El fantasma del canibalismo se abre paso en el drama de Centroáfrica
Combatientes en el conflicto centrafricano se toman un respiro en un chamizo de Ouengo - reuters

El fantasma del canibalismo se abre paso en el drama de Centroáfrica

Crecen las acusaciones de canibalismo en República Centroafricana tras la dimisión del presidente

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El 20 septiembre de 1979, Jean-Bedél Bokassa, auto-nombrado emperador de la República Centroafricana, era depuesto gracias a una operación lanzada por paracaidistas francesas. Durante 14 años, Bokassa había gobernado con mano de hierro el país gracias a una represión feroz hacía las figuras opositoras. Años de crímenes impunes, donde las acusaciones (nunca demostradas) de canibalismo corrieron como la pólvora. En especial, tras las imágenes tomadas por la revista Paris-Match que, presuntamente, mostraban un frigorífico que contenía cuerpos de niños para la degustación del mandatario.

Ahora, más de tres décadas y numerosos golpes de Estado después, los fantasmas de Bokassa regresan a la República Centroafricana.

En los últimos días, crecen las denuncias de prácticas antropófagas tras la dimisión del presidente, Michel Djotodia, el pasado viernes.

«Uno de los individuos se apoderó de un brazo, fue a comprar un poco de pan y comenzó a masticar la carne, junto con el pan», aseguraba un testigo presencial, Jean-Sylvestre Tchya, citado por la agencia Afp. La agresión tuvo lugar en la capital del país, Bangui, cuando un ciudadano musulmán fue atacado por una turba armada.

De igual modo, la emisora británica BBC entrevistaba a Ouandja Magloire, quien reconocía formar parte de un grupo de agresores que acabaron con la vida de un musulmán para posteriormente devorar una de sus piernas. El salvajismo fue llevado a cabo en venganza por la muerte de varios miembros de su familia.

Amenaza de genocidio

En marzo, un golpe de Estado del grupo insurgente Seleka («alianza», en lengua sango) provocaba la salida del país del presidente François Bozizé y abría una crisis política en el país africano que aún continúa. Desde entonces, Naciones Unidas asegura que la región se encuentra ante la amenaza de un «genocidio» tras la espiral de violencia desatada entre grupos cristianos y musulmanes en los últimos meses.

Desde su autonombramiento como presidente, Djotodia -musulmán en un país donde cerca del 80% de la población profesa la fe cristiana- solo había agitado un conflicto que continúa retroalimentándose. Por ello, su dimisión el pasado viernes se esperaba calmara a las sangrientas patrullas urbanas llamadas «anti-balaka» o «anti-machete», quienes en los últimos meses han tomado las calles tomándose la justicia por su mano.

Mientras, crecen las peticiones para el envío de una fuerza internacional a la República Centroafricana que ayude a contener la violencia. Los últimos, los obispos locales, quienes han pedido en un comunicado un rápido despliegue de efectivos de paz, dada la complejidad de una operación sobre el terreno, así como el desarme inflexible de milicianos seleka, anti-balaka y cualquier persona en posesión de armas.