Churrería en la plaza de La Bastilla
Churrería en la plaza de La Bastilla - juan pedro quiñonero

Los churros se hacen un hueco en las Navidades parisinas

El churro de la capital francesa está más próximo de la porra madrileña que del churro casero andaluz

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¿Qué hay de nuevo en la Navidad parisina? Los churros.

Navidad popular y callejera, se entiende, cuando cada barrio, cada gran avenida, cada gran plaza, monta sus caballitos para la tropa menuda y los puestos de chucherías alternan con tenderetes que intentan vender bocatas, hamburguesas y... churros.

Hay «fritangas» de gran tradición francoparisina. Pero, lentamente, los churros artesanales, de tradición casera, han terminado imponiéndose en las inmediaciones de los Grandes Bulevares (la histórica arteria de un París popular difunto), en la plaza de la Bastilla, en la Feria del Trono, en la plaza de la República, que vuelve a cobrar una cierta tradición popular, muy multicultural, en nuestro tiempo, con muchas notas de color afrocaribeño.

El churro parisino está más próximo de la porra madrileña que del churro casero andaluz. Y está presentado con mucha iconografía pop, como si se tratase de productos de una California fotografiada por George Lucas en «American Graffiti».

La churrería parisina no solo vende churros. El churro puede ser el artículo estrella y a la moda. Pero debe competir con un largo rosario de productos locales y regionales franceses: «croustillons», «crêpes», «beignets», «gaufres». Ninguno de esos artículos (con azucar o miel) forma parte de ninguna dieta alimenticia. Ni se compran ni se venden en las pastelerías de gente acomodada.

El churro parisino, como todo lo citado aquí arriba, son artículos / platos de resistencia popular, a consumir mientras se vagabundea por una fiesta popular de barrio, mientras los niños cabalgan hacia el lejano oeste montados en sus caballos de madera o cartón en un «manege», caballitos que iluminan la noche invernal con el cielo estrellado de las ilusiones infantiles.