Un familiar sobre el féretro de un militar asesinado la semana pasada en Túnez
Un familiar sobre el féretro de un militar asesinado la semana pasada en Túnez - reuters

¿Por qué Túnez es el único país que mantiene la esperanza de la Primavera Árabe?

La retirada pactada de la coalición de Gobierno de los islamistas, a pesar de que vencieron en las urnas, ha servido para apaciguar los ánimos

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Túnez fue entre finales de 2010 y principios de 2011 el escenario en el que saltó la chispa de lo que después acabó llamándose Primavera Árabe, es decir, una serie de levantamientos populares contra los gobiernos que, con el tiempo, han corrido distinta suerte.

El derrocamiento de la dictadura de Ben Alí, que había reprimido de manera firme durante su mandato a los islamistas, abrió nuevos aires de libertad en Túnez, que celebró unas elecciones a finales de 2011 que finalmente venció el partido Ennahda, de corte islamista moderado.

La novedosa presencia de los conocidos como «barbudos» en la coalición gubernamental no frenó el descontento de un amplio sector de la calle, sobre todo el espectro izquierdista y laico, que vio cómo las ilusiones sembradas para vivir en un nuevo estado no prendían.

Por otro lado, los sectores más radicales del Islam, incluidos grupos yihadistas y terroristas, también aprovecharon la válvula de escape de la revolución para tratar de ganar poder al precio que fuera. Y eso incluyó el asesinato de dos conocidos opositores de izquierdas, lo que elevó el descontento contra Ennahda, que finalmente decidió apartarse del Ejecutivo para evitar males mayores.

Esa puede haber sido la clave para impedir que Túnez termine sumido en una espiral de violencia e inestabilidad comparable a Egipto o, peor todavía, a Libia o Siria.

Es verdad que las Fuerzas de Seguridad tienen en yihadistas y terroristas a un serio enemigo, pero las elecciones presidenciales y parlamentarias que han de celebrarse antes de que acabe 2014 pueden verse, en líneas generales, con cierto optimismo.