Hollande y Valls, este lunes - afp
discurso televisado

Hollande se entrega al «español» Valls tras el batacazo en las elecciones municipales

El presidente francés, en su peor momento político, achaca el deterioro de la situación a la herencia recibida de Sarkozy

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Tras el implacable voto de castigo de la elecciones municipales, François Hollande ha respondido este lunes con un mensaje solemne a la nación, retransmitido por todas las cadenas de radio y tv, anunciando la apertura de una «nueva etapa», dirigida por su nuevo jefe de Gobierno, Manuel Valls, hijo de un gran pintor español, desterrado, el hombre que deberá salvar a Francia de una crisis que viene de lejos y se ha agravado en los dos últimos años.

La segunda y definitiva vuelta de las elecciones municipales, el domingo, ha confirmado que el poder municipal ha girado a la derecha en toda Francia.

En su mensaje solemne, el presidente Hollande ha comenzado entonando un «mea culpa»: «He escuchado vuestro voto, con vuestra abstención y con la expresión de vuestro descontento y vuestra decepción. He escuchado el mensaje, muy claro: pocos cambios, lentos, poca creación de empleo, poca justicia social y demasiados impuestos».

Tras esa constatación, implacable, el jefe del Estado ha anunciado que «ha llegado la hora de abrir una nueva etapa». Esa «nueva etapa», está llamada a continuar durante un periodo de tiempo indefinido una política de restauración de la menguada credibilidad nacional en la escena europea, con malos resultados económicos que pueden afectar al euro y al resto de las economías europeas.

Tres grandes prioridades

Para «acelerar» la política de restauración de la credibilidad nacional, el presidente Hollande ha elegido al político más popular de Francia, poco popular entre el electorado socialista, Manuel Valls, ministro del Interior, hijo de Xavier Valls, uno de los grandes pintores figurativos españoles del último medio siglo.

Como ministro del Interior, Valls ha defendido una política moderadamente conservadora. Ha ganado popularidad entre el pueblo de derechas, y ha perdido popular entre el pueblo de izquierdas. Como candidato a la candidatura socialista a la elección presidencial, el mismo Valls se definió, en su día, como un firme partidario de un modelo político y económico que «hermanase» el socialismo y el liberalismo. Casi toda la izquierda francesa reprocha al nuevo primer ministro de Francia esa visión política y económica, de Francia y Europa.

En su mensaje solemne a la nación, Hollande ha fijado a su primer ministro unas tareas que aspiran a ser una «síntesis» entre el «social liberalismo» de Valls y las teorías nada liberales de buena parte de la izquierda francesa.

De entrada, el jefe del Estado ha comenzado recordando que Francia está obligada a realizar las economías de Estado previstas para poder respetar sus incumplidos compromisos europeos: 65.000 millones de «economías» (recortes) durante los próximos tres años. 15.000 millones este mismo año. Y otros 50.000 millones de recortes / economías, los dos próximos años.

Sentado ese principio fundamental, Hollande encomienda a Valls tres grandes prioridades.

Primero, «dar fuerza a nuestra economía», a través de un Pacto de responsabilidad que intenta asociar a las empresas a la creación de empleo, a través de posibles reducciones de las cargas sociales. La lejana creación de empleo para una consolidación y refuerzo de una economía víctima de viejas lacras nacionales.

Segundo, «producir de manera diferente». Hollande espera que la restauración de la productividad también pase por la «transición energética y las economías verdes». Se trata de un guiño dirigido a izquierdistas y ecologistas.

Tercero, «más justicia social». Tras el Pacto de responsabilidad, negociado con las empresas, Hollande espera negociar un nuevo Pacto de solidaridad, que permita mejorar la educación y bajar algunos impuestos a las familias, a través de la baja de las cotizaciones sociales.

Críticas a Valls

¿Cómo llevar a la práctica tan ambiciosas promesas, repetición de promesas incumplidas durante los dos próximos años?

Hollande espera que Manuel Valls triunfe allí donde ha fracasado su primer ministro dimitido, Jean-Marc Ayrault.

De entrada, el nuevo primer ministro de Francia deberá formar un nuevo Gobierno, con gran rapidez. Los ecologistas y el ala izquierda del PS reaccionaron al nombramiento de Valls desenterrando la retórica de una hostilidad agresiva.

Para la gran mayoría de ecologistas y socialistas de izquierdas, Valls es poco menos que un enemigo público. Valls pasa por ser un conservador «disfrazado» de socialista. Ecologistas, PCF, izquierda radical e izquierda socialista, estiman que la gran derrota de las elecciones municipales es la consecuencia «lógica» de las traiciones de Hollande.

«El pueblo de izquierda no se reconoce en un Gobierno y un presidente que han traicionado todas sus promesas electorales de la primavera y el verano del 2012», repiten al unísono todos los portavoces de la izquierda.

Sin duda, Hollande y Valls cuentan con el apoyo de una parte quizá mayoritaria del PS y del Gobierno saliente. Y esperan, ambos, formar un nuevo Gobierno de concentración y combate, intentando integrar y conciliar muchas y distintas sensibilidades.

Tras la formación del nuevo Gobierno, hoy, o mañana. Hollande y Valls comenzarán una larga y dura carrera maratón.

Hollande espera restaurar la credibilidad de Francia, en Europa, gracias a los buenos oficios del hijo de un pintor español desterrado en París. Valls espera salir victorioso de tal desafío, para poder aspirar a la presidencia de la República, algún día.

Hollande desea formar un nuevo Gobierno en el que estén presentes todas o casi todas las familias del socialismo francés, comenzando por la suya propia. Se espera que Ségolène Royal, la madre de sus cuatro hijos, ocupe un ministerio importante. Valls ha realizado un pacto generacional con otros aspirantes al liderazgo supremo, como Arnaud de Montebourg (nacionalista de izquierdas) y Benoît Hamon (líder de una izquierda socialista dispuesta a pactar, a cambio de ministerios). ¿Cómo puede funcionar una «paella» ideológica de ese tipo? Vaya usted a saber.