El presidente Bashar al Assad, en una imagen de 2017
El presidente Bashar al Assad, en una imagen de 2017 - AFP
PERFIL

Bashar al Assad, de modernizador a demonio para Occidente

El mandatario cumple 18 años al frente de Siria. La guerra ha transformado a un presidente que llegó con aires de reformista en un «animal» para los gobiernos occidentales

CORRESPONSAL EN JERUSALÉNActualizado:

Siria devolvió esta semana a Francia la Gran Cruz de la Legión de Honor que el expresidente Jacques Chirac concedió a Bashar Al Assad en 2001 por considerarla un «deshonor». Fue la respuesta de Damasco al ataque del pasado sábado liderado por Donald Trump, en el que tomaron parte también fuerzas británicas y francesas, que lanzaron más de cien misiles contra tres objetivos que, según el Pentágono, estarían vinculados al programa de armas químicas sirio. Assad cumplirá en julio 18 años en el poder, los últimos siete marcados por una guerra que deja medio millón de muertos y más de la mitad del país refugiada o desplazada, una guerra que ha convertido a quien fue galardonado con la más alta distinción que otorga Francia, en un «animal», según Trump, responsable de «una política de extermino», en palabras de Amnistía Internacional, y «culpable de usar armas químicas de forma reiterada», de acuerdo a los informes de la ONU. El ministro de Exteriores francés, Jean-Marc Ayrault, advierte además que «llegará el día en el que la justicia internacional se pronuncie sobre Assad como criminal de guerra». Nada que ver con lo que defendía el Elíseo hace 17 años.

En 2001, el presidente sirio acababa de llegar al poder tras la muerte de su padre, Hafez, que había gobernado durante tres décadas. Por aquellos días realizó una gira por Europa que, además de Francia, también le llevó a España, donde fue recibido por Sus Majestades los Reyes y el presidente del Gobierno, José María Aznar. Viajó acompañado de su esposa, Asma, y aparecieron hasta en las revistas del corazón. Dos años más tarde, Don Juan Carlos y Doña Sofía viajaron a Siria donde visitaron Damasco, Palmira y Alepo. Siria tenía también relaciones cordiales con Turquía, Recep Tayyip Erdogan tomó parte en la inauguración en 2007 del estadio de Alepo ante 75.000 personas, y los países del Golfo, para los que Siria era uno de los destinos favoritos de vacaciones. En 2009, el entonces senador estadounidense John Kerry cenó con el matrimonio Assad en la Ciudad Vieja de Damasco y calificó a Bashar como «un actor esencial para traer paz y estabilidad a la región», pero cuando estalló la guerra en 2011 todo saltó por los aires y solo Rusia e Irán han permanecido junto al mandatario sirio, un respaldo tan firme como el que le han proporcionado las minorías a nivel doméstico.

«Assad no ha cambiado, es el mismo de siempre, lo que ocurre es que en Europa son demasiado inocentes e imaginaban que realmente traería reformas y apertura, sin pararse a pensar que era hijo de quien era. El planteamiento occidental es cínico, le usaron mientras servía a sus intereses y después le han dado la espalda», explica a este medio el profesor Eyal Zisser, autor de libros como ‘Dirigiendo Siria: Bashar Al Assad y los primeros años en el poder’ o ‘El legado de Assad: Siria en transición’ , obras que profundizan en la herencia recibida por el actual dirigente sirio. Una herencia que ha marcado de forma decisiva su forma de actuar, según Zisser.

Bashar creció a la sombra de su hermano Basel, quien estaba llamado a heredar el cetro de poder de la familia. Tras estudiar Oftalmología en Damasco viajó en 1992 a Londres para completar su especialización. En la capital británica conoció a la que más tarde se convertiría en su esposa, Asma, con la que tiene tres hijos, pero sus estudios en el extranjero apenas duraron dos años ya que en 1994 Basel falleció en un accidente de tráfico y tuvo que regresar de urgencia a Damasco. Fue el primer giro radical en su vida y le obligó a iniciar su formación acelerada como futuro presidente, cargo que tuvo que asumir tras la muerte de su padre en 2000.

De Hama a la «Primavera Árabe»

Sus primeros años al frente del país estuvieron marcados por ligeras reformas, la entrada de Internet en el país y una apertura económica neoliberal que le otorgaron una imagen modernizadora frente a la era de Hafez, pero la esperanza no tardó en disiparse y la conocida como «primavera de Damasco», se marchitó. La auténtica ‘primavera’ llegó para Assad en 2011, cuando se produjo el segundo gran giro en su vida. El dirigente tenía 46 años cuando estallaron las revueltas en el marco de la conocida como «Primavera Árabe», procesos revolucionarios que acabaron con décadas de dictaduras, como las de Mubarak en Egipto o Gadafi en Libia, y aplicó el manual que su padre empleó en los ochenta contra los Hermanos Musulmanes en Hama.

Hafez, creador de la Siria moderna, tenía 50 años cuando le tocó enfrentarse a la crisis más grave a la que jamás se enfrentó su gobierno: el levantamiento de la Hermandad. La respuesta fue implacable. En febrero de 1982, envió sus tropas a la ciudad que se levanta a orillas del río Orontes para reprimir un levantamiento y hubo miles de muertos, 40.000 según algunas fuentes. Acabó por la fuerza con tres años de inestabilidad provocada por los miembros de la Cofradía en todo el país.

«La rebelión de Hama fue importante, pero supuso un desafío mucho menor que el levantamiento de 2011 para el régimen y Bashar recurrió, sin dudarlo, a los mismos métodos de su padre desde el primer momento. Los sirios siempre dicen que el problema está en ‘la gente que le rodea’, pero lo cierto es que aunque esta gente cambia, él sigue. Bashar tiene la última palabra y el poder total», piensa el profesor Zisser, que ve al mandatario sirio como «el actual ganador de la guerra» y no descarta que «en el futuro pueda incluso pasar el testigo a su hijo mayor», que se llama como su abuelo, Hafez.

Moshe Maoz, autor de la biografía «Assad, la Esfinge de Damasco», piensa que «su padre era general y Bashar no lo es, pero cumple 18 años en el poder y ha dado muestras de tener una personalidad fuerte y de contar con un apoyo firme de las minorías, Hizbolá, Irán y Rusia, no está solo». Para este veterano profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén «la imagen de líder aperturista se acabó en cuanto se dio cuenta de que podía perder el poder, entonces pasó a convertirse en un dictador frío y por eso los datos de la guerra son terribles».