Carta de un hombre desesperado por volver a Cuba
El disidente cubano Adrián Leiva murió hace un mes ahogado cuando intentaba regresar a Cuba en una embarcación.

Carta de un hombre desesperado por volver a Cuba

ABC.es
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Firma con orgullo "ciudadano cubano", aunque escribió esta carta desde Miami el 7 de abril de 2009. Hoy hace justo un año. La titula "Adrián Leiva. Palabras para oídos humanos", y en ella cuenta por qué necesita volver a su isla. Una isla que abandonó en 2005 y cuyo gobierno le negó la entrada desde entonces.

Leiva logró volver a Cuba en 2008, pero fue expulsado al acabar su permiso de tres meses expirase. Cuando trató de regresar el año pasado, le negaron la salida del Aeropuerto Internacional de Miami.

Esta es la carta publicada en la web del Partido Demócrata Cristiano de Cuba (PDC) donde militaba el disidente y periodista cubano que murió ahogado el pasado mes al intentar volver a pisar su tierra.

"Creo necesario escribir estas palabras, no para justificar ningún acto de mi vida, sino para compartir mis pensamientos con ustedes. Algunos de los que recibirán estás líneas me conocen desde la infancia en mi Palatino querido; otros, la dicha de su presencia me llegó más tarde, dentro de Cuba o en mi viajes a los Estados Unidos. Prefiero titular esta carta “Palabras para oídos humanos”, porque lamentablemente los cubanos un día, sin darnos cuenta, dejamos de razonar con la lógica de los seres humanos y empezamos a “pensar” como dóciles “compañeros”. Ese fue el momento en que nos robotizamos y nuestras mentes tomaron un oscuro y triste camino. También fue el momento en que dejamos de preguntarnos dónde está nuestro derecho como seres humanos y nos convirtieron en seres casi humanos, sin derechos. Dejamos de amarnos unos a otros para vigilarnos y descalificarnos unos a otros. Yo desconfío de ti y tú desconfías de mí.

(...)

Nos impusieron el lenguaje del razonamiento antihumano; el razonamiento del “compañero”. Todos, de una manera u otra, hemos sido intoxicados en mayor o menor medida por el virus. Unos a favor, otros en contra, pero todos dejándonos de amar y viéndonos como enemigos, y descalificando nuestra condición humana por la mutua desconfianza.

Poco a poco perdimos la razón de las palabras PATRIA, FAMILIA Y NACIÓN.

Amigos míos, cada persona es libre de fijar residencia en el estado que desee. Es válido y respetable ese derecho, pero jamás un pueblo fue tan autodestructivo al descalificar a sus hijos por razones migratorias como lo ha hecho lastimosamente el pueblo cubano.

Algunos recordarán los gritos de “gusanos” a quienes se marchaban del país. Más tarde, los mítines repudio y los gritos de “escoria”. Fijar residencia en otro país era, y continúa siendo, un delito para el cubano y, peor aún, ejercer el natural derecho de volver a residir en el país de uno es un pecado capital, toda vez que “aceptamos” la denigrante “salida definitiva” que nos impone el fidelismo.

No sé si mi lejana raíz de hebreo (algunos nos generalizan inapropiadamente como judíos: soy de Palatino, no de Judea) me haga sentir el natural derecho de volver a mi tierra y negarme a ser un emigrante, por la simple razón de tener patria. Somos los cubanos el único pueblo que no lucha masivamente por retornar a su tierra, sino más bien añora salir de ella.

Culpar a un gobierno de esta realidad es justo, pero también debemos recordar que a todos nos toca una dosis de responsabilidad social. Si la emigración fuera la solución de nuestros problemas, con 11 millones de visas se acabaría el problema de Cuba. Claro, también desaparecería la Nacíon Cubana.

Amigos míos, no permitamos que el derecho a estar en nuestra patria o el de fijar residencia en otro país, sea motivo para descalificar a ningún cubano llamándolo gusano o infiltrado. Continuar pensando así es hacerle un favor a los que nos impusieron la filosofa del odio y la división.

Lo normal sería que todos los cubanos, de manera lógica y masiva reclamáramos nuestros derechos civiles. La mayoría de nosotros alega que viene buscando “tierra de libertad”, sucede que una vez en ella no actúa en consecuencia y se niega a reconocer que la libertad comienza en el alma.

Aceptamos dócilmente pagar un dólar por minuto de llamada telefónica a Cuba, permitimos precios súper abusivos en pasajes, tarifas de remesas y envíos por libra de mercancía a Cuba, nos imponen una “salida definitiva” con burdas excusas y, como si fuera poco, en la llamada tierra de libertad, políticos de origen cubano abogan por leyes que nos permiten viajar a nuestro país sólo cada tres años, actuando de igual modo que el sistema que dicen combatir y sumándose a la violación del artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

¿Cuándo comenzaremos a entender todos los cubanos que lo normal es batallar por nuestros derechos civiles, que somos cubanos porque existe Cuba y que descalificarnos sólo contribuye a que continuemos pensado como compañeros, no a razonar con la lógica de lo que realmente somos: seres humanos?

Cuba comenzará a ser un poco más libre el día que cada uno de nosotros mentalmente comience a ser también más libre y a buscar la razón y la lógica.

Si por defender el derecho de ser cubano y estar en Cuba, me descalifican mis compatriotas y me acusan de ser en lo que no soy, ni nunca he sido, entonces, con todo dolor, tengo que reconocer que el fidelismo no se ha mantenido sólo por la fuerza, sino por la pobreza de mente y alma de una parte considerable de nuestro pueblo. Que Dios perdone tanta pobreza de razonamiento en algunos cubanos.

Pero, sabiendo que llegaría a oídos humanos, sólo quería robarles unos minutos con la lectura de esta carta a los que deseen hacerlo, cuando ya no me encuentre entre ustedes y disfrute del privilegio de andar por las calles de mi Habana, destruida sí, pero mi Habana al fin. Si eso es un delito que me juzguen mil veces, pero teniendo patria no me resigno a ser extranjero.

Reconozco que no tengo el valor de ustedes para soportar tanto dolor en el difícil arte de ser un emigrado.

No me despido, sólo les digo hasta otro día y que Dios permita que las barreras que hoy impiden que los cubanos tengamos una política migratoria normal sean levantadas pronto, para el bien y la unidad familiar de todo nuestro pueblo".