una movilización modesta, que no pudo repetirse el miércoles.

Los ferroviarios representan el 1% de los efectivos salariales de Francia, pero contabilizan el 25% de las huelgas. La huelga de menos de 100.000 personas puede provocar muchos trastornos en el tráfico ferroviario nacional. Sin embargo, esa huelga sectorial no es seguida ni acompañada por el resto de los sectores sociales, ni en la empresa privada ni en la empresa pública. Hay movimientos de protesta muy diversos -pensionistas, estudiantes, funcionarios-, pero se trata de movimientos corporativos que, por ahora, no han llegado a manifestarse en común.

Los sindicatos califican el paro de «éxito masivo»

Según los portavoces sindicales, las primeras 50 horas de huelga han sido un «éxito masivo». Y el movimiento debe prolongarse dos días por semana hasta finales de junio. ¿Cederá el gobierno de Emmanuel Macron? ¿Cómo reaccionarán los usuarios y la opinión pública ante la guerra de usura de los ferroviarios?

De entrada, Edouard Philippe, primer ministro, y Élisabeth Borne, ministra de transportes, siguen adelante con los proyectos de reforma, con un doble mensaje de «firmeza» y «concertación».

Desde la óptica gubernamental, hay capítulos no negociables de la reforma en curso: abandono del estatuto del ferroviario para los nuevos contratados; apertura a la competencia europea de la red ferroviaria nacional; gran reforma de la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses), con una deuda superior a los 54.400 millones de euros.

Por el contrario, el gobierno sigue negociando (¿?) aspectos y matices parciales de esos proyectos de fondo.

Tras las primeras 50 horas de crisis, la noche del domingo, martes y miércoles, la huelga volverá a trastornar el tráfico ferroviario el domingo y el lunes que viene. ¿Cómo reaccionarán la opinión pública y los usuarios ante la prolongación de la crisis hasta finales de junio?

Tradicionalmente muy locuaz y grandilocuente, Macron guarda un silencio llamativo, dejando a sus ministros la ingrata tarea de la comunicación política, audiovisual, esperando que la crisis termine «hartando» a los usuarios.

Los sindicatos, por su parte, oscilan, entre la tentación radical y las contorsiones negociadoras.

A la vista de los resultados agridulces de las primeras 50 horas de crisis, los sindicatos han acordado celebrar una «cumbre informal» entre los días 16 y 18 de este mismo mes de abril. En esa cumbre participarán Philippe Martinez (CGT), Laurent Berger (CFDT), Jean-Claude Mailly (FO), François Homméril (CFE-CGC) y Philippe Louis (CFTC). Otras organizaciones más radicales no han sido invitadas o no desean participar en una «cumbre» que debieran confirmar la «unión» o evitar una «ruptura».

De entrada, la CGT, FO y la CFDT (sindicatos «duros»), proponen prolongar la crisis «hasta el fin». Se presta a la CFE-CGC y la CFTC (sindicatos «reformistas») un fervor «rupturista» muy tímido, volátil e imprevisible.

Se trata de una crisis sin precedentes, para los sindicatos y para el gobierno. Eran tradicionales las jornadas y huelgas a repetición, prolongándose durante varios meses. La huelga intermitente, dos días por semana, durante un trimestre, no tenía antecedentes en Francia. De ahí, así mismo, la incertidumbre sindical y gubernamental.