Michel Barnier, el pasado 19 de marzo junto a una bandera británica/ May podría contar con votos laboristas para el acuerdo del Brexit - Afp/ VÍDEO: ATLAS

Barnier rechaza la última propuesta de May para evitar un Brexit sin acuerdo

Descarrila a última hora el acuerdo entre el negociador europeo y el británico

Corresponsal en BruselasActualizado:

Tarde de frenesí político este domingo en Bruselas. El rumor de que los equipos negociadores estaban a punto de cerrar un acuerdo para la salida ordenada del Reino Unido de la UE y la convocatoria urgente de una reunión en Bruselas -en plena tarde de domingo- de los embajadores de los otros 27 países miembros, hizo creer que las filtraciones de un diario alemán sobre un pacto de última hora entre la primera ministra británica Theresa May y el negociador europeo Michel Barnier, podía darse por hecho.

El negociador británico Dominique Raab también se desplazó a toda prisa a la capital comunitaria para participar en las reuniones, aunque no se sabía si era para dirigirlas o para enterarse de los términos de ese acuerdo del que tampoco se habían desvelado los contornos precisos.

Finalmente, el propio Barnier aclaró algo las cosas al publicar un tuit en el que explicaba que se había reunido con el equipo de Raab y que «a pesar de los intensos esfuerzos» que habían dedicado a la búsqueda de un acuerdo «varios asuntos clave siguen abiertos» entre los que citaba solo el principal, que es el mecanismo de salvaguardia para evitar la existencia de una frontera entre la República de Irlanda y la provincia britáica de Irlanda del Norte. Pero el momento fue tan intenso que tuvo que convocar a los embajadores para explicarles los detalles de la reunión.

Fuentes cercanas a la negociación aseguran que la situación no se puede considerar como un descalabro en el sentido de que hubiera que abandonar toda esperanza de llegar a un resultado negociado, sino que habría sido un escenario más cercano al acuerdo de lo que se ha llegado hasta ahora, pero que no ha terminado de convencer a los negociadores europeos. La pelota vuelve al tejado de Londres, donde la primera ministra Theresa May deberá buscar una nueva propuesta en las próximas horas, siempre que sus adversarios políticos se lo permitan.

La idea que estaba este domingo en el aire en Bruselas incluía que el Reino Unido permanecería durante un periodo transitorio en la unión aduanera europea, lo que debería servir también para resolver el complicado problema de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda.

También incluía un mecanismo de reserva, para el caso de que el Reino Unido abandone esa unión aduanera, y que consistiría en establecer ciertos controles en la circulación de mercancías entre la isla de Gran Bretaña y la provincia de Irlanda del Norte. Este es el punto más complejo de todos y la clave de todo el acuerdo.

Bruselas quiere una garantía lo bastante sólida de que podrá aislar desde el punto de vista del mercado único a Irlanda del Norte del resto de Gran Bretaña en caso de necesidad y eso es algo que los partidarios del Brexit radical no aceptan en ningún caso.

La líder del partido Democrático del Ulster (DUP), Arlene Foster, de cuyos diputados depende la mayoría que sostiene a May en el Parlamento, estuvo la semana pasada en Bruselas para hablar con Michel Barnier y salió diciendo que «prefería una salida sin acuerdo que un mal acuerdo».

Todo lo demás está ya tan claro que Barnier ha enviado de vuelta a sus anteriores puestos a casi todos los funcionarios que había congregado para ayudarle en los aspectos más técnicos de la negociación. De alguna manera, la segunda parte del acuerdo, que es la declaración política sobre las relaciones futuras, depende tembién de la fórmula que defina el acuerdo de salida ordenada. Y esa fórmula vuelve a rebotar en la exigencia -en la que todos están de acuerdo sobre el papel- de que no haya una frontera física en la isla de Irlanda, como condición para preservar los acuerdos de paz de Viernes Santo.

Ahora el próximo movimiento le vuelve a corresponder a May, cuya posición es cada vez más complicada, porque tiene más adversarios que apoyos. Los partidarios del Brexit más duros, como el exnegociador británico David Davis, se frotan las manos ante la debilidad de May y afirman que el pánico ha invadido Bruselas por lo que creen que «ahora es el mejor momento para regatear con fuerza para lograr el mejor acuerdo para nuestro país», que por supuesto no incluye ninguna idea de participar en la unión aduanera como propone la primera ministra.

Por parte europea, se insiste en que el calendario no deja mucho margen de maniobra para nadie. La fecha límite está en la cumbre que empieza este miércoles por la tarde con una cena y que continúa el jueves en Bruselas. La fecha es importante porque marca el comienzo del calendario de ratificaciones necesarias para que este acuerdo entrase en vigor antes del próximo 29 de marzo, que es la fecha en la que se producirá jurídicamente la salida del Reino Unido de la UE.

Todos los parlamentos nacionales tienen que dar su visto bueno a este tratado, aunque la ratificación más compleja puede ser la que le corresponde al parlamento británico, donde no se vislumbra una mayoría para ninguna de las opciones, ni el acuerdo que propone May, ni la salida sin acuerdo ni la convocatoria de un segundo referéndum. El laberinto en el que se encuentra la política británica no ayuda a nadie.

Los ministros de Exteriores tienen que preparar el martes los detalles de la Cumbre del miércoles, en la reunión ordinaria -esta si- que celebran en Luxemburgo. Si para entonces no ha habido avances, es muy poco probable que los haya en la cumbre que empieza el miércoles por la noche.

Y, según la nueva versión que circulaba ayer en la capital comunitaria, eso significaría que la cumbre extraordinaria que el presidente del Consejo Donald Tusk se guarda en la recámara para convocar en noviembre, sería definitivamente para intentar preparar el Brexit sin acuerdo, es decir el divorcio radical. Sería para escenificar el principio tan europeo de que cuando ya no se puede llegar más allá en las negociaciones hay que decidir «que estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo».