El campamento de refugiados más grande del mundo celebra elecciones
Campamento de refugiados de Dadaab, en la frontera entre Kenia y Somalia - reuters
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El campamento de refugiados más grande del mundo celebra elecciones

El campo de Dadaab, situado en la frontera entre Kenia y Somalia, eligirá a sus representantes

EDUARDO S. MOLANO
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Al somalí Abdi «Caweys» no le suelen preguntar su opinión. Cuando hace dos décadas tuvo que abandonar su país a la carrera, nadie cuestionó qué le parecía. Cuando fue incapaz de regresar, tampoco pareció importarle a nadie.

Sin embargo, al otro lado del teléfono, «Caweys» se muestra ahora feliz. Su opinión vuelve a tomar valor. Desde el pasado lunes y hasta este jueves, más de un tercio de las 400.000 personasque viven en el campo de refugiados de Dadaab, en la frontera entre Kenia y Somalia, están llamadas a votar a sus representes.

La elección, que se realizará entre 1.002 candidatos, pretende seleccionar a los líderes del campo, jefes de sección y de bloque del considerado mayor centro de desplazados del mundo. Según reconocía el miércoles la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, quien ampara la elección, el 60% de los inscritos ya habían ejercido su derecho a voto, por el 25% que lo hizo en el proceso anterior, celebrado en 2006.

Lograr la mayoría legal, no obstante, fue un camino más peliagudo. En octubre de 1991, tan solo nueve meses después de la caída del dictador somalí Siad Barre, comenzaba la historia de este centro. La intención original de Naciones Unidas era la creación de tres campamentos con capacidad para 90.000 personas –Ifo, Dagahaley y Hagadera–, pero a día de hoy el centro acoge a más de 400.000 almas (630.000 según fuentes extraoficiales), algunas de ellas, refugiados de tercera generación. Es decir, hijos y nietos de refugiados que no han conocido más realidad que estos inmensos campamentos.

«Burbuja humanitaria»

Para paliar esta situación, los gobiernos somalí y keniano anunciaron el pasado junio el retorno voluntario de 80.000 refugiados, al considerar que la situación política y humanitaria de la región comenzaba a mejorar.

Animaban a otros a seguir el ejemplo. La mayoría de estos refugiados, sin embargo, aseguran no sentirse preparados para volver a su país, tras residir durante decenios en esta «burbuja humanitaria», donde viven familias enteras totalmente desconectadas de su lugar de origen.