Rosemary junto a su padre Joseph Kennedy - Vídeo: «Killing Kennedy»: las primeras imágenes del biopic de JFK

La tragedia más olvidada en la «maldición» de los Kennedy: la hermana lobotomizada

Rosemary fue la primera víctima de la «maldición» de los Kennedy. La hermana de JFK nació con problemas mentales, pero la lobotomía a la que fue sometida por deseo de su padre la dejó inválida de por vida

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Todo el mundo conoce y habla de la «maldición» del clan político más célebre de los Estados Unidos. Las sucesivas desgracias de los miembros Kennedy han creado una especie de mito imparable que, a día de hoy, no solo sigue fascinando a la opinión pública, sino que pervive con otras tragedias actuales como el reciente fallecimiento de la nieta de Robert Francis.

El asesinato del presidente JFK en 1963 y el de su hermano Robert. F años más tarde son los episodios más sonados de la serie de catastróficas desdichas ocurridas en esta familia de origen irlandés y católico. Sin embargo, otros de sus familiares, también azotados por la tragedia, cayeron completamente en el olvido, como es el caso de Rosemary Kennedy, la mujer que inició la historia de esta maldición.

Rosemary fue la tercera de los nueve hijos del matrimonio de Joseph P. Kennedy y Rose Fitzgerlard. Desde su nacimiento el 13 de septiembre de 1918, sus padres trataron de ocultarla al mundo, pues nunca fue la hija predilecta con la que habían soñado. La primogénita sufrió una discapacidad que le impidió aprender al mismo ritmo que los demás niños, y eso supuso con el tiempo una vergüenza para la familia que aspiraba a convertirse en la «monarquía» política de Norteamérica.

El matrimonio Kennedy con sus nueve hijos
El matrimonio Kennedy con sus nueve hijos

Según cuentan las crónicas de la época, las complicaciones del parto provocaron que la falta de oxígeno durante sus primeros segundos de vida afectaran irremediablemente a su cerebro. A medida que la niña fue creciendo, se hizo evidente que tenía dificultades de aprendizaje. A pesar del esfuerzo que realizó en distintas escuelas especiales de Estados Unidos y Reino Unido, Rosemary tuvo problemas de lectura y escritura hasta edad adulta. Sus discapacidades, a menudo, estuvieron ocultas por la familia para evitar el estigma de estar asociado con «genes defectuosos».

Una vida de cuento en Londres

La belleza y el encanto que irradió durante su adolescencia la hicieron protagonista de la prensa en las numerosas apariciones públicas de los Kennedy, sobre todo cuando se mudaron a Reino Unido en la década de 1930; allí conoció incluso a la Reina Isabel en el Palacio de Buckingham. Este fue el periodo más feliz de Rosemary. Con 19 años, era considerada una celebridad por los periodistas, quienes publicaban fotos de ella allá donde iba. Su madre estuvo muy pendiente de la estética de su hija, a quien obligaba a llevar una dieta rigurosa para evitar un aumento de peso.

Franklin D. Roosevelt aceptó que un notable empresario, como Joseph Kennedy, representase a Estados Unidos en Londres, en vísperas del conflicto mundial con Hitler. El padre de este clan era un hombre tremendamente ambicioso, cuyo deseo era llegar a ocupar la Casa Blanca. Estaba obsesionado con llegar a formar parte de la clase alta dirigente del país.

Joseph Kennedy recibe el cargo de embajador de Londres por el presidente Franklin D. Roosevelt
Joseph Kennedy recibe el cargo de embajador de Londres por el presidente Franklin D. Roosevelt

En Inglaterra sus aspiraciones políticas fracasaron por las diferencias encontradas con el presidente respecto a la situación de Europa, ya envuelta en la Segunda Guerra Mundial. Joseph creía en la política de apaciguamiento con el Tercer Reich e insistió al Gobierno de EE.UU. que se mantuviera al margen del conflicto, incluso cuando Londres estaba siendo víctima de los bombardeos alemanes.

En el momento en que Reino Unido declaró la guerra a Alemania en septiembre de 1939, Rose Kennedy y la mayoría de sus hijos regresaron a América. Solo Rosemary se quedó con su padre. En esos meses ya se le empezó a notar cierta actitud extraña para una chica de su edad, la cual dependía de su padre constantemente y tenía un carácter un poco infantil. En las fotografías de la época se puede ver como Joseph la agarraba del brazo en las recepciones oficiales por miedo a que mostrase cualquier tropiezo o error en sus movimientos y conversaciones. Acudió entonces a una escuela británica, Belmont House, que usaba el método Montessori.

En las cartas que Rosemary envió a su madre le expresaba lo feliz y maravillosa que se sintió en la escuela, donde notó un progreso evidente. Esas misivas de Londres a EE.UU., se hicieron mediante valijas diplomáticas por miedo a que alguien se apoderara de ellas y saliese a la luz su discapacidad.

La vergüenza de la familia

La destitución de su padre como embajador, en 1940, la obligó a dejar la escuela para regresar a Estados Unidos. Cuando Rosemary aterrizó la esperaron dos de sus hermanos; esa fue la última aparición pública que hizo la primogénita de los Kennedy. A partir de ahí, su vida dio un giro de 180 grados.

Echaba de menos la rutina que había llevado en Inglaterra. Las rabietas y los episodios violentos se volvieron una costumbre para la familia, quien temió por su vida. La solución de sus padres fue internarla en un convento; sin embargo, desafió las restricciones de las monjas, quienes no podían controlarla. La joven se escapaba todas las noches para acudir a las tabernas y buscar consuelo en sus relaciones con hombres. Cuando Joseph se enteró de lo que estaba haciendo su hija, percibió el peligro de todas las ambiciones políticas que tenía preparadas para sus hijos.

Rosemary con su hermano JFK
Rosemary con su hermano JFK

Las apariencias importaban. Al embajador y su mujer les aterró que un accidente en forma embarazo destruyera el orden establecido de una vida diseñada al milímetro, basada en una carrera política para sus chicos y en matrimonios multimillonarios para las chicas. El patriarca de los Kennedy buscó una «solución» que acabara con todo el sufrimiento y la vergüenza que suponían el carácter de su hija.

Sin consultar a su mujer, Joseph recurrió a Walter Jacson Freeman, un cirujano que practicaba la lobotomia, con la idea no solo de que curase a Rosemary de sus males psicológicos, sino también de que aumentase su coeficiente intelectual.

La lobotomía que la destruyó

En la década de 1940 y 1950 se extendió el entusiasmo por la lobotomía, una operación que consistía en un corte en el lóbulo central. Al principio se experimentó con chimpancés en 1928, pero al poco tiempo se hizo con humanos.

Walter Freeman fue el doctor que desarrolló esta práctica por EE.UU. El cirujano inventó la lobotomía «trasorbital», conocida también como «técnica picahielo». Utilizaba un estilete por dentro de la órbita ocular y golpeaba hacia arriba con una maza de goma para que penetrase en el lóbulo frontal, de manera que cortaba las conexiones nerviosas. Esta era una operación que duraba pocos minutos y que se hacía solo con anestesia local.

Rosemary perdió su autonomía como ser humano. La lobotomía la dejó invalida de por vida

Al principio, esta intervención se usaba en casos muy desesperados o considerados bastante graves en aquella época, como la homosexualidad o la nimfomanía. Pero se hizo tan popular, que se fue de las manos y empezó a aplicarse para cualquier caso psicológico.

Rosemary tenía 23 años cuando fue intervenida por deseos de su padre, quien confió en este método supuestamente científico. Se dice que durante la operación estaba despierta, hasta el momento en que Freeman le perforó el cráneo y quedó inconsciente. El resultado de la lobotomía resultó ser un trágico fracaso. El doctor perdió su licencia médica por los daños que había causado a muchos de sus pacientes.

El olvido de una joven vida

Rosemary perdió su autonomía como ser humano. Se quedó sin poder caminar, apenas sabía hablar y sufría incontinencia. Según la evaluación médica de aquella época, su edad mental equivalía a la de un niño de dos años, por lo que la ingresaron en un hospital psiquiátrico a las afueras de Nueva York para ser tratada.

Durante muchos años se ocultó lo que sucedió. Ni la prensa ni la sociedad estadounidense sabía nada, pues no convenía que los célebres Kennedy fuera retratados como una familia deficiente, ya que podría desbaratar sus planes en política. Así que para evitar cualquier habladuría, dejaron de visitar a Rosemary.

Los hermanos que sobrevivieron (Ted, Eunice, Jean y Patrici) la visitaron ya en sus últimos años de vida, como revelan algunas fotos. Murió en 2005, con 85 años. Pese a que la maldición no la mató como a sus otros familiares, su vida se vio envuelta en un ambiente de tristeza y calamidad que tuvo que soportar hasta el final de sus días.