Un dibujo caricaturiza la hambruna somalí - abc
CARICATURISTAS EN SOMALIA

«Lo próximo en prohibirse será el humor. Y ese día estaremos perdidos»

Sequía y miseria se entrelazan en las tiras cómicas de Somalia. Un «delito contra el Islam» que amenaza la vida de sus autores

nairobi Actualizado:

Colores pastel para disipar la hambruna. En el pequeño despacho de Abdullahi Abdirahmam, «Alif», en la capital de Somalia, Mogadiscio, la esperanza se distribuye entre pinceles y botes de pintura.

«En los viejos tiempos, en nuestro país, había espacio para la risa. Ahora todo ha cambiado» asegura a ABC este pequeño somalí, quien en las últimas dos décadas se afana en poner color a la infamia. Un «delito contra el Islam» que ya ha llevado a este caricaturista a ser amenazado de muerte. «Somalia es solo el amor de verano de la comunidad internacional. Y en los próximos meses, volveremos a caer en el olvido. Mis dibujos son reflejo esto. Aunque no gusten a las milicias de Al Shabab», asegura Abdirahmam.

«Somalia es solo el amor de verano de la comunidad internacional»

Desde que en 1991 se colapsara el sistema político somalí tras el derrocamiento del dictador Siad Barre, cerca de 700.000 personas han perdido la vida en los enfrentamientos librados en el país, primero por los clanes feudales, y ahora por las milicias islamistas. Una anarquía política que, a día de hoy, se entrelaza con la sequía y la hambruna.

Para «Alif», el mayor problema del cómic somalí es su falta de entendimiento: «En todos estos años, ningún colectivo nos ha mostrado su apoyo. Sin embargo, nosotros somos los verdaderos portavoces de la hambruna. Las caricaturas islámicas no deben ser tan solo burlas sobre el Profeta».

Decenas de artistas huyen

Muktar Bashir Mudey es otra de las víctimas del eterno olvido. En 2008, este dibujante de tiras cómicas se vio obligado a abandonar Somalia ante el ascenso político de Al Shabab.

«Tras la llegada al poder de los rebeldes, huí al campo de refugiados de Dadaab, en la frontera con Kenia. Mis dibujos tuvieron que quedar atrás. No así mis historias».

Pese a ser una de las figuras más reputadas de su país, en la actualidad, Mudey sobrevive ilustrando libros para niños y anuncios publicitarios en Kenia: «Primero prohibieron (las milicias de Al Shabab) la música, después el deporte. Lo próximo será el humor. Y ese día estaremos perdidos».

El caso de Mudey no es único. Como él, decenas de artistas se han visto obligados a abandonar el país africano en los últimos tiempos. Éste es el caso de Amin Amir, convertido ahora en una de las figuras más reputadas de la clase política somalí (su nombre se perfila en numerosas ocasiones como candidato a dirigir la región semi-autónoma de Puntland) y quien actualmente reside en Canadá. Aunque su influencia no se limite a la diáspora.

«Desde primera hora de la mañana, el ritual de buena parte de los somalíes es el mismo: conectarse a la página web de Amir para relativizar su miseria», asegura Patrick Gathara, secretario general de la Asociación de caricaturistas del Este de África (Katuni).

Es cierto que esta arcaica página apenas deja espacio para la imaginación, pero el mensaje es claro: cohesión y humor en un tiempo de hambruna. No en vano, en la mayoría de los debates políticos el nombre de Amir aparece siempre como analista político, no como un mero dibujante. Una reflexión común en la que todas las diferencias políticas en la mesa se disipan.

«En Somalia, quizá sea el tiempo ahora de artistas como Amir», asegura el pequeño Abdullahi Abdirahmam. Y esta vez, no bromea. En juego, la sonrisa de más de cuatro millones de almas.