Misil Novator 9m729 (SSC 8), del ejercito de Rusia
Misil Novator 9m729 (SSC 8), del ejercito de Rusia - ABC

El colapso del tratado nuclear EE.UU.-Rusia abre una nueva carrera armamentística

La Administración Trump confirma la retirada del acuerdo de misiles intermedios incumplido por Moscú e impulsa nuevas armas

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Estados Unidos confirmó ayer su salida formal del tratado con Rusia para la eliminación de misiles nucleares de medio y corto alcance (INF, en sus siglas en inglés), un movimiento esperado después de que Donald Trump anunciara su intención de abandonar el acuerdo por los incumplimientos de Moscú, a quien acusa de desplegar un sistema de misiles que vulnera sus términos. La decisión, que viene acompañada de la intención de EE.UU. de desarrollar nuevos misiles para contrarrestar el armamento ruso, abre una nueva carrera armamentística, con la sombra de una creciente potencia militar: China.

«Rusia es la única responsable de la defunción del tratado», aseguró el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, en el comunicado que anunciaba el fin formal del acuerdo. Según la posición de EE.UU., Rusia ha infringido las condiciones del tratado desde mediados de la primera década de este siglo, con el desarrollo, producción y prueba de misiles que no cumplen con las condiciones.

El INF lo firmaron Ronald Reagan y Mijail Gorbachov en 1987, en el ocaso de la Guerra Fría. Su objetivo era prohibir misiles nucleares y convencionales de rango corto y medio -entre 500 y 5.500 kilómetros-, con excepción de los que pueden ser lanzados desde el océano. Las dos potencias se comprometieron a destruir parte de su arsenal -en 1991 ya habían eliminado 2.700 misiles- y a permitir inspecciones mutuas a sus instalaciones.

Las fricciones sobre incumplimientos del tratado vienen de lejos. En 2007, el presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió que ya no servía a los intereses de su país, después de que en 2002 su homólogo estadounidense, George Bush, sacara a EE.UU. del Tratado de Misiles Antibalísticos, que prohibía armas para contrastar misiles nucleares.

La Administración Obama denunció por primera vez en 2013 que Rusia no era fiel al INF. Según Pompeo, Moscú «ha rechazado de forma sistemática seis años de intentos de EE.UU. para que vuelva al cumplimiento». En todo este tiempo, la OTAN ha dado por buenas las pruebas presentadas por EE.UU. de que Rusia desarrolla un sistema de misiles -SSC-8, en la terminología de la OTAN; 9M729, en la estadounidense-, algo que Rusia se empeña en negar. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, siguió ayer una línea similar a la de Pompeo y aseguró que «Rusia tiene completa responsabilidad» en el colapso del tratado por su «falta de voluntad para cumplir con sus obligaciones internacionales».

Hasta ciudades europeas

«Los nuevos misiles rusos tienen capacidades nucleares, son móviles y difíciles de detectar, pueden llegar a ciudades europeas en minutos desde que se dé la señal de alarma», advirtió Stoltenberg, que, pese a todo, aseguró que la alianza atlántica no quiere «una nueva carrera armamentística» y que de momento no optará por desplegar misiles nucleares en territorio europeo.

El Pentágono anunció ayer, nada más formalizarse la salida del INF, que «buscará de forma completa» el desarrollo de nuevos misiles terrestres «como una respuesta prudente a las acciones de Rusia». Lo dijo en un comunicado Mark Esper, el secretario de Defensa, que explicó que este sistema se desarrolla desde 2017 como resultado de los incumplimientos de Rusia y que, por el seguimiento «escrupuloso» del tratado por parte de EE.UU., todavía está en una «fase temprana».

Las pruebas con estos nuevos misiles empezarán en semanas, aunque el Pentágono reconoce que tardarán años en su desarrollo. En la propuesta de presupuesto de la Administración Trump para 2020, presentada en febrero, se incluían 96 millones de dólares para la investigación y desarrollo de estas armas.

El colapso del INF deja además una sombra sobre el futuro de otro tratado nuclear entre EE.UU. y Rusia, el New START, sobre armas nucleares estratégicas. Expira en 2021 y si no se renueva o extiende, las dos grandes potencias no estarán vinculadas por ningún tratado de control de armas nucleares.

La preocupación sobre una nueva carrera armamentística va, sin embargo, más allá de Rusia. El abandono del tratado también tiene que ver con la creciente amenaza que supone China, cuyo arsenal de misiles convencionales es el más poderoso del mundo, tiene un ambicioso plan estratégico y no ha participado en ningún proceso de no control de armas. No es casualidad que Pompeo citar a la potencia asiática en el final de su comunicado, en el que asegura que la Administración Trump quiere abrir «un nuevo capítulo del control armamentístico más allá de los tratados bilaterales del pasado» y que llama a «Rusia y China a unirse en esta oportunidad».