Cristina Fernández de Kirchner, este mrtes durante el juicio
Cristina Fernández de Kirchner, este mrtes durante el juicio - REUTERS

Cristina Fernández estrena el banquillo de los acusados

Cristina Fernández estrena el banquillo de los acusados

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Estrenó el banquillo de los acusados en su primera vista oral y pública. No lo volverá a hacer mientras duré este juicio (se estima que un año con sesiones semanales) pero estaba obligada, por imperativo legal, a sentarse junto al resto de la docena de investigados acusados de formar una asociación ilícita con el objetivo claro de desbordar, con dinero público, las alforjas privadas de cada uno de ellos.

Cristina Fernández, viuda de Néstor Kirchner, actual senadora y flamante candidata a la vicepresidencia del Gobierno, llegó escoltada de sus leales, entró en la sala de Tribunales y se sentó en la última fila del sector reservado para los que tienen que rendir cuentas con la justicia. En su caso, por corrupta y máxima responsable de la avalancha de concesiones y contratos de obras públicas durante sus Gobiernos a un empresario como Lázaro Báez, favorito del régimen que cobraba sobreprecios y en muchos casos, ni siquiera concretaba los proyectos. Éste, el ex ministro de Planificación, Julio De Vido y el resto de la camarilla que, presuntamente, hacía y deshacía contratos con sobornos como moneda de cambio, tienen su destino en manos de los tres jueces federales que serán sus verdugos o salvadores.

CFK, siglas que despiertan pasiones encontradas y cruzan el amplio estrecho de lo que los argentinos llaman la «grieta» social, le daba la espalda a la mampara de vidrio que la separaba de su público y del resto de los testigos que escucharon la lectura interminable de acusaciones. En primera línea del «patio de butacas» permaneció sentada Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y activa militante kirchnerista durante los doce años largos de gobiernos «K». Nunca antes, en la historia de Argentina, una candidata a vicepresidenta ocupó un lugar protagonista o de primera dama, de semejante colección de cargos y acusados.

Jugada política

La viuda de Nestor Kirchner asumió que el objetivo de las cámaras y los focos era ella. Las imágenes lo ilustran con la naturalidad forzada a la que está acostumbrada. Hace pocos días presentó en un espacio lleno de gente, una biografía titulada «Sinceramente», un adverbio que la justicia podrá usar en la sentencia final de un juicio que la encontrará como vicepresidenta electa o senadora en ejercicio. Es decir, con fueros que la permitirán escurrir una presumible condena. La decisión de no ser cabeza de «fórmula» electoral se interpreta en diferentes sectores como una jugada dirigida, en el caso de que triunfase en las elecciones de octubre, a lograr el indulto inmediato del futuro presidente, según sus previsiones. Si por primera vez en su vida política hubiera acertado al elegir como compañero de viaje a Alberto Fernández, su ex jefe de Gabinete, la viuda de Néstor Kirchner podrá respirar tranquila durante este juicio y la otra docena que tiene en lista de espera.

Tres años después de dejar el Gobierno y negarse a entregar a su sucesor, el actual presidente, Mauricio Macri, los «atributos» presidenciales (la banda y el bastón de mando) la acusada tendrá la oportunidad de demostrar que, como ella proclama, este juicio y los que le quedan son puro teatro, «una persecución política» de la que ella es una «víctima».

Como si con él no fuera la cosa (y en realidad no le va) Macri dedicó el tiempo del juicio a inaugurar la construcción de una fábrica de trenes en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. «Acá pasaban cosas absurdas, ahora estamos haciendo bases reales. Por primera vez no acudimos a un parche o atajo, a una cosita mágica», dijo en alusión a que en su Gobierno, las obras se hacen y la magia de su antecesora terminó en maldición populista e hipoteca para Argentina que, por cierto, él incrementó.