Así es el Irán que Rohani ha presentado al mundo
Hassan Rohani, en una imagen de archivo - reuters
68 asamblea general de la ONU

Así es el Irán que Rohani ha presentado al mundo

El nuevo presidente iraní ha puesto de manifiesto un discurso marcadamente diferenciado del de su antecesor, Mahmud Ahmadineyad

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Cada intervención de Mahmud Ahmadineyad ante la ONU era una oportunidad del ex presidente iraní para demostrar su capacidad de desafío a sus grandes enemigos. Sus continuas alusiones a las conspiraciones del 11-S –ese «misterioso incidente» coordinado entre Estados Unidos e Israel- o la negación del Holocausto eran dos de sus bazas favoritas a la hora de atacar y lanzar un mensaje muy alejado del componente pacífico que caracteriza al organismo en el que hablaba. Este mes de septiembre, siendo ese mismo escenario testigo de los hechos, muchas cosas han cambiado.

La 68 Asamblea General de la ONU ha servido para que tanto Irán como Estados Unidos anuncien negociaciones para controlar el programa nuclear iraní, algo impensable cuando era Ahmadineyad la cabeza visible del país. Existe una evidente voluntad de entendimiento que el presidente de EE.UU., Barack Obama, ha querido plasmar con sus palabras en Nueva York poniendo especial énfasis en una de ellas: diplomacia. «Creo firmemente en ella», ha reiterado aclarando, eso sí, que es necesario que Irán lleve a cabo «pasos transparentes y verificables».

Con su intervención, el presidente estadounidense demostró la disposición, con cautela, que tiene su país a negociar con Irán. Su homólogo iraní, Hasan Rohani, hizo lo propio en ese mismo escenario. «Podemos llegar a un acuerdo para gestionar nuestras diferencias siempre y cuando haya confianza mutua y transparencia», expresó. Enfatizar la cara pacífica de Irán fue otro de los puntos clave del discurso de Rohani en la ONU. De hecho, esa palabra, paz, fue la que escogió para comenzar: «Sí a la paz, no a la guerra».

Antes de la cita en Naciones Unidas, los dos países habían preparado el terreno. «Quiero decirle a los americanos: traigo la paz y la amistad de los iraníes hacia los estadounidenses», expresó Rohani durante una entrevista concedida a la periodista de la CNN, Christiane Amanpour en la que incluso calificó de «crimen contra la humanidad» el Holocausto. De nuevo, sus palabras y disposición resultan inimaginables en boca de Ahmadineyad.

Nuevo punto diplomático

Una fuente iraní cercana a la presidencia aseguró, bajo la condición de anonimato, que las conversaciones entre las dos partes están «completamente transformadas»: «Este es un nuevo juego y tendrá unas nuevas reglas. El objetivo es llegar a puntos comunes de acuerdo entre ambos bandos». En ese «nuevo juego» ha sido determinante el distanciamiento que Rohani se ha empeñado en demostrar con respecto a su predecesor. Nada más ser elegido en junio, manifestó su voluntad de «presentar el verdadero rostro de Irán como país culto y amante de la paz». Para ello, cuenta con el respaldo del líder supremo y máxima autoridad del país, Alí Jamenei, un factor clave ya que en Irán el papel del presidente es limitado.

Desde el pasado agosto, mes en el que asume la presidencia, Rohani ha nombrado a su ministro de Exteriores, Mohamed Javad Zarif, negociador nuclear del país, ha pedido a los Cuerpos de la poderosa Guardia Revolucionaria islámica que se mantuviera alejada de la política, ha permitido a los iraníes que accedieran a Twitter y Facebook por primera vez desde 2009 y ha liberado a importantes presos políticos de la talla de Nasrin Sotoudeh.

Todos estos gestos han sido bien acogidos y ya en julio 118 miembros de la Cámara de Representantes firmaron una carta dirigida a Obama en la que le urgían a usar «todas las herramientas diplomáticas»: «Sería un error no probrar si la elección de Rohani representa una oportunidad genuina para progresar hacia un acuerdo verificable y ejecutable que prevenga que Irán adquiera armas nucleares». La misiva es una prueba más del punto cae en el que se encuentran los dos países, que no tienen reacciones diplomáticas desde 1979.