Hermann Tertsch

Ahora le llaman golpista

Donald Trump no duda en la pelea total por cumplir con su muro

Hermann Tertsch
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Seguro que a muchos ya les han contado que Donald Trump ha dado un golpe de Estado por declarar el estado de emergencia para construir el muro. Quien se lo diga seguro que no sabe cuántos «golpes de Estado» de ese tipo dieron Bill Clinton, Barack Obama o los presidentes George Bush, padre e hijo. Clinton firmó 17 estados de emergencia, Obama 13, Bush padre 4, Bush hijo 12. En tres años de insultos y feroces acusaciones contra Trump se ha oído de todo. Y la acusación de golpista surgió apenas llegó al poder. La hacían precisamente quienes habían perdido las elecciones y querían revertir el resultado de las urnas. Nadie ha sido más investigado y espiado. Nadie habría resistido presión y acoso a que ha sido sometido.

Pero, a sus 72 años, Trump disfruta como un niño en la pelea. Va a tener tremenda bronca con el Congreso. Todo acabará previsiblemente en el Supremo. Es lo que tiene la división real de poderes que existe allí. Pero de momento dispone de 8.000 millones. Más que los 5,7 millones que el Congreso le negaba. Y está decidido a cumplir sus promesas electorales, también la del muro para una frontera controlada. En la que el tráfico sea legal siempre y entren quienes quiera EE.UU. que entren. Y nadie más. Lo que todos quieren en su casa: que solo entren invitados. Para evitar el submundo de la inmigración ilegal del que se benefician mafias, delincuencia y ciertos empresarios, a inmenso coste para la sociedad. Eso vale para EE.UU. como para Europa o Australia, o cualquier país desarrollado.

Lo que hace el presidente es hacer uso de sus atribuciones, como hicieron sus antecesores por mil diversos motivos, para acelerar ese proyecto clave de su presidencia. Precisamente por serlo cuenta con la fanática oposición de la izquierda. El muro se comenzó a construir con presidentes demócratas, tiene todo el sentido del mundo, y las columnas de inmigrante ilegales y agresiones contra la frontera demuestran su pertinencia. Lo inaudito es que existan apologistas de la inmigración ilegal. Y es que la izquierda llegó al siglo XXI en plena irracionalidad, pero contra Trump es peor aún, enloquece.

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