Así es el sistema antiaéreo que podría haber derribado el avión de pasajeros en Ucrania
Fotografía de 2011 que muestra un sistema de cohetes ruso "Buk-M2" durante una exhibición aérea en Zhukovsky, en las afueras de Moscú (Rusia) - EFE
Avión Malaysia Airlines

Así es el sistema antiaéreo que podría haber derribado el avión de pasajeros en Ucrania

El «Buk» puede localizar enemigos y disparar sobre ellos varios proyectiles guiados desde tierra cuyo alcance varía dependiendo de su modelo

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Terriblemente efectivo. Quizás esta sea la mejor forma de definir al «Buk», el sistema antiaéreo que habría derribado el avión malasio en Ucrania provocando la muerte de 298 personas (contando, entre las mismas, al portavoz de la OMS Glen Thomas). Y es que, a pesar de que su versión embrionaria empezó a ser desarrollada durante la época de la Unión Soviética, ésta arma se ha ido adaptando perfectamente a los tiempos y, en la actualidad, se ha convertido en una de las mejores defensas contra todo aquello que surque los cielos (desde aviones, hasta drones).

Según la información hecha pública desde Kiev, el vehículo que podría haber derribado el avión sería del tipo SA–11 o SA-17 ruso. Estas siglas son una abreviatura de SAM («surface to air missile» o, en español, «misil de superficie-aire») denominación que reciben en Occidente los sistemas de guía de misiles que combaten desde tierra contra enemigos que llegan desde el cielo. Sin embargo este tipo de artillería es conocida en Rusia como «Buk». Se denomine como se denomine, es, en definitiva, tecnología antiaérea. «Es un sistema de fabricación soviética en sus orígenes -y actualmente rusa- que ha ido evolucionando a partir del primer “Kub” -el nombre de una pieza antiaérea que se creó en los años 70-», afirma, en declaraciones a ABC, el teniente coronel de artillería Joaquin Broch -del Ministerio de Defensa español-.

Del SA-11 «Gadfly» al SA-17 «Grizzly»

El sistema SA-11 hace las veces de defensa antiaérea de medio alcance. Está diseñado para servir de apoyo y defender a tropas de tierra, instalaciones y núcleos urbanos contra posibles ataques de misiles (tácticos y de crucero), drones, cazas, helicópteros y, en definitiva, contra todo aquel aparato que sobrevuele un espacio aéreo determinado sin autorización.

Como explica el militar español a ABC, el SA-11 es un antiaéreo ruso que se compone principalmente de un radar que capta la presencia de un objetivo y una lanzadera desde la que, posteriormente, se dispara contra un blanco. Es la versión embrionaria del SA-17 (que se diseñó posteriormente) y puede lanzar cuatro misiles tierra-aire con un alcance efectivo de 32 kilómetros y una altura máxima de 22 kilómetros (aunque detecta enemigos en el cielo a una distancia mucho mayor). El «Gadfly» (tábano), como también se llama, usa un sistema de disparo con guía semiactiva. Esto significa que es necesario señalar desde tierra el objetivo para que el proyectil llegue hasta él.

Por su parte, el SA-17 «Grizzly» es el hermano mayor del «Gadfly». Concretamente, está formado por un vehículo que se compone de un chasis con orugas y que dispone de un radar y un lanzador de misiles tierra-aire con capacidad para disparar proyectiles tipo 9M317, 9M317E, 9M38 o 9M38M1. Si por algo se caracteriza este sistema antiaéreo es porque sus lanzadores («tubos») son totalmente independientes unos de otros, lo que hace que, si uno de ellos se avería o es dañado, el resto de los disparos puedan ser realizados sin problemas.

El funcionamiento de un sistema antiaéreo

En la actualidad, y en lo que a los antiaéreos se refiere, es difícil hablar de un único vehículo que realice todas las operaciones necesarias para derribar un objetivo. «Cualquier sistema –sea soviético, ruso, o de cualquier parte del planeta- está formado por un conjunto de elementos que se dividen, a gran trazos, en centro de control, radares y lanzador de misiles. Pero no tienen que ir todos necesariamente en un mismo vehículo», completa Joaquin Broch. Éstos, pueden ser autopropulsados -ir montados encima de un automóvil o un camión- o remolcados

El radar detecta al objetivo y envía la información al centro de controlPara derribar un objetivo, éste debe ser hallado inicialmente por el primer elemento del sistema antiaéreo: el radar de adquisición -que detecta al blanco en el cielo cuando entra dentro de su rango de acción-. En ese momento, la información de que un enemigo ha sido encontrado pasa al radar de seguimiento, que no pierde de vista al enemigo (lo «ilumina» en términos militares) para que, cuando el misil sea disparado, pueda llegar hasta su objetivo. La revelación pasa también a un centro de control, el lugar desde donde se da la orden de disparar.

«Desde el centro de control se ordena el disparo de los proyectiles. Una vez que el misil está en el aire puede llegar hasta el objetivo gracias al seguimiento que están haciendo los radares desde tierra y, a su vez, puede modificar su trayectoria y sus parámetros de vuelo para dirigirse hacia el blanco. Este proceso se hace de manera automática, aunque la orden de disparo siempre es humana. Hay sistemas más modernos, pero todos funcionan más o menos igual que el SA. Fue desarrollado en los años 80 y está totalmente operativo», completa el militar a ABC.

Las formas de evitar un sistema antiaéreo

Según Joaquin Broch, en la actualidad sólo hay dos formas de evitar a los sistemas antiaéreos: «La primera es volar fuera de su radio de alcance, esto lo pueden hacer tanto los aviones civiles como los militares. Por su parte, los aviones militares están equipados con tecnología que hace que no sean vistos por los antiáreos y que, una vez que el caza ha sido localizado por un radar de tiro, llevan a cabo una especie de guerra electrónica para que no se les pueda hacerl un seguimiento. También están dotados de sistemas que les alertan cuando son detectados».