Entre la revolución y la yihad
Combatientes islamistas este jueves con banderas del Frente Al Nusra en las calles de Deir Ezzor - afp

Entre la revolución y la yihad

El 20 por ciento de los rebeldes de la ciudad siria de Deir Ezzor pertenece a grupos radicales islámicos y no comparte objetivos con el ejército de liberación

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«No son muchos, pero tienen un apoyo económico y logístico que nosotros jamás lograremos tener», admite un dirigente del Ejército Sirio Libre (ESL) en el este del país, ante el creciente influjo yihadista entre los rebeldes que luchan contra el régimen del presidente sirio, Bashar Al Assad. «Reciben dinero del exterior y tienen las mejores armas. Esta ayuda les convierte en los mejores soldados y debemos apoyarnos en ellos para derrocar a Assad», lamenta el comandante de ESL, que se presenta con el nombre de Abdel Salam Tabsah.

Una reciente manifestación en Deir Ezzor, escenario de combates desde hace nueve meses, estuvo encabezada por una docena de hombres vestidos de negro, con el rostro cubierto y una cinta en la frente que rezaba: «No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta». Todos empuñaban rifles, entre ellos un M-16 con mira telescópica.

El régimen sirio acusa a Arabia Saudí y Catar de financiar a los grupos extremistas. Estados Unidos, por su parte, prometió el jueves «60 millones de dólares de ayuda no letal» a la oposición siria y principalmente al ESL, formado por soldados desertores.

De los cerca de mil rebeldes armados presentes en Deir Ezzor, unos 200 pertenecen a grupos yihadistas, estima Abdel Salam Tabsah, que lidera la Brigada Ahfad Mohamad, una de las más combativas de la ciudad. «Todos los que vengan a Siria a combatir contra Asad serán bienvenidos (...), pero los extranjeros que vienen a unirse al Frente Al Nusra son extremistas islámicos y tienen una interpretación errónea del Islam», sentencia el comandante Abu Amar, de la brigada Jaled ben Alwalid.

Organización terrorista

Al Nusra se dio a conocer tras el estallido de la rebelión siria hace casi dos años y desde mediados de 2012 se impone como principal fuerza combatiente, en detrimento del ESL. Reivindicó centenares de ataques y decenas de atentados suicidas, y Estados Unidos la considera como una organización terrorista. Pero Al Nusra no es la única organización islamista presente en el conflicto sirio.

El pasado lunes, combatientes de la unidad islamista Hamza ibn Abdel Motaleb desfilaron aclamados por centenares de personas para festejar su promoción al rango de batallón de brigada. «Lucharemos para que el islam controle Siria», proclamó Abu Ahmed, arengando por micrófono a la multitud. «Queremos que tras la caída de Assad Siria sea un país islámico», dijo un portavoz del grupo a AFP.

Ese proyecto choca con el de los comandantes del ESL en Deir Ezzor. «El ESL quiere que Siria sea una nueva Turquía, con un islam moderado, lejos de los extremismos de Arabia Saudí, Pakistán o Afganistán», dice Abu Amar. «Aquí estamos luchando para expulsar a un dictador y no vamos a permitir que vengan de fuera a imponernos un nuevo dictador», agrega. «Tenemos miedo de que Al Nusra se apodere del país tras la caída de los Assad. Espero que se acaben marchando a buscar la Yihad a otro país, de no ser así, me temo que habrá que luchar contra ellos para expulsarlos», advierte Aba al Salam Tabsah.

Serios problemas

«Empezamos a tener serios problemas con Al Nosra y con las brigadas islámicas, porque buscan objetivos que no compartimos. Nosotros estamos en una revolución y ellos vienen aquí buscando la Yihad y el martirio», dice Ahfad Mohamad, otro comandante rebelde.

Al Nusra trata de apoderarse de puntos estratégicos, de yacimientos de gas y petróleo y recluta ofreciendo salarios que el ESL no puede pagar a sus tropas. «Los yihadistas que vienen del exterior buscan el martirio, pero los locales lo hacen por dinero; muchos tienen familias a las que alimentar y al final se acaban uniendo al que les puede pagar un sueldo», lamenta Abu Amar.

«La Yihad es un honor pero eso no significa que el extremismo islámico triunfará en Siria, porque lo que quiere y anhela la gente es la libertad y no estar sometida a los dictados de un jeque», sentencia Salam Tabsah.